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La piratería berberisca en el Reino de Murcia

Las milicias

Las milicias civiles acuden en socorro de la costa frente a los ataques de la piratería berberisca
Las milicias civiles acuden en socorro de la costa frente a los ataques de la piratería berberisca


     Ante la incapacidad de las fuerzas profesionales de la Monarquía para asegurar la defensa del territorio, se formaron las llamadas milicias generales. Encuadradas en el modelo de unidades militares semiprofesionales, sus integrantes desarrollaban otras actividades laborales, cobrando como soldados sólo cuando ejercían como tales.

     Aunque en teoría estaban obligados a alistarse todos los súbditos y naturales del Reino, en la práctica la adscripción a las milicias generales era voluntaria. Los ciudadanos que decidían alistarse obtenían una serie de ventajas y privilegios. A cambio, eran obligados a realizar un alarde semanal, bajo mando de oficiales profesionales y debían estar disponibles en caso de ataque.

     La edad para entrar a formar parte de la milicia, integrada sólo por varones, estaba entre los 17 y los 50 años. La personalidad de los milicianos era bastante violenta, lo que unido a que solían ser jóvenes y a que encontraban en el cuerpo de guardia una permisividad mayor a la que estaban acostumbrados, daba como resultado una particular agresividad.

     Existieron rivalidades entre la Corona y los poderes locales por el control de la milicia. En un primer momento y desde su creación, la Corona asumió el poder de la institución con el nombramiento como capitán de Antonio de Aliaga Monzón. Pero a partir de 1636 el control del poder local sobre la milicia aumentó significativamente, debido a la carencia, por parte de la monarquía, de una infraestructura burocrática capaz de asegurar su funcionamiento.

     Las milicias se agrupaban en compañías y éstas a su vez se subdividían en escuadras de entre 20 y 40 hombres. Cada una de estas escuadras estaba bajo el mando de un cabo elegido por el Capitán militar, cargo que a partir de 1640 correspondería a los regidores de la ciudad, convirtiéndose en hereditario a partir de ese momento. La milicia general en Murcia se creó en 1598, con la puesta en marcha del reclutamiento, y permaneció operativa hasta 1642.

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