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Cultura Ibérica

El Guerrero Ibérico

Fíbula ibérica
Fíbula ibérica

Punta de Lanza   Contexto histórico y geográfico

   Los pueblos ibéricos ocuparon la fachada mediterránea de la Península Ibérica hasta el sur de Francia durante la segunda mitad del primer milenio anterior a Cristo. Aunque su cultura material fue bastante homogénea y, por lo tanto, también su armamento principal, hay que señalar que nunca obtuvieron una unidad política, ni siquiera a nivel de tribus. En efecto, este hecho lleva aparejado la inexistencia de grandes ejércitos organizados bajo un mando único o confrontaciones de enormes masas de gente.

   Reyezuelos

   Según conocemos por los restos arqueológicos exhumados, por lo general los ajuares masculinos de las necrópolis ibéricas del sureste y alta Andalucía, así como las informaciones que proporcionan los textos clásicos, cada poblado o grupo de poblados agrupados bajo un mismo reyezuelo o régulo, como lo llaman las fuentes clásicas, tendría su pequeño ejército (entendido como varias decenas de hombres),  compuesto por soldados libres que acudirían al combate ante un peligro inminente contra su poblado, vías de comunicación, territorio de explotación agropecuario y robo de ganado.

   La panoplia

   Cada guerrero aportaría su propia panoplia, es decir, sus propias armas. Éstas estaban compuestas por lo general de: la falcata (sable de hoja curva, típico de los iberos); un par de lanzas, una arrojadiza fabricada enteramente en hierro (soliferreum) y otra para combatir empuñada, de la que se fabricaba en hierro únicamente las puntas mientras que el astil sería de madera.

Empuñadura de una falcata
Empuñadura de una falcata

Falcata Ibérica.Manilla de Escudo

    En última instancia se recurriría a la falcata para el combate cuerpo a cuerpo, protegiéndose el flanco con un escudo redondo de unos 50/60 centímetros conocido con el nombre de caetra. La lucha se desarrollaba a pie y algunos guerreros, que poseían un caballo o équido, se acercaban al campo de batalla montados de dos en dos en cada equino. Con este sistema, mientras uno luchaba en el combate, el segundo protegía, en la medida de lo posible, el preciado caballo.

   Aunque no había levas para cumplir un servicio militar obligatorio, sí es cierto que muchos jóvenes ibéricos se enrolaron como mercenarios para combatir con los grandes ejércitos de la época, tanto en Grecia como en el Mediterráneo Central ¿Italia, Sicilia, Cerdeña o norte de África? al servicio de griegos, cartagineses y romanos.   

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