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Yacimientos subacuáticos

Cabo de Palos y La Manga

MNAS ARQVA Cartagena. Cerámica itálica de engobe negro, CAMPANIENSE, s.III-II a.C.

MNAS ARQVA Cartagena. Cerámica itálica de engobe negro, CAMPANIENSE, s.III-II a.C.
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Tuberías, proyectiles para honda y lañas de plomo del pecio romano de Las Amoladeras, s.I a.C.

MNAS ARQVA Cartagena. Tuberías, proyectiles para honda y lañas de plomo del pecio romano de Las Amoladeras, s.I a.C.
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Amuleto fálico de oro del pecio romano de Las Amoladeras, s.I a.C.

MNAS ARQVA Cartagena. Amuleto fálico de oro del pecio romano de Las Amoladeras, s.I a.C.
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Ataifor de la nave. Época musulmana y modelo mallorquín, s.XII-XIII

MNAS ARQVA Cartagena. Ataifor de la nave. Época musulmana y modelo mallorquín, s.XII-XIII
José Rodríguez Iborra

Museo Castillo de San Juan, Águilas. Cuadro de las torres defensivas del s.XVI y defensas portuarias del s.XVIII a XIX en Cartagena y aledaños costeros

Museo Castillo de San Juan, Águilas. Cuadro de las torres defensivas del s.XVI y defensas portuarias del s.XVIII a XIX en Cartagena y aledaños costeros
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Jarra de Peltre. Cala Reona, s.XVI-XVII

MNAS ARQVA Cartagena. Jarra de Peltre. Cala Reona, s.XVI-XVII
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Cerámica de manufactura griega, Lagynos. s.II-I a.C.

MNAS ARQVA Cartagena. Cerámica de manufactura griega, Lagynos. s.II-I a.C.
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Lingotes de plomo del s.I a.C. manufacturados en Cartagena, otros son hallados en Águilas y Mazarrón

MNAS ARQVA Cartagena. Lingotes de plomo del s.I a.C. manufacturados en Cartagena, otros son hallados en Águilas y Mazarrón
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Izquierda y superior ánforas africanas romanas tardías de tipología KEAY. Abajo a la derecha spatheion para salazones del área de Mazarrón

MNAS ARQVA Cartagena. Izquierda y superior ánforas africanas romanas tardías de tipología KEAY. Abajo a la derecha spatheion para salazones del área de Mazarrón
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Maqueta alegórica de una instalación portuaria de época romana

MNAS ARQVA Cartagena. Maqueta alegórica de una instalación portuaria de época romana
José Rodríguez Iborra

MNAS ARQVA Cartagena. Ánforas ibero-púnicas del s.V a.C., la primera de ellas hallada en el Bajo de Dentro de Cabo de Palos [Cartagena sub]
MNAS ARQVA Cartagena. Ánforas ibero-púnicas del s.V a.C., la primera de ellas hallada en el Bajo de Dentro de Cabo de Palos
José Rodríguez Iborra
 
MNAS ARQVA Cartagena. Ánfora para salazones de Cala Reona, s.V-VI [Cartagena sub]
MNAS ARQVA Cartagena. Ánfora para salazones de Cala Reona, s.V-VI
José Rodríguez Iborra

20Pecio GALÚA

     Pequeño promontorio (Punta de Calnegre) que se adentra en el mar (superficie ocupada hoy día por un hotel) que enmarca una bahía del mismo nombre por su lado Sur, muy expuesta los temporales de Levante.

     Materiales aislados de los siglos I-II d.C. (época Alto-Imperial Romana) recogidos por pescadores de Cabo de Palos y entregados en los años 80 al entonces MNAM-CNIAS, restos cerámicos de Terra Sillata en sus variantes Sudgálica y Africana, platos y cuencos, clavos de bronce y restos de forro de plomo del casco de la nave.

21Pecio LAS SIRENAS

     Frente a las urbanizaciones que dan nombre a esta parte de la gran playa continua que arranca de Cabo de Palos hasta la Barra Galúa, se recibió la noticia en agosto de 2007 del afloramiento tras un temporal de Levante, de los restos de una gran embarcación de madera, restos que hay que poner en relación con los ya explicados del Municipio de San Javier, Las Brisas y La Embestida.

     Siendo destacados en la zona dos técnicos (José R. Iborra y Ana Miñano) del MNAS ARQVA para su rápida documentación a la vez que el citado pecio de Las Brisas.

