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Sociedad islámica


  El convulso contexto político agravó la crisis local de la ciudad episcopal, el final del período visigodo fue muy conflictivo y sin duda esa inestabilidad política, unida a la creciente militarización del gobierno y a la crisis económica generalizada, son factores que también contribuyeron a agudizar el decaimiento de la vida urbana. La mayoría de la población quedó empobrecida y terminó por sufrir el desarraigo frente a sus gobernadores.  Cuando los musulmanes inician la conquista de Hispania, en el Sureste peninsular gobierna el conde Teodomiro, que apenas extiende su poder desde la sede cortesana establecida en Orihuela, tras la destrucción de Cartagena. En el año 713 se firma el Pacto de Tudmîr, que permite a la población hispanovisigoda mantener sus costumbres y su religión. En alguna de las cuatro versiones conocidas del pacto (en concreto en la de al-Dabbî), Begastri aparece como una de las siete ciudades firmantes del pacto, lo que indica que aún mantenía algo de su esplendor.

  Con la llegada de los musulmanes la sociedad se transforma, los muladíes (mozárabes) siguen siendo mayoría durante mucho tiempo y protagonizan insurrecciones frente al poder musulmán, débilmente implantado. Progresivamente hay nuevos aportes étnicos (beréberes, sirios, egipcios, yemeníes...). El establecimiento de una tribu bereber, linaje estrechamente vinculado con el poder estatal, los sinhaya (de este gentilicio procede el nombre de Cehegín) al principio contribuyó a afianzar el control estatal, con el tiempo el nuevo asentamiento que atesora las atribuciones administrativas se convertirá en foco de atracción de la población no sólo de Begastri, sino de todo el territorio. En 1243 el infante Alfonso, el futuro rey Sabio, firma el Tratado de Alcaraz con los régulos musulmanes de Tudmîr. Se verifica así la creación del Reino de Murcia, dependiente de Castilla y la vuelta del Sureste peninsular al ámbito de la cristiandad.

  Uno de los temas de investigación más fascinantes para los historiadores y medievalistas es establecer cómo debió experimentarse la transición del período hispanovisigodo al mundo andalusí, que habría de perdurar durante varios siglos, dejando una profunda impronta en el paisaje de la región. Tras la llegada de los nuevos pobladores islámicos a la región de Tudmîr, y gracias a la política de pactos, parece ser que en un primer momento las ciudades mantuvieron su población y, posiblemente, se inició un paulatino y desigual proceso de islamización, sobre todo por parte de las clases más desfavorecidas, beneficiándose ahora de las exenciones fiscales, es decir, de una menor presión fiscal motivada por la aplicación de los preceptos coránicos.

  Durante el período islámico se desarrollan varios asentamientos de comunidades campesinas, que colonizan los terrenos de cultivo situados en el entorno de los núcleos de población. Los campos de Mula y del Noroeste se convierten en el granero de Madînat Mursiya, la gran capital fundada por el emir cordobés Abderrahman II en el año 825. El propio núcleo de Begastri (Buqasruh), y los husûn o asentamientos fortificados de Cehegín y Castillo de Quípar desarrollan nuevos espacios irrigados en su entorno. Todos esos núcleos de población probablemente dependerán administrativamente de una madîna (ciudad), que en el caso que nos ocupa no pudo ser otra que Mula, la única citada en los textos árabes con dicha categoría ciudadana.

  Por el contrario, las pequeñas aldeas fueron abandonadas rápidamente y sus habitantes debieron emigrar a otras zonas o a las ciudades. Más adelante, entre los siglos IX y X, las urbes de Begastri y el Cerro de la Almagra se despoblaron igualmente en beneficio de nuevos asentamientos plenamente islámicos fundados en sus proximidades, dando lugar a las actuales ciudades de Cehegín y Mula. Parece que hubo una estrecha comunicación entre las poblaciones del Noroeste murciano, entre los siglos XI y XIII varios geógrafos árabes (al-Udhrî, al Idrîsî, al-Zuhrî, entre otros) mencionan en sus itinerarios los castillos o lugares fortificados de Calasparra, Caravaca, Cehegín y Celda, no así los de Moratalla, Bullas, Alquipir, Canara, Priego y Benizar, aunque no cabe albergar dudas acerca de su existencia. De Calasparra (Qalasbârra) se destaca su emplazamiento en la vía de comunicación que desde Murcia conducía a Segura de la Sierra, siguiendo el curso del río Segura (o río Tandair), itinerario tradicional que, más tarde, seguiría siendo transitado por los ganados trashumantes de la Mesta. Las fuentes árabes también aluden al río Argos (o río Qalasbârra), como uno de los afluentes que recibía el Segura antes de entrar en el estrecho de la Fuente Negra (Cañón de los Almadenes), curso fluvial utilizado para el transporte de la madera.

  En Cehegín (al-Sinhâyîyin) mencionan la existencia de una mina de piedra imán en sus proximidades, yacimiento que volvió a explotarse durante el siglo XIX. De Caravaca (Qarabâqa) relatan con admiración la presencia de dos fuentes de agua en sus proximidades, una con abundancia de sales, que producía cálculos renales y la otra que curiosamente los deshacía, identificadas con las fuentes del Marqués y de Mairena respectivamente. En cuanto al castillo de Celda (hîsn Yayttila), en la pedanía de Los Royos (Caravaca), sólo se destaca que era lugar de paso entre Lorca y la gran calzada que unía Córdoba y Valencia por el interior, en la Sierra de Segura.

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