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La piratería berberisca en el Reino de Murcia

Final de la piratería

El Teniente de Marina Antonio Barceló, azote de la piratería berberisca en las costas españolas. Museo Naval de Madrid

El Teniente de Marina Antonio Barceló, azote de la piratería berberisca en las costas españolas. Museo Naval de Madrid

La Torre de Cope repele un ataque berberisco
La Torre de Cope repele un ataque berberisco
 
Ilustración de los restos de una bandera pirata
Ilustración de los restos de una bandera pirata


     A comienzos del siglo XVIII la práctica corsaria en el Mediterráneo es menos habitual, aunque continúan produciéndose ataques que aprovechan el debilitamiento del dominio marítimo español sobre el Mediterráneo occidental con la pérdida de Orán y Mazalquizir durante la Guerra de Sucesión Española de 1700 - 1714.

     Sin embargo, las ideas mercantilistas que han imperado a lo largo de los siglos XVI y XVII comienzan a entrar en decadencia, lo que unido a las características de la nueva guerra naval, hacen que la piratería empiece a no ser rentable. A comienzos del siglo XIX, Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos deciden dejar de pagar tributos a los reyes berberiscos y comienzan a realizar campañas de castigo contra la base corsaria en Argel. Es el comienzo del fin de la piratería.

     En 1816, Argel vio destruida gran parte de su flota y en 1830 acabó sucumbiendo ante la armada francesa, que usaría esta plaza como punto de partida para crear la colonia de Argelia a lo largo del siglo siguiente. Por su parte, la presión internacional y la decisión del Imperio Otomano de acabar con esta práctica, llevaron al fin del corso en Marruecos, Túnez y Trípoli en los años siguientes.

     El corso Mediterráneo fue abolido en la mayoría de los estados tanto europeos como africanos en el Congreso de París del 16 de abril de 1856. La declaración resultante del congreso no fue firmada por muchos países, pero fue generalmente considerada como Ley Internacional válida.

     El fin de la piratería berberisca supuso para los países del Mediterráneo la posibilidad de repoblar sus costas y la vuelta a la actividad de la marina mercante, lo que posibilitó un relanzamiento náutico y mercantil que se mantuvo pujante durante todo el siglo XIX. Por otro lado, dejaron de ser necesarias las torres de vigía, así como muchas de las fortificaciones de defensa que aún se pueden ver en la costa Mediterránea. Los corsarios con una mayor reputación se reconvirtieron en mercaderes o marinos mientras que el resto continuaron dedicándose a la piratería o al contrabando.

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