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Historia de la Región de Murcia

La invasión de los pueblos germánicos

Relieve del rey Leovigildo tomando una fortaleza

Relieve del rey Leovigildo tomando una fortaleza

 
Representación de un Concilio católico

Representación de un Concilio católico

 
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Begastri. La Ciudad Perdida

     Los pueblos germánicos invadieron la Península Ibérica y las islas Baleares a principios del siglo V d. C., procedentes del Norte de Europa. Las tribus germánicas conquistaron Hispania ante la decadencia política, económica y militar del Imperio Romano. Los suevos se establecieron en la provincia de Gallaecia, los alanos en la Lusitania y la Carthaginensis y los vándalos en la Bética. Estos últimos saquearon la ciudad de Carthago Nova, en el año 425, durante una incursión militar en la provincia Carthaginensis.

     Roma encomendó a sus aliados visigodos la recuperación del control militar sobre Hispania, a cambio de compensaciones económicas y territoriales. Los visigodos lograron la hegemonía en la Península Ibérica, tras derrotar a los vándalos y alanos, en la mitad del siglo V. Las tribus de vándalos y alanos huyeron al Norte de África en busca de refugio y nuevas tierras. Los suevos fueron los únicos que resistieron con éxito la presión militar de los visigodos en el Noroeste peninsular.

Los visigodos

  Los godos lograron la hegemonía en Hispania tras derrotar a los vándalos y alanos en el siglo V y a los suevos en el siglo VI.

Yacimientos

-Basílica de Algezares (Murcia)
-Begastri (Cehegín)
-La Alquería Alta (Lorca)
-La Jarosa (Lorca)

     Los visigodos fundaron en el siglo V un reino federado a Roma con un territorio comprendido entre el río Loira en la Galia y el estrecho de Gibraltar en Hispania, y con capital en Tolosa (Toulouse). La caída del Imperio Romano de Occidente propició la independencia del reino visigodo en el año 476. Los visigodos perdieron sus territorios en la Galia, excepto la Septimania (siete condados del Sur), tras su derrota frente a los francos en la batalla de Voillé en el 507. La victoria de los francos en la Galia supuso la emigración masiva de los visigodos a Hispania y favoreció la fundación del reino visigodo de Toledo.

     Los germánicos constituían la minoría de la población del reino visigodo frente a la mayoría hispano-romana. Los visigodos se caracterizaban por el desarrollo de una monarquía electiva, el uso de la lengua gótica, la práctica de la religión arriana (herejía dentro del cristianismo) y de las leyes germánicas. Los monarcas visigodos lograron la cohesión social con la conversión de su pueblo al catolicismo con Recaredo en el III Concilio de Toledo (589), la imposición del latín como lengua oficial y la unificación jurídica mediante la aprobación del Código de Leovigildo y del Liber Iudiciorum. El primero permitía los matrimonios mixtos entre hispano-romanos y visigodos y el segundo regulaba el funcionamiento de la Justicia, asumiendo antiguas leyes romanas.

     Los visigodos mantuvieron la administración territorial de Hispania, dividida en provincias: Gallaecia (capital, Braccara=Braga); Lusitania (capital, Emérita Augusta=Mérida); Bética (capital, Híspalis=Sevilla); Tarraconensis (capital, Tarraco=Tarragona); Carthaginensis (capital, Carthago Nova=Cartagena) y Septimania (capital, Narbona). Las novedades de la administración territorial fueron la pérdida de la Baleárica, bajo el control de los vándalos, y la creación de la Septimania en el sur de la Galia. Los visigodos tuvieron problemas para conseguir la unificación de Hispania. La cornisa cantábrica, la Bética y la Gallaecia demostraban su hostilidad al poder germánico y los vascones mantuvieron su independencia hasta el final de la dominación visigoda. El 'morbo gótico del destronamiento', las luchas entre clanes por la sucesión a la Corona, los levantamientos contra la monarquía y las guerras civiles aceleraron la crisis y la caída del reino visigodo de Toledo a principios del siglo VIII.

  Antonio Gómez-Guillamón Buendía

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