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Carlos III: Cartagena, fortaleza inexpugnable

Retrato del monarca Carlos III

Retrato del monarca Carlos III

 
La Muralla del Mar de Cartagena

La Muralla del Mar de Cartagena

 
Muros del Fuerte de la Atalaya en Cartagena

Muros del Fuerte de la Atalaya en Cartagena

 
El Castillo de San Juan de las Águilas

El Castillo de San Juan de las Águilas

 
'La huida hacia Egipto' del Belén de Salzillo

'La huida hacia Egipto' del Belén de Salzillo

 

  Cartagena inexpugnable

  El Rey Carlos III convirtió Cartagena en una fortaleza inexpugnable con la Muralla del Mar, el Parque de Artillería y una red de castillos.

   Nacimiento de Águilas

  El conde de Aranda impulsó la fundación de la ciudad de Águilas a los pies del castillo para la defensa de la costa y el impulso del comercio.

   La madurez de Salzillo

  El escultor completó su ilustre obra con el Belén y tallas de la calidad de El Prendimiento, La Última Cena y La Dolorosa.


     El Rey Carlos III era hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, y nieto por vía paterna de Luis, el gran Delfín de Francia, y María Ana de Baviera y por vía materna del príncipe de Parma Eduardo Farnesio y Sofía Dorotea de Baviera-Neoburgo. Carlos III fue Rey de Nápoles y Sicilia entre 1735 y 1759. Tras la muerte de Fernando VI sin descendencia, Carlos III heredó la Corona de España en 1759 con los territorios del Imperio hispánico en Europa, el Norte de África, América y Oceanía. Carlos III, considerado 'el mejor alcalde de Madrid', convirtió a la capital de España en una moderna y gran ciudad europea mediante la pavimentación e iluminación de las calles, la construcción de jardines (el Botánico), paseos (La Castellana), museos (El Prado), monumentos (la Puerta de Alcalá) y fuentes (la Cibeles y Neptuno). 

     El nuevo monarca impulsó el desarrollo del Despotismo Ilustrado, sistema de gobierno basado en el lema 'Todo para el pueblo pero sin el pueblo'. Los políticos ilustrados de la monarquía emprendieron un programa de reformas con el fin de lograr la modernización de España. Las reformas se enmarcan en el contexto de la Ilustración, movimiento consistente en la reivindicación de la razón como la luz necesaria para alcanzar el conocimiento humano. Las reformas alcanzaron también a la América española, con la fundación del Virreinato de La Plata (1776) para la defensa militar de la región ante los ataques de Portugal e Inglaterra. El nuevo virreinato comprendía los territorios actuales de Argentina, Uruguay y Paraguay y la capital residía en Buenos Aires.

     El marqués de Esquilache, Leopoldo de Gregorio, aprobó una subida de la presión fiscal y la liberalización del comercio con la América española para el incremento de la recaudación de las arcas reales. Las medidas del secretario de Hacienda provocaron el empobrecimiento de las clases populares, debido al encarecimiento de los productos básicos. La extensión de la pobreza entre el campesinado y la prohibición de vestir capa larga y sombrero de copa causaron el Motín de Esquilache (1766). El levantamiento se extendió entre las principales ciudades de España. Carlos III ordenó la regulación de los precios de los productos básicos, el mantenimiento de la vestimenta tradicional, y el exilio del marqués de Esquilache ante el clamor popular. El ministro italiano huyó de España, por el puerto de Cartagena, en dirección a Nápoles.

     El conde de Aranda, Pedro Pablo Abarca, decretó la expulsión de la Compañía de Jesús (1767) de España y su Imperio y la expropiación de sus propiedades, para la construcción de escuelas y hospitales, por su presunta implicación en el Motín de Esquilache. El Papa Clemente XIV respaldó la decisión de la monarquía hispánica con la bula de extinción de la Orden de los Jesuitas (1777). Además, el presidente del Consejo de Castilla implantó el censo de población para conocer la realidad socio-económica del Estado e impulsó la colonización de Sierra Morena para promover el crecimiento demográfico y la lucha contra el bandolerismo. En el reino de Murcia, el conde de Aranda impulsó la refundación de la ciudad de Águilas, con sus propias instituciones de Gobierno para la defensa de la costa y el impulso del comercio con la exportación de los productos de la Huerta de Lorca, tras una visita al Castillo de San Juan en 1765. "Podría formarse un vecindario interesante con caseríos y calles arregladas, para cuya hermosura y comodidad facilitaría por mi parte el plano más adecuado al terreno a los pies del Castillo".

