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MURALLA PÚNICA

El yacimiento

Yacimiento de la Muralla Púnica de Cartagena

Yacimiento de la Muralla Púnica de Cartagena

Yacimiento Muralla Púnica

Yacimiento Muralla Púnica

Yacimiento Muralla Púnica

Yacimiento Muralla Púnica

Yacimiento Muralla Púnica

Yacimiento Muralla Púnica

Yacimiento Muralla Púnica

Yacimiento Muralla Púnica

Yacimiento Muralla Púnica (detalle)
Yacimiento Muralla Púnica (detalle)
 
Yacimiento de la Muralla Púnica
Yacimiento de la Muralla Púnica


     El yacimiento aporta el hallazgo de un tramo de muralla púnica dentro del recinto urbano, zona en la que según la antigua topografía descrita por Polibio se ubicaba el istmo, como único punto de acceso a la ciudad desde tierra firme, entre el Monte de San José y el de Despeñaperros.

     La excavación puso al descubierto una serie de espacios excavados directamente en la misma roca natural de base. Estas estancias de planta rectangular presentan unas dimensiones aproximadas de 2,5 metros de largo por 2 metros de ancho. Los grandes cortes practicados en la roca aprovechan la pendiente natural para ir estructurando las diversas estancias, integrándolas en la propia desigualdad del terreno existente en esta parte de la ladera del Cerro de San José. Se pudo comprobar en algunos casos que estas habitaciones se completaban con muros de adobe caídos en torno a ellas y en avanzado estado de deterioro. Asimismo se han encontrado huellas de postes de madera que posiblemente eran los elementos que sustentarían una cubierta de barro y entramado vegetal.

La cara externa de la muralla

     Se encontró en el yacimiento una doble línea de muralla, separada por casi seis metros entre ambos lienzos, orientados en dirección Norte-Sur. El primer lienzo, que constituye la cara externa de la muralla, tiene en la actualidad una longitud de 15 metros, mientras que la segunda línea tiene una longitud de 30 metros. En ambos casos, el tipo de obra empleado en la construcción responde al gran aparejo cuadrangular, opus quadratum, realizado con bloques de arenisca de dimensiones comprendidas entre 130-120 centímetros de largo por 60 centímetros de altura, y entre 70-80 centímetros de ancho, conservando en algunos puntos del lienzo exterior hasta cinco hiladas de bloques con una altura de casi 3,20 metros.

     El espacio comprendido entre los dos lienzos se encuentra dividido por una serie de muros perpendiculares, levantados con un aparejo mixto de bloques y piedras, (opus africanum) en una serie de estancias de planta cuadrada. Uno al menos de estos muros menores perpendiculares está trabado con los lienzos de la muralla mediante sillares en forma de T, cuyos extremos son comunes tanto al lienzo longitudinal cuanto al transversal.

     Las tres estancias del interior de la muralla tienen acceso practicable desde el interior de la ciudad mediante puertas de las que se conservan los umbrales. Cada uno de estos espacios internos se subdividen en otros tres, de modo que se accede a la estancia central, y a su vez, ésta comunica internamente con otras dos, ubicadas a la derecha e izquierda de la misma. Los accesos de las tres estancias excavadas son equidistantes entre sí. La funcionalidad de los espacios interiores de la muralla estaría en conjunción con el carácter estrictamente defensivo de la construcción, cobijando grupos de tropa en su interior, necesarios para su defensa, lo que recuerda el sistema defensivo empleado, por ejemplo, en Cartago.

     La parte superior de estos espacios se completaba  mediante una cubierta entre los dos lienzos de la muralla, sustentada de forma sólida por los muros interiores y por gruesas vigas de madera, elemento que está atestiguado en la excavación. Este sistema de apoyo permitiría contar con un amplio espacio o plataforma, en un nivel superior, desde donde se podría ejercer con mayor fluidez el cometido defensivo.

Restos de estuco de color blanco

     Los escasos restos de estuco de color blanco todavía conservados sobre algunos de los bloques permiten sugerir la aplicación de un revestimiento sobre la muralla. Su uso permite, por un lado, alisar la superficie de los bloques ocultando a la vista las imperfecciones y retoques haciéndolos más resistentes al uso, sobre todo tratándose de un material de alta porosidad y fácilmente deleznable. Por otro, podría responder a motivos puramente estéticos, ocultando el aspecto real de una materia de calidad mediocre, proporcionándole un aspecto más noble (Rakob, 1986, 25).

Fuente

Marín Baño, Carmen, La cerámica ibérica pintada de la Muralla Púnica de Cartagena, Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Subacuáticas, Cartagena.

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