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Cultura Ibérica

Cerámica Campaniense

   Nos encontramos ante unas producciones cerámicas realizadas en distintos talleres instalados en varios puntos del Mediterráneo central y occidental y que están activos desde finales del s. IV a. C., aunque se hacen habituales a partir de la centuria siguiente, principalmente durante los s. III y II a. C. El primer y principal estudioso de estas cerámicas fue el italiano Nino Lamboglia. Sus trabajos fueron pronto retomados por otros investigadores, que completaron las tipologías establecidas por él y precisaron con más acierto los distintos centros productores, de entre los que destacaremos a J.P. Morel.

   Talleres

   Dichos centros alfareros son los continuadores de las tradiciones cerámicas griegas de época clásica que tanto éxito habían cosechado entre las sociedades indígenas del ámbito mediterráneo. Al extinguirse las producciones atenienses hacia finales del s. IV a. C. serán estos otros talleres ubicados en Italia, sur de Francia y España los que retomarán la producción y exportación, para continuar abasteciendo de vajillas de mesa a las élites ibéricas, puesto que son precisamente los pueblos ibéricos uno de los máximos consumidores de estas vajillas de lujo.

   Así encontramos un centro en Italia central en la región del Lacio, cerca de Roma, conocido como 'Taller de las Pequeñas Estampillas'; un segundo taller muy importante es el de Rosas, ubicado en la antigua colonia focea del mismo nombre, en la provincia de Gerona, al norte de Ampurias. En ambos casos se trata de una vajilla de mesa, totalmente barnizada de negro, cuyo servicio principal consta de boles y platos para la bebida y comida, así como vasos plásticos para perfumes. Los productos llegaban desde Cataluña a la Región de Murcia, especialmente en el siglo III a. C. y pese a la gran aceptación que tuvieron, el volumen de material exhumado no puede compararse al del periodo precedente proveniente de talleres atenienses, ni en calidad ni en cantidad y variedad tipológica.

   La Segunda Guerra Púnica

   A partir de la Segunda Guerra Púnica 218-201 a. C. el panorama político del Mediterráneo occidental cambia por completo, con el ascenso de Roma a potencia hegemónica del mismo, en detrimento de Cartago que dominaba hasta ese momento el sur peninsular y norte de África. Con la ocupación física del levante y sureste peninsular por Roma se documenta un nuevo comercio con el área de Nápoles (la Campania), donde están instalados una serie de centros productores de cerámica de mesa, conocidos de forma genérica como cerámica campaniense.

   Será a partir del s. II cuando empiecen a fabricar gran cantidad de vajilla, también barnizada en negro, para exportar a la Península Ibérica, aunque surgen cien años atrás. Se trata de juegos de copas y plato/fuente para beber y comer; guttus para perfumes, lucernas para la iluminación de las viviendas. Encontramos abundantes cerámicas tanto entre los pueblos ibéricos, ahora en plena romanización, como entre los colonos itálicos llegados a la Península tras las tropas de ocupación.

   Este primer gran contingente cerámico pertenece al grupo conocido como Campaniense A, mientras que desde la segunda mitad avanzada de este siglo, otros centros campanienses se animan a introducir sus productos. En dicha situación se encuentran las cerámicas finas estruscas, cerámicas Boides, también de la campania y un sinfín de pequeños centros que aportan algún producto novedoso. Será a principios del s. I a. C. cuando esta amalgama de talleres empiecen a desaparecer, al ser sustituidas estas producciones por las cerámicas sigillatas.

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