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Cultura Ibérica

La Presencia Fenicia y Púnica en la Península

Plato de cerámica ibérica
Plato de cerámica ibérica

   Colonización fenicia

   La realidad de la colonización fenicia en la Península Ibérica se produce a partir del s. XI a. C., en un periodo en el que la escritura alfabética se había generalizado por completo. Los fenicios entran en contacto con el mediodía peninsular, principalmente las zonas de Cádiz  (donde está documentada arqueológicamente la colonia de Gades) y Huelva.

   Sin embargo, hasta el s. VIII a. C. no tenemos testimonios materiales para hablar de una verdadera colonización de las costas andaluzas y del sureste peninsular. Ahora pueden reconocerse los primeros asentamientos de poblamiento y comercio en amplias zonas, desde la costa malagueña hasta la desembocadura del río Segura, en Guardamar. Estos contactos coloniales y comerciales provocarán el desarrollo de las sociedades indígenas del sur que, unido al impacto colonial y comercial griego, potenciarán el fenómeno orientalizante en la Península y poco después la eclosión de la cultura ibérica. Durante estos primeros siglos de contactos la pauta colonizadora vendrá desde las ciudades-estado fenicias del Mediterráneo Oriental, con el eje principal en la ciudad de Tiro.

   Colonización púnica

   A partir de mediados del s. VI a. C. la influencia colonial fenicia se reduce drásticamente en el sur debido, sobre todo, a la caída de la metrópolis de Tiro bajo el dominio de los reyes asirios. Será este momento histórico el que aprovechará Cartago para convertirse en referente del comercio y de la colonización fenicia en el centro y occidente mediterráneo, esto es, sector oeste de la isla de Sicilia, sur de Cerdeña, Ibiza  y el territorio del sur peninsular, desde el área de Huelva y Cádiz hasta Baria (Villaricos, Almería). A partir de estas fechas puede cambiarse el epíteto fenicio por el de cartaginés o púnico, llegando las influencias de la nueva metrópolis a algunas zonas de Andalucía, hasta la finalización de la Segunda Guerra Púnica, en los últimos años del s. III a. C.

Urna de barniz rojo
Urna de barniz rojo

   La etapa de mayor auge colonial, con la conquista púnica de Andalucía y algunas comarcas de Murcia, Alicante y Albacete, se producirá tras la Primera Guerra Púnica, a partir del 237 a. C., cuando el general cartaginés Amílcar Barca desembarcó en Cádiz y extendió el poder púnico en Iberia hasta el sureste. Este intento de anexión tendrá su punto álgido con la fundación por Asdrúbal de una nueva capital cartaginesa en la Península, Cartago Nova, en el 226 a. C.

   Del mundo púnico al romano

   Este imperio colonial durará apenas veinte años, ya que con la derrota de los púnicos en la Segunda Guerra Púnica, los territorios de Iberia se incorporarán a la nueva gran potencia del mediterráneo central: Roma. Las relaciones de los pueblos ibéricos con los conquistadores, primero púnicos y luego romanos serán variables, adoptando algunos clanes claras posturas a favor de unos u otros; mientras que determinadas tribus decidieron luchar por su independencia, rechazando esta situación de ocupación permanente.

   Tras las guerras púnicas, los pueblos indígenas que pactaron con Roma, por ejemplo, el área del Segura y comarca del noroeste murciano, continuaron con sus modos de vida a lo largo del siglo II a. C., integrándose entre los s. I a. C. y I d. C. en la nueva estructura romana, mientras que los pueblos que decidieron no hacerlo, por lo general, fueron arrasados en los primeros años del s. II a. C.

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