Capullo de seda con mariposa [La exportación de barrilla y la recuperación de la seda]
Capullo de seda con mariposa


     Se conoce con la denominación de barrilla a una serie de plantas de los géneros salsola y salicornia con un alto contenido de sales orgánicas de sodio y potasio. También recibían este nombre los álcalis que resultaban de la incineración controlada de estas plantas. No todas las plantas eran de la misma calidad, unas especies tenían un contenido o proporción mayor de álcalis que otras. Las plantas de menor calidad se dedicaban a la elaboración de vidrio común y lejía.

     En los siglos XVII y XVIII, la barrilla constituía la materia prima esencial para la fabricación del jabón y el cristal, de ahí que las importaciones de barrilla fuesen muy importantes durante la Edad Moderna. En realidad, fue una de las actividades económicas más rentables hasta el descubrimiento de un proceso más barato para la obtención de la sosa por medios químicos. El auge de las industrias de jabón y vidrio provocó una gran demanda de sosa-barrilla. Los conflictos de intereses no tardaron en llegar. Los concejos o ayuntamientos luchaban por mantener su derecho a fijar los precios de venta del producto. Por su parte, los comerciantes y cosecheros se quejaban de que algunos de los regidores concejiles que fijaban los precios eran, a la vez, cosecheros en su vida privada. Entre comerciantes y cosecheros había igualmente problemas, pues los primeros intentaban también imponer sus precios e incluso controlar la mano de obra que se empleaba para embarcar la mercancía en los puertos.

     La barrilla de la Región, así como la de Alicante, superaba en calidad a la de otras zonas barrilleras como la francesa o la italiana, lo cual favorecía su exportación. No obstante, el comercio de esta materia prima tuvo también problemas a causa de la picaresca de muchos productores que adulteraban la barrilla. Éstos añadían otras sustancias para aumentar su peso, lo que provocaba las quejas, especialmente, de los jaboneros ingleses que alegaban que la barrilla adulterada estropeaba los contenedores del jabón. Los destinos principales de la barrilla fueron Francia, Italia, Inglaterra, Dinamarca y Portugal. Ya en el siglo XIX, el descenso de las exportaciones de sosa-barrilla es progresivo.

     Murcia era el mayor productor, seguido de Almería y Alicante, siendo en el Campo de Lorca donde se recolectaba casi la cuarta parte de la barrilla de la Región. Otras zonas importantes de cultivo fueron las tierras de secano de Mazarrón, Totana, Alhama, Cartagena y Murcia. En los secanos, el cultivo de barrilla era una alternativa en los casos de sequía. En algunas parcelas, los agricultores la sembraban junto al cereal. Así, si se perdía la cosecha de cereal por falta de agua se aseguraban unos ingresos con la barrilla que no era en absoluto exigente en este aspecto. El 70% de la barrilla exportada, entre el 80 y el 90 por ciento de la producida, se comercializaba a través de los puertos de Cartagena, Mazarrón y Águilas, que tenían menor presión fiscal, y eran comerciantes extranjeros los que dominaban las redes de distribución. Franceses, malteses y genoveses controlaron el 80% del comercio de barrilla y, a la vez, comerciaban con cereales e importaban textiles.

    El comercio de la seda

    La producción sedera durante los siglos XIV y XV fue muy pequeña o casi inexistente y en todo caso de muy baja calidad. Durante el siglo XVI, la industria sedera adoleció de una gran debilidad, pues las manufacturas de seda seguían siendo de baja calidad y aún más precaria fue la situación en el XVII.     Fue a partir de la segunda mitad del siglo XVII, a partir de 1660, cuando comenzó a haber una cierta recuperación de la manufactura sedera en Murcia. Comienza a notarse un pequeño aumento en la actividad artesanal. Aunque la producción de seda disminuye con respecto al siglo anterior hay, sin embargo, un aumento de la manufactura. Siendo la seda torcida la que se vende mayoritariamente. En la década de los '80 del siglo XVII hay de nuevo una crisis que se prolonga hasta 1700. No obstante, la industria sedera se recupera bien, aunque el cultivo de las moreras se concentra en las zonas donde es más demandada. La morera desapareció en Caravaca, Jumilla, Mula y Cartagena y, en la huerta cercana a la capital, aunque siguió siendo el cultivo más abundante, comenzó a ser parcialmente sustituida por los cereales. Las mayores necesidades de trigo, la bajada de los precios de la seda o la falta de competitividad de la industria murciana fueron algunas de las causas de este proceso.

     En el siglo XVIII, la seda comenzó a exportarse mayoritariamente y se dirigía a Marsella para abastecer a las sederías de Lyon. Sólo un 29% se consumía en Murcia. Los artesanos murcianos no pudieron adaptarse a las nuevas técnicas de hilado que proporcionaban una seda de mejor calidad y se favoreció la entrada de capital foráneo. Primero, los italianos, que en 1770 abrieron la fábrica de seda la Real Fábrica de la Piamontesa. Éstos se encontraron pronto con problemas financieros y la fábrica pasó a manos de la Compañía de los Cinco Gremios Mayores de Madrid en 1786. En 1780 se instaló la Fábrica Tolonesa con capital francés que desapareció en el año 1808. En el siglo XVIII llegaron a estar instaladas en Murcia hasta 12 casas que comerciaban con seda. La sericicultura en Murcia vivió años de bonanza económica hasta 1854 con algún periodo de crisis intermedia. Esta etapa fue la más próspera de la sedería murciana.