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El esplendor mardanisí

Reconstrucción virtual del Castillejo de Monteagudo, que era la residencia veraniega de Ibn Mardanís
Reconstrucción virtual del Castillejo de Monteagudo, que era la residencia veraniega de Ibn Mardanís
 
Desde las fortalezas de Monteagudo Ibn Mardanís ejercía un control absoluto del territorio circundante
Desde las fortalezas de Monteagudo Ibn Mardanís ejercía un control absoluto del territorio circundante

Las fortalezas del Rey Lobo

El legendario Ibn Mardanís detentó el poder en la Murcia islámica durante 25 años (1147-1171),

Mientras se mantuvo en el poder, impulsó una serie de proyectos arquitectónicos para engrandecer su prestigio, algunos de los cuales hacen que su memoria se perpetúe hasta la actualidad.

Además de construir un espléndido palacio (Al-Dar al-Sugra) en Murcia, desarrolló un espectacular complejo defensivo que incluía el Castillo de Larache, el Castillo de Monteagudo y el Castillejo.

Espacios Virtuales


Vídeos

La confrontación entre clanes que se daba en la ciudad de Murcia en 1145, provocó la intervención en Tudmir del emir de Zaragoza, Ibn Hud. Uno de los caudillos militares que iba al frente de las tropas zaragozanas era Ibn Mardanís (ver vídeo).

Poco más tarde, y aprovechando desmoronamiento del poder almorávide y el fallecimiento del emir zaragozano, este personaje se hizo con el gobierno de Tudmir en otoño de 1147. Al tiempo, un ejército almohade  procedente del norte de África desembarcaba en las costas del Estrecho de Gibraltar y se disponía a invadir al-Ándalus.

Los Almohades

Las huestes norteafricanas se dirigieron, en un primer momento, a otras áreas peninsulares, lo que le permitió a Ibn Mardanís actuar con amplio margen de maniobra. Buscó el apoyo de los reinos cristianos para consolidarse en el poder, y lo encontró a través del pago de parias o impuestos con los que obtenía ayuda y protección.

Bajo esta coyuntura, y durante los años siguientes, Ibn Mardanís pudo hacer frente a los almohades e incorporar a su dominio extensos territorios, que le llevaron hasta la conquista de Granada por algunos meses en el año 1162. Este periodo cronológico constituye sin duda para la ciudad de Murcia su consagración definitiva como capital del sureste peninsular.

El periodo de mayor esplendor de la Murcia islámica tocó su fin en 1171, cuando los almohades finalmente sitiaron Murcia y arrasaron sus alrededores, incluidos sus magníficos edificios, jardines y huertas. Fue el trágico epílogo de la que fue época brillante para Tudmir y para su capital.

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