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El mosaico romano de la catedral antigua

Vista del Teatro Romano, con la Catedral Antigua de Santa María

Vista del Teatro Romano, con la Catedral Antigua de Santa María
Región de Murcia Digital

Interior de la catedral antigua de Cartagena, con elementos reutilizados

Interior de la catedral antigua de Cartagena, con elementos reutilizados

Mosaico romano de la catedral antigua de Cartagena
Mosaico romano de la catedral antigua de Cartagena

   Se rebate la teoría de Marco

   Pero aquí Marco (más información) no estaba contando toda la verdad. Sabemos por Francisco de Paula Oliver -que entonces contaba con dieciséis años y que publicó un detallado trabajo sobre el templo en 1886, al que más adelante nos referiremos- que los participantes en la excavación tenían la certeza de que el mosaico encontrado era de época romana, y con gran probabilidad del siglo I.

    ''... se pudo conocer que era un mosaico de la época romana y que no podía darse nadie la explicación de cómo allí se encontraba ni a que objeto se destinó; si bien estaba en la mente de todos en que aquel mosaico explicaba perfectamente el haber sido Cartagena desde el año 37 de Jesucristo una de las pocas metrópolis con que el cristianismo contaba en aquella época. Todos creían que aquello era la primi-tiva iglesia, nadie trataba de demostrarlo.'' Un Monumento Histórico. p.94

    Un antecedente: Santiago de Compostela

    De hecho el hallazgo era potencialmente explosivo. Para todo aquel que creyera en la leyenda de la evangelización de Santiago en Cartagena y en que se había establecido un obispado en ese momento, el descubrimiento de un pavimento claramente romano en el subsuelo de la ''catedral antigua'' no podía tener otra explicación: se había hallado la catedral jacobea original. La importancia que pudo tener este momento puede ilustrarse con el ejemplo de lo que ocurrió en Santiago de Compostela en época rigurosamente contemporánea.

    Tras un largo periodo de decadencia del culto y las peregrinaciones, en 1878, es decir, sólo un año después del hallazgo de Cartagena pero sin conexión aparente con él, el arzobispo compostelano, Miguel Payá, encargó al canónigo López Ferreiro la excavación del altar mayor de la basílica de Santiago.

    De resultas de esa investigación, dirigida por los prestigiosos arqueólogos Fernández Guerra y Fita, se reconoció y estudió un monumento funerario de época tardorromana y una urna con restos humanos, considerados de forma inmediata la tumba y restos del Apóstol y sus dos discípulos, Teodoro y Atanasio ''...ante los cuáles, con profundo respeto y grandísima devoción, se fueron prosternando los concurrentes, en la creencia, por lo que habían visto y oído, de que eran los sagrados restos del Apóstol Santo, Patrón de las Españas.'' Actas de la Excavación, tomado de la Historia Eclesiástica de España de García Villada.

    Esas reliquias fueron autentificadas tras un examen forense por un decreto del arzobispo de 1883, que mandó el proceso abierto al Vaticano. Tras el pertinente análisis de los resultados por la Curia, el papa León XIII ratificó la decisión del arzobispo Payá con la bula Deus omnipotens, de 1 de noviembre de 1884, dando inicio a la época moderna del culto jacobeo.

    ''Nos... desaparecidas todas las dudas y terminadas todas las controversias, aprobamos y confirmamos de ciencia cierta y por Nuestra propia iniciativa y en virtud de nuestra autoridad la sentencia de nuestro Venerable Hermano el Cardenal de Compostela, sobre la identidad de los sagrados cuerpos del Apóstol Santiago el Mayor y de sus santos discípulos Atanasio y Teodoro, y decretamos que esta sentencia tenga perpetuamente fuerza y valor.''

    La ocultación

    En Cartagena parece que la primera idea fue la de tratar de ocultar el hallazgo. Eso se puede ver en los textos de Manuel González, que hubiera defendido con vehemencia, sin ninguna duda, la atribución de la catedral a Santiago de saber que el mosaico encontrado correspondía a la época romana, pero que por el contrario parece contentarse con una postura expectante.

    ''...bien pudiéramos intentarlo [presentar pruebas de las leyendas que defendía] en la tradición y la historia, que son los monumentos morales de la Humanidad, pero por hoy nos abstenemos de ello cediendo a respetabilísimas insinuaciones, y hemos ofrecido no ocuparnos por ahora de este asunto hasta que se hallen reunidos los datos y antecedentes que con interés se buscan... para darlos a conocer a la prensa en forma más conveniente a fin de que todos tengamos una completa memoria de lo que ha sido y es ese histórico templo, objeto hoy tan debatido, cuya augusta antigüedad nunca debió ponerse en tela de juicio...'' El Eco de Cartagena, 20.04.1877

    De hecho, los posteriores escritos de González parecen indicar que no llegó a conocer la datación del mosaico. Casi un año después, a principios de 1878, al polemizar con Martínez Tornell sobre la antigüedad del templo, sólo presenta como prueba la presencia del muro que apoya la terraza en la que se asienta la iglesia, y que databa en época bizantina: ''¡Que la primitiva Catedral de Cartagena vino a tierra y que no se sabe dónde estuvo! En cuanto a su asiento, a falta de otras pruebas que aquí pudiera aducir, demostrado está en las sólidas cimentaciones, todavía al descubierto, que ha hecho exhibir la arqueología, el haber sido siempre el mismo que hoy descansa, y aun subsiste en pie un trozo de su fábrica, de fortaleza casi ciclópea que, según un ilustrado parecer, debieron ver los cuatro santos...'' El Eco de Cartagena 08.02.1878

    Causas

    Sólo podemos suponer que los excavadores y las autoridades implicadas mantuvieron oculta la información clave de la datación del mosaico. La prudencia natural ante cualquier hallazgo arqueológico, tan natural y necesaria en nuestros tiempos de arqueología científica, parece excesiva en arqueólogos aficionados de mediados del siglo XIX. Sin duda no existía interés en una obra, la de restauración del templo, de enorme costo y complejidad, que ya vimos que muchos importantes ciudadanos consideraban excesiva y secundaria frente a otras necesidades reales, más urgentes. Había que contar, además, con la pujanza que para el catolicismo más integrista significaría la aparición de un nuevo lugar de culto. Por último, el cabildo episcopal se inhibió ante los restos.

    También está claro que la naturaleza del hallazgo tuvo que desconcertar, y mucho, a sus descubridores. Ninguno de ellos tenía conocimientos arqueológicos, y no parece que en toda Cartagena hubiera alguien con suficiente autoridad para pronunciarse sobre lo encontrado. La reacción natural, por tanto, fue la de darle un valor menor, aunque a nadie se le ocurrió la solución obvia de pensar simplemente en la existencia de una vivienda romana anterior a la construcción de la ''Catedral''. Ante el embarazo causado la respuesta fue la de desentenderse del problema. A mediados de 1877 la excavación fue paralizada por falta de fondos y los restos se mantuvieron al descubierto. Manuel González murió el 31 de enero de 1883, sin llegar a conocer la verdadera datación del mosaico.

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