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Época Romana

Emplazamiento

Restos de la necrópolis
Restos de la necrópolis

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   Técnicas constructivas

   En la parte del cerro que da al río Mula, completamente inexpugnable, no hay restos de fortificaciones, aunque sí se conservan restos de un pequeño muro interpretado más como una protección del interior hacia el exterior, es decir, para evitar que los habitantes del poblado pudieran caer por la abrupta ladera del cerro. Sin embargo, en la parte Norte y Oeste de La Almagra sí se conservan restos de una imponente muralla, arrasada casi en su totalidad y de la que, en su mayor parte, sólo se conservan los cimientos.

   La muralla está hecha mediante grandes piedras informes, sin trabajar, de mediano y gran tamaño, trabadas con argamasa; sin embargo, también hay grandes bloques escuadrados procedentes de edificios arruinados o desmontados. La altura máxima conservada no supera el metro y medio, siendo su anchura de tres metros y medio. Seguramente, en la cara interior de la muralla le debieron adosar en un momento tardío algunas construcciones, probablemente de viviendas.

   Se ha documentado la existencia de, al menos, cuatro torres de planta cuadrada, de 4,50 metros de lado, que estarían separadas entre sí por una distancia de siete metros. Estos torreones estarían situados, seguramente, junto a la puerta, protegiéndola ya que estaba emplazada en la parte más accesible de la ciudad.

Detalle de las fosas de la necrópolis
Detalle de las fosas de la necrópolis

   Cronología de la muralla

   En las excavaciones realizadas por la Universidad de Murcia en el año 1997 se documentó, adosado a la muralla, un importante nivel de cenizas de unos 14 cms. de espesor, perteneciente probablemente a la destrucción de la ciudad. Se desconoce el momento exacto de la construcción y destrucción de las murallas. Es muy posible, debido a su mala calidad, que éstas se realizaran de manera apresurada, utilizando los materiales que tenían más a mano, ante una amenaza inminente (por ejemplo, alguna de las numerosas invasiones bárbaras que desde el siglo IV asolaron buena parte del litoral peninsular).

   Los materiales cerámicos sellados por el nivel de cenizas descrito anteriormente (ollas, marmitas, azuelas, jarras y algunas cerámicas realizadas a mano) proporciona una cronología que oscila entre los siglos VII y VIII d.C., por lo que se podría relacionar con la destrucción de la ciudad en época de la  dominación bizantina del sudeste peninsular (s. VI-VII d.C.) o, posteriormente, con la invasión musulmana (inicios del VIII d.C.).

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