     El conde de Campomanes, Pedro Rodríguez, continuó la política repobladora de Sierra Morena mediante la fundación de nuevas localidades (por ejemplo, La Carolina en Jaén) con inmigrantes centroeuropeos. El secretario de Hacienda y presidente del Consejo de Castilla buscó la reactivación de la economía con la creación del Banco de San Carlos (1762); el desarrollo de la agricultura, con el Tratado de Regalía de Amortización; de la industria de lujo, con la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro y la Real Fábrica de Vidrios y Cristales de La Granja; y de las obras públicas, con la construcción de una red radial de carreteras y del Canal Imperial de Aragón. Además, Campomanes fomentó la constitución de las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País para el desarrollo de la educación, la beneficencia, la cultura y la economía. La sociedad de Murcia nació en el año 1777.

     El político murciano José Moñino Redondo influyó como embajador ante el Vaticano para la supresión de la Compañía de Jesús. Carlos III premió a José Moñino por sus servicios con la concesión del título nobiliario de conde de Floridablanca, y con su nombramiento de primer ministro en 1777. Floridablanca dirigió el Gobierno de la monarquía hasta 1788. En esta etapa, José Moñino ideó la creación de la Junta Suprema de Estado (1787), precedente del actual Consejo de Ministros, para la coordinación de las distintas áreas de Gobierno. Floridablanca favoreció a su tierra natal con la construcción del Canal del Reguerón (para el desvío del cauce del río Guadalentín) y de dos pantanos de regadío en Lorca, Puentes y Valdeinfierno (1785), con el fin de evitar las inundaciones. Por otro lado, la ciudad de Murcia experimentó un gran crecimiento demográfico, hasta los 70.000 habitantes. Asimismo, potenció el desarrollo económico con el comercio de la seda, simbolizado en el nacimiento de la Real Fábrica de Hilar Seda a la Piamontesa (1770). La monarquía hispánica clasificó las actuales pedanías de la Región con los títulos de aldeas de realengo (por ejemplo Beniaján, Puente Tocinos y El Raal) y señoríos seculares (Corvera y Santa Cruz). 

     En Cartagena, Carlos III completó el sistema defensivo del área portuaria con la construcción de la Muralla del Mar (1766), el nuevo cuartel del Rey, el Parque de Artillería y la finalización del Arsenal (1782) para la protección de la capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo. Además, los castillos de Galeras y La Atalaya y las torres de Los Moros y San Julián convirtieron al puerto cartagenero en un lugar inexpugnable para los enemigos de la monarquía en el mar, Inglaterra y Turquía. Los ingenieros militares Mateo Vodopich y Sebastián Feringan se encargaron del diseño de la Muralla de Carlos III. Los muros protegían el casco antiguo de la ciudad, el Arsenal y las cinco colinas y contaban con una extensión de 4’7 kilómetros, 20 baluartes con emplazamientos de artillería, 18 cortinas o tramos rectos de muralla y tres puertas de entrada (las de Madrid, Santa Catalina y San José).

     En el arte Barroco del reino de Murcia, el escultor Francisco Salzillo completó su ilustre obra con las tallas de El Prendimiento y La Última Cena (iglesia de Jesús de Murcia), la Virgen de las Angustias (iglesia de la Purísima de Yecla), La Dolorosa (iglesia de San Nicolás de Murcia), San Bartolomé (iglesia del mismo nombre, en Murcia), y el Belén (Museo Salzillo). Salzillo transmitió sus conocimientos artísticos a sus discípulos José López y Roque López, alumnos de la Escuela Murciana de Escultura. El insigne escultor falleció en 1783 y su cuerpo está enterrado en el Convento de las Capuchinas de Murcia. El estilo Barroco dejó también su impronta en la Casa Consistorial de Caravaca de la Cruz y las iglesias de Nuestra Señora de La Asunción en Molina (1765), la de Santiago en Pliego y la de la Purísima Concepción de Yecla (1775).

     En política exterior, España reafirmó su alianza dinástica con Francia contra el enemigo común, Inglaterra. La nación inglesa perjudicaba los intereses españoles en el mundo a través de la piratería, el comercio de contrabando con América y los ataques a las colonias españolas del golfo de México. Estas causas provocaron la entrada de España en la Guerra de los Siete Años (1756-63) entre Francia y Gran Bretaña en Norteamérica, tras la firma del Tercer Pacto de Familia (1761). Inglaterra consiguió la victoria en Canadá, y el Tratado de París (1763) significó para España la pérdida de la Florida y la costa del golfo de México pero, sin embargo, consiguió la cesión de la Louisiana por parte de Francia. La Guerra de Independencia de Estados Unidos (1776-83) supuso para España y Francia la revancha contra Inglaterra mediante la ratificación del Tercer Pacto de Familia. La monarquía hispánica apoyó extraoficialmente el movimiento de emancipación de las 13 colonias de Norteamérica mediante el envío de tropas, armas y víveres. El gobernador de Louisiana, Bernardo Gálvez, destacó en la lucha contra los británicos por la liberación de la Florida . La victoria de las colonias frente a la metrópoli benefició a España. El Tratado de Versalles de 1783 representó el reconocimiento de la independencia de EEUU y la recuperación española de Menorca y Florida.

  Antonio Gómez-Guillamón Buendía

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