     A escasos dos metros y muy cerca de la orilla, se constata la presencia de los restos de un barco de madera, quilla, cuadernas y tracas, al parecer un pailebot de principios del siglo XX a juzgar por los elementos metálicos de su construcción y de ladrillos y cerámica estriada.

22Puerto LOS NIETOS: PUNTA DE LOS BARRACONES Y LOMA DEL ESCORIAL

     Volviendo al interior del Mar Menor y en la fachada integrada en el Municipio de Cartagena, muy cercano al punto de comunicación de la desembocadura de la Rambla del Albujón con el interior, de la Sierra Minera de Cartagena-La Unión y de las Salinas de Marchamalo de Cabo de Palos, encontramos estratégicamente situada esta pedanía que hacia su interior, atesora vestigios paleontológicos, prehistóricos, Íberos, Carthagineses y Romanos.

     A su derecha se sitúa la Punta de los Barracones, canal natural de desagüe de la rambla de la Carrasquilla que conduce hasta la Sierra Minera y Portmán, conectando el área cartagenera directamente con el Mar Menor por el interior.

     En los últimos años los arqueólogos Juan Pinedo y Daniel Alonso han trabajado en esta desembocadura, documentando restos de época ibérica hasta romana en su orilla, pero es importante hablar del yacimiento de tierra que lo sustenta, el poblado ibérico de La Loma del Escorial (San Martín en los años 60 y García Cano en 1990).

     Conjunto habitacional de extraordinaria relevancia por los objetos en ellos encontrados en sus diferentes fases de excavación, que permiten datar su ocupación doméstica desde el siglo V a.C. por los Íberos hasta el siglo II a.C. tras la conquista romana.

     Albergaba en una de sus habitaciones ocho grandes Kráteras Áticas de figuras rojas (Grecia siglo IV a.C.) con escenas mitológicas, el conjunto más grande encontrado en un poblado ibérico, que además, junto a restos anfóricos y cerámicos íberos y ánforas importadas de Ibiza, el Egeo, Cartago y el Círculo del Estrecho, denotan su inclusión como escala importante en las rutas comerciales marítimas desde época Púnico-Íbera, la llegada de comerciantes o colonos griegos a esta latitud y la explotación de la Sierra Minera, que utiliza también este enclave como puerto de producción metalúrgica y exportación de minerales y metales.

23Pecio LAS AMOLADERAS

     Retomamos ahora la fachada Mediterránea de La Manga y nos ubicamos en la Playa de las Amoladeras, justo la anterior a la Playa de Levante que termina en una bahía a los pies del Faro de Palos.

     De 600 m de extensión, es el frente costero de una serie de dunas litorales, hoy protegidas (BIC en 2002) frente a la urbanización masiva que las rodean, debido a la serie de prospecciones y excavaciones que entre los años 1985 y 1992 llevó a cabo el profesor de la Universidad de Murcia Javier García del Toro sobre restos conocidos durante todo el siglo XX.

     Esta zona fue documentada como un poblado Eneolítico, época prehistórica de transición desde el fin de la Edad de Piedra (Neolítico) y la Edad del Bronce (aleación de cobre y estaño), iniciada hace unos 5.000 años con la utilización del Cobre natural (sin procesar) como primer mineral utilizado por el hombre.

     Fondos de cabañas, horno cerámico, cerámica a mano, una pileta para su manufactura, utillaje y sílex de piedra, molinos de mano, huesos (alimentación), depósitos de conchas (alimentación y ornato)… pobladores establecidos en esta época en un entorno de ribera marítima junto a laguna de agua dulce (hoy salinas) y ricas fauna y flora.

     Situándonos en la playa propiamente dicha, se localizan un conjunto de ruedas de molino en piedra (para moler el cereal), también debajo del agua y mezcladas con restos de sendos pecios. Lo que probablemente explica el topónimo de todo el área: Amoladeras, evidenciando la localización de un posible taller de estos útiles.

     Bajo el agua, durante los años 70 y 80, se recuperan restos pertenecientes a dos pecios, uno contemporáneo con elementos de hierro como tuercas, clavos (en gran número), una bala, ganchos, un aro y anclas de hierro por Julio Mas, buceadores deportivos y el Patronato.

