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Historia de Bullas

Iglesia del Rosario en Bullas

Iglesia del Rosario en Bullas
María Luisa Vega Vilela

El catedrático Juan de la Gloria Artero, decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Barcelona

El catedrático Juan de la Gloria Artero, decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Barcelona

Antigua imagen de la Virgen del Rosario, patrona de Bullas
Antigua imagen de la Virgen del Rosario, patrona de Bullas


   Edad Moderna

   En 1365 y 1390 existen contenciosos entre Caravaca y Cehegín por la explotación de las tierras del término de Bullas, siendo concedida a Cehegín. Hasta 1563 Bullas permanecía prácticamente deshabitada pero, poco a poco, comenzó a poblarse. En 1660 el número de vecinos ascendía a 170 y sus habitantes comprobaron que estaban en desventaja con respecto a los de Cehegín en el ámbito religioso y económico. La necesidad de una segregación de la villa matriz comenzaba a cobrar forma.

   En 1664 se logró el permiso para instalar una pila bautismal en la ermita de San Antón y para que se administraran los Santos Sacramentos en dicho lugar. Esto dio origen a la famosa historia de la 'pila robá'. La disputa se originó cuando el alcalde de Cehegín embargó la piedra de jaspe destinada para dicha pila bautismal. Los bullenses denunciaron el hecho y Felipe IV ordenó al vicario de Caravaca que se devolviese la pila a sus destinatarios originales. La sentencia no cayó muy bien en la villa de Cehegín y, desde entonces, sus habitantes se referirán a los de Bullas como 'los de la pila robá', ya que existe la creencia popular de que vecinos de Bullas lograron apoderarse de la piedra embargada, antes de que la sentencia fuera efectiva.

   Desde este momento y de espaldas a las autoridades de Cehegín se inició un proceso que perseguía la segregación de la villa matriz y será en 1689 cuando el rey Carlos II 'El Hechizado', tras el pago de una jugosa cantidad, firmó el ansiado privilegio de villazgo. Las 212 casas de 1696 serán ya 315 en 1730 y al final de la centuria llegarán a las 750, las cuales acogerán a 3400 almas. Y el caserío de La Copa de Abajo, que fue incluido en el término municipal bullense tras la secesión de Cehegín.

   Crecimiento y Expansión

   En 1723 se inauguró un nuevo templo, la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario. El 25 de noviembre se decide por la fuerza de los votos a qué virgen o santo iba a encomendarse el patronazgo celestial del municipio. Si a Bartolomé o si a la Virgen del Rosario. Alzándose con el triunfo la Virgen del Rosario con 28 votos frente a uno que obtuvo el apóstol San Bartolomé. Llegados al siglo XIX los habitantes de Bullas, pese a las apocalípticas plagas de esta centuria, llegan a 5.000 habitantes. La Copa adquiere rango de pedanía, contando ya con un representante municipal, albergando 400 habitantes, en sus tres o cuatro calles, que realizaban sus prácticas religiosas en la pequeña ermita de Nuestra Señora de la Consolación. A lo largo de este siglo surgirán nuevas manifestaciones de religiosidad popular, como las procesiones de Semana Santa y las representaciones teatrales de Navidad.

   Bullas se integra poco a poco en el devenir político de España. El 8 de septiembre de 1808, ante la invasión napoleónica, el municipio entero proclamó su incondicional adhesión a Fernando VII. Tras la muerte de 'El Deseado', la regente Maria Cristina confirió a la monarquía absoluta carácter constitucional. La plaza 'nueva', centro neurálgico de la villa, recibiría el nombre de 'Plaza Constitucional de Isabel II' y, de ahí en adelante, ostentará distintas denominaciones, que serán reflejo de los diferentes momentos históricos por los que atravesará España, 'Plaza de la Libertad', tras la revolución que apartó del trono a Isabel II en 1868; de nuevo 'Constitucional', tras la Restauración; 'de Perea', 'de la Republica', 'del Generalísimo'; y, por último, su nombre actual, la Plaza de España.

   El siglo XIX fue el de los conflictos del agua con Mula. El final del siglo XIX viene caracterizado como en toda España por la bipolarización política entre liberales y conservadores, que siguió a la Restauración. Esta situación se configuró en Bullas en torno a los Marsilla, Melgares y Carreño, apellidos representativos del cacicazgo de la poderosa burguesía local, que controlarán el Ayuntamiento y la vida política y social de la villa. Ellos serán los encargados de promover y financiar todos los nuevos proyectos, que se vayan a llevar a cabo, y que en los últimos años del siglo se multiplicarán. Son los años dorados de una oligarquía que se construye casas señoriales, pero que también emplea su dinero en actividades caritativas y en nuevos servicios para el pueblo. Durante el último tercio del siglo los estudiantes de toda España utilizaban en sus escuelas e institutos los libros de texto confeccionados por el ilustre catedrático Don Juan de la Gloria Artero, nacido en Bullas el 30 de septiembre de 1834.

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