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Ibn Hud y el protectorado castellano

Ibn Hud estuvo a la cabeza de un Emirato con capital en Murcia y que se extendió por una gran cantidad de territorios andalusíes

Ibn Hud estuvo a la cabeza de un Emirato con capital en Murcia y que se extendió por una gran cantidad de territorios andalusíes

 
El Alcazar Seguir, actual Convento de las Claras, es uno de los legados musulmanes que mejor ha llegado hasta nosotros

El Alcazar Seguir, actual Convento de las Claras, es uno de los legados musulmanes que mejor ha llegado hasta nosotros

 
Recreación de la entrada de Jaime I y su séquito a la ciudad de Murcia

Recreación de la entrada de Jaime I y su séquito a la ciudad de Murcia

 

La cultura del agua

En Murcia la cultura del agua característica de los musulmanes se desarrolló con profusión, como lo atestiguan construcciones como acequias, norias y contraparadas, que posibilitaron un óptimo desarrollo de la agricultura murciana que a partir de entonces sería conocida por las bondades de sus productos hortícolas.

Paralelamente, ese carácter esencial del agua para la cultura islámica también se plasma en la arquitectura, en la que se le otorga un lugar central a fuentes, estanques, piscinas...etc, no solo desde el punto de vista visual, ya que el rumor del agua tiene una presencia acústica constante en jardines, patios o quioscos.

Una buena muestra de esta fusión entre arquitectura y agua es el Alcazar Seguir, que actualmente aloja el Convento de las Claras, y que constituye el legado arquitectónico islámico mejor conservado en la Región, destacando, además, por sus evidentes paralelismos con otra construcción coetánea de fama universal como es la Alhambra de Granada. 

Vídeos


Espacios Virtuales

El último periodo de gran esplendor de la Murcia musulmana fue el correspondiente al emirato de Ibn Hud ( ver vídeo ). Este personaje, que lideró el Islam hispánico frente a los cristianos y a los almohades, creó un gran estado que se extendió por todo el sur peninsular y cuya capital se situó en Murcia.

Entre 1231 y 1232, años en los que conquistó Algeciras, Gibraltar y Ceuta, el emirato hudí alcanzó su máxima expansión territorial. Desde su palacio murciano que luego los cristianos llamaron alcázar Seguir (hoy monasterio de Santa Clara), Ibn Hud rigió por unos años los designios de al-Ándalus, constituyendo el canto del cisne del Islam murciano. Su asesinato en Almería en 1238 marcó el inicio del final del sureste hispánico como parte del Islam.

Tratado de Alcaraz

Cuando se firmó el Tratado de Alcaraz en 1243 (Ver Vídeo), entre el sucesor de Ibn Hud y el rey de Castilla, el poder político del emir parecía circunscribirse únicamente a la capital murciana, mientras que otras importantes medinas de Tudmir, como Cartagena, Lorca o Mula, se mantenían al margen de su autoridad, por lo que hubieron de ser sometidas por la fuerza.

 De cualquier modo, el día 1 de mayo de 1243 las tropas del infante Alfonso de Castilla, el futuro rey Sabio, entraban en la capital, donde las autoridades musulmanas le entregaron el alcázar de acuerdo de lo pactado. A cambio de la "protección" castellana y la entrega de las principales fortalezas, los habitantes islámicos de Murcia conservarían sus costumbres, religión y bienes; e incluso parte de sus principales instituciones políticas, siempre bajo la tutela del rey de Castilla. Así, Ibn Hud al-Dawla, heredero del emirato hudí, continuó durante años siendo titulado como "rey de Murcia" en los documentos en los cuales figuraba como vasallo del monarca castellano.

Sublevación de los mudejares

La confusa situación interna derivó, tras el fallecimiento de Fernando III el Santo y la entronización de Alfonso X el Sabio, en un proceso de imposición castellana y una serie de incumplimientos de lo acordado en Alcaraz. Y así se produjo la sublevación de los mudéjares de 1264 ( Ver Vídeo).

La ciudad de Murcia fue una de las rebeladas. El panorama era muy difícil para los castellanos, pues la guerra se extendió no sólo por las tierras del sureste sino por todos los reinos andaluces recién conquistados por Fernando III. Así, en el reino de Murcia el ejército castellano hubo centrar sus esfuerzos, en un primer momento, en someter a las plazas fronterizas con Granada y el puerto de Cartagena, para cortar el envío de ayuda de los granadinos o de los norteafricanos a sus hermanos de fe. Alfonso X solicitó entonces el apoyo a su suegro, el rey de Aragón Jaime I el Conquistador.

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