     Además de un segundo pecio de adscripción romano republicano del siglo I a.C., como así atestiguan los elementos encontrados: ánfora Lamboglia 2, diferentes elementos de plomo: más de cien glandes (pequeños proyectiles para hondas), restos de plancha de forro del casco del barco y de un caldero, fragmentos de tubería y lingote, pesas de red de pesca, cuatro monetales con inscripción íbera, restos de otros minerales y un pequeño amuleto-colgante de oro en forma de falo.

24Pecio CABO DE PALOS

     Alrededor de este accidente geográfico y bajo sus aguas, han sido recuperados durante varias décadas diferentes objetos arqueológicos por buceadores deportivos o pescadores locales.

     Esta bahía, al Norte del cabo, que conforma la Playa de Levante y a la que antes aludíamos, se nos ofrece como un excelente (con cautela) fondeadero para el resguardo de las naves antes de doblarlo provenientes del Norte y ante temporales o fuertes vientos del Suroeste (Lebeche), tan común en la zona y tan peligroso por lo accidentado de sus aguas, con promontorios que se extienden hasta las Islas Hormigas. Aunque a su vez, resulta del todo peligroso ante un repentino y presumible temporal de levante.

     Aparecen ánforas púnicas Mañá D, y republicanas romanas Dressel 1, lingotes de plomo, enormes cepos de anclas con inscripciones romanas ya recuperados a principios del s. XX, plancha de plomo… que arrojan una cronología del siglo IV a I a.C.

     En la actualidad se levanta, en la punta del cabo, un faro (BIC) con más de 80 metros sobre el nivel del mar, proyectado en 1862 sobre los restos de una antigua torre vigía de planta hexagonal del siglo XVI (de las que recorrían toda la Manga hasta el Mojón) para avistamiento de posibles incursiones de piratas berberiscos.

25Pecio BAJO DE DENTRO

     La Cordillera Bética presenta sus últimas estribaciones en la punta costera del Cabo de Palos, continuando por el mar hasta salir a superficie de nuevo por las Islas Hormigas, entre ambos se sitúa el Bajo de Dentro, peligroso montículo a 5 metros del nivel del mar y a más de 40 del fondo, culpable de muchos encallamientos y naufragios.

     En pleno centro de la RESERVA MARINA, su fondo es de roca y posidonia con abundante vida, meros, doradas, pulpos… y una excelente flora que incluye el coral.

     Desde los años 60 se vienen localizando en la zona decenas de objetos arqueológicos, como un aro de piedra y metal, ánforas republicanas romanas Lamboglia 2 para el vino, cerámica Terra Sigillata Hispánica de la Roma Imperial y un fragmento de ánfora de origen púnico, abarcando todo el conjunto una cronología del siglo VI a.C. a I d.C..

     Además, tenemos que destacar un espléndido y numeroso conjunto de lingotes de plomo de unos 25 kg de peso cada uno con inscripciones y marcas de sus fundidores que operaban en Carthago-Nova, hoy día podemos ver expuestos en MNAS ARQVA los más completos y significativos.

26Pecio ISLAS HORMIGAS

     Estas islas enmarcan, por el Noroeste y desde el faro, la RESERVA MARINA DE CABO DE PALOS (1995) de la Región de Murcia, perteneciente a la RED NATURA 2000 de la Unión Europea, un rectángulo de 19 km2 que sitúa el BAJO DE DENTRO justo en el centro, entre el Cabo y las Islas.

     Espacio natural submarino de primer orden en cuanto a fauna y flora, grandes praderas de posidonia y todo tipo de fauna como el Mero, protegido de la masificación de buceadores deportivos y la pesca furtiva.

     Todo el entorno constituye un extremadamente peligroso e inevitable paso para la navegación al doblar el cabo, sometidos a repentinos y bruscos temporales de Levante o de Lebeche, según la estación del año, que arrojan los navíos contra la costa, el cabo o el reguero de islas y bajos poco visibles según las condiciones.

     Se dan cita en sus aguas, y las del Bajo, una fantasmagórica reunión de barcos de acero y hierro de época contemporánea que se amontonan a sus pies, el más famoso es el Sirio, trasatlántico italiano que en su periplo hacia América naufragó al querer atravesar por entre las islas y el cabo en 1906 cargado de emigrantes, pereciendo más de 500 pasajeros. Reposan sus restos, dispuestos en vertical, desde los 70 metros de profundidad hasta los 40.

