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La II Guerra Mundial: los murcianos en los campos de concentración

Serrano Suñer, ministro de Exteriores (1º izqda.), en la entrevista de Bordiguera entre Franco y Mussolini

Serrano Suñer, ministro de Exteriores (1º izqda.), en la entrevista de Bordiguera entre Franco y Mussolini

 
Liberación del campo de concentración de Mauthausen por los aliados en 1945

Liberación del campo de concentración de Mauthausen por los aliados en 1945

 

      Víctimas murcianas

  Cientos de murcianos perdieron la vida en los campos de concentración nazis repartidos por Europa.

  Campos de concentración

  Las víctimas murcianas fueron exterminadas en los campos de concentración nazis en Austria.

  La política exterior del franquismo se acercó a las potencias totalitarias de Alemania e Italia en 1939. Franco firmó con Hitler y Mussolini el Acuerdo Antikomintern, contra el comunismo soviético, el 27 de marzo y el Tratado de Amistad Hispano-Alemana el día 31. España se retiró de la Sociedad de Naciones, al igual que habían hecho con anterioridad sus aliados nacionalsocialistas y fascistas, el 8 de mayo.

Tras el estallido de la II Guerra Mundial (1939-45) el 1 de septiembre de 1939, España declaró su neutralidad en el conflicto. Los triunfos militares de Alemania e Italia al principio de la guerra animaron a Franco a cambiar la neutralidad por la no beligerancia. Este viraje político de acercamiento a las potencias del Eje implicó la sustitución del cartagenero y ministro de Exteriores Juan Luis Beigbeder por el también cartagenero Ramón Serrano Suñer en 1940.

  La tendencia germanófila de Serrano Suñer se evidenció con la preparación de dos entrevistas de Franco, con Hitler (23 de octubre de 1940 en Hendaya, Francia) y con Mussolini (12 de febrero de 1941 en Bordiguera, Italia), para negociar la posible entrada de España en la II Guerra Mundial (1939-45).

  Alemania e Italia reclamaban la entrada de España en la guerra. A cambio, Franco exigió ayuda económica, suministros de trigo, carburante y armamento, y la concesión de compensaciones territoriales (Gibraltar y el Norte de África). El rechazo de Alemania a las demandas españolas permitió al régimen franquista su permanencia fuera del conflicto. Franco compensó la ayuda militar prestada por Alemania e Italia durante la Guerra Civil con el envío de un destacamento de 18.000 voluntarios (800 de ellos murcianos), denominado la División Azul, al frente soviético, en 1941, para luchar contra el comunismo.

  A finales de 1942, la II Guerra Mundial entró en un punto de inflexión en favor de los aliados. El cambio definitivo de tendencia en la guerra provocó la sustitución del germanófilo Serrano Suñer por Francisco Gómez-Jordana, en 1942, al frente del Ministerio de Exteriores. Gómez-Jordana impulsó el regreso de España a una política de neutralidad, plasmada con la repatriación de la División Azul entre 1943 y 1944. Tras la muerte de Jordana, el ministro de Exteriores, José Félix de Lequerica, continuó el proceso de mejora de la imagen de España entre los aliados en el último año de guerra.

  Miles de republicanos españoles en el exilio lucharon contra la Alemania nazi en las filas del Ejército Rojo de la Unión Soviética (URSS), en la Legión Extranjera de Francia y en la II División Blindada de la Francia Libre, al mando del general Philippe Leclerc. Dentro de la División Leclerc existía una compañía integrada mayoritariamente por españoles, conocida popularmente como 'La Nueve'. Esta compañía protagonizó la liberación de París el 25 de agosto de 1944, y llegó al 'Nido del Águila' de Adolf Hitler en Berchtesgaden (Baviera, Alemania) en abril de 1945.

  Otros miles de españoles sufrieron la barbarie de los campos de exterminio nazis repartidos por Europa. El III Reich alemán envió a estos republicanos españoles a los campos de la muerte debido a su lucha contra el avance del Ejército nazi en Francia y su ideología antifascista. Centenares de murcianos murieron en los campos de concentración austriacos de Adolf Hitler y solo unos pocos sobrevivieron, según la asociación Amicale Mauthausen. La mayoría de ellos falleció en el campo de Mauthausen (Austria). El resto de los murcianos perdieron la vida, fusilados o gaseados, en los campos de concentración de Sachsenhausen, Flosenburg y Gusen.

  Antonio Gómez-Guillamón Buendía

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