     Sin duda, en época antigua, su peligrosidad era mayor para la tecnología naval y técnicas de navegación del momento, como así atestiguan los diferentes restos arqueológicos hallados desde los años 60 y que arrojan un muy amplio espectro cronológico que abarcaría desde el siglo IV a.C. al siglo IV d.C., manifestado en la presencia de ánforas púnico-ebusitanas, ya estudiadas y Terra Sigillata Africana junto a diferentes tipos de ánforas tipo Keay de origen africano y tardías en el Imperio Romano.

27Pecio Puerto CALA REONA

     Doblando el Cabo de Palos dirección Sur, recorremos una costa escarpada salpicada de sendas calas acantiladas y alguna de arena, Cala del Muerto, El Cañonero, Cala Botella, Cala Flores… y antes de ésta La Barra y el Puerto de Cabo de Palos. Al mismo tiempo y en el mar, se suceden una larga serie de islotes y escolletes sobre fondo rocoso de unos pocos metros y colonizado por la posidonia.

     Un paisaje muy peligroso, a resguardo casi únicamente de los vientos del Norte que no son los dominantes en la zona, descubierta al fuerte Levante y a los vientos del Sur, en especial los del Suroeste (Lebeche).

     Esta es la razón por la que la línea costera se nos presenta tan accidentada y acantilada, fuertemente erosionada por los embates del mar durante miles de años que la han retraído más de 100 metros respecto a su perfil de hace 4.000 años (Jaúregui, 48). Además debemos entender toda esta lengua acantilada del faro que se adentra en el mar como un espacio totalmente plagado de minas de mineral explotadas por los romanos (y anteriormente) durante siglos incluso desde el mar, quedando todavía los restos de galerías en los acantilados de toda la zona.

     La rada de Cala Reona, aun estando a cubierto de vientos del Norte y Oeste, se presenta totalmente abierta a los de Sur y en parte a los del Este, por lo que es muy peligrosa para usar como fondeadero estable, sólo es posible su uso como punto de carga y descarga en momentos precisos.

     La actual carretera de acceso es construida en época contemporánea sobre el trazado de una antigua rambla, como así atestiguan además, las inundaciones que por este motivo se suceden a unos cientos de metros tierra adentro en la actualidad.

     Constatando además la presencia de un yacimiento Eneolítico en sus inmediaciones (Amoladeras) y a una distancia similar de las Salinas de Marchamalo y el acceso al Mar Menor y las rutas marítimas en la antigüedad, además de la villa romana de El Castillet en un promontorio cercano.

     Por su vertiente más occidental accedemos directamente a los recursos de la Sierra Minera de Cartagena-La Unión y canteras cercanas a esta bahía ya explotadas en época prerromana (como veíamos en Los Nietos).

     Como pruebas arqueológicas, MNAS ARQVA, atesora cerca de un centenar de fragmentos que atestiguan su importancia en tiempos pretéritos. Sobre su fondo arenoso, de posidonia y roca base, se localizaron desde 1987 (Rebollo) materiales en prospección y en 1990 un equipo del CNIAS (Juan Pinedo, Pérez Bonet) actuó de urgencia debido a la construcción de un emisario (de la estación depuradora) que atravesaría el fondo de la bahía y ante el expolio al que estaba siendo sometido debido a su escaso calado y ser zona de veraneo especialmente concurrida y conocida.

     En 1996 (Pinedo, Gómez, Alonso), vuelven a intervenir en la zona ante la necesidad de modificar el primer trazado propuesto para el emisario y debido a los hallazgos arqueológicos.

     De todas las intervenciones se documentan restos de ánfora púnica y vasos indígenas que denotan la relación con Los Nietos y la sierra en los siglos IV y III a.C., romana del siglo I a.C. a I d.C., Dressel 1, Lamboglia 2 y Haltern 70 entre otros.

     Lo más importante son los restos de un pecio tardorromano-bizantino del siglo V a VI d.C. con ánforas africanas tardías Keay y vajilla de mesa norteafricana, además de recipientes para salazones (spatheion) procedentes de los puertos de Águilas y Mazarrón (lo que denota comunicaciones marítimas a la par que interiores) y un tipo nuevo de ánfora sólo documentado en este yacimiento, CR1 y CR2, monedas y clavos de bronce.

     Se conservaba también parte del casco de la nave, una serie de tracas unidas por espigas de madera y otros elementos de arquitectura naval de significativa relevancia para el estudio de este período.

José Rodríguez Iborra

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