Cultura de El Argar en el sureste peninsular [La Bastida de Totana]
Cultura de El Argar en el sureste peninsular
Molienda Argarica
MA Lorca - Molienda Argarica


  A finales del III milenio a.C. se originó en el Sureste de la Península Ibérica la cultura de El Argar, denominada así gracias al estudio de L. Siret en Antas (Almería), en un yacimiento llamado El Argar. Aunque esta cultura convivió con muestras del Calcolítico, supuso un cambio rápido y sustancial con respecto a la etapa precedente, especialmente en lo relativo al urbanismo de los poblados, rituales funerarios, sistemas de producción y áreas de captación de recursos. De igual manera introdujo cambios en la organización social, centrados en una nueva concepción del grupo, controlado por jefaturas personales con poder político y amparadas por un fuerte poder militar. Otra singularidad es la generalización de la actividad metalúrgica en los poblados argáricos, apareciendo en abundancia materiales de cobre, cobre arsenicado, bronce y, en menor medida, plata y oro.

  Factores en el proceso de formación de la cultura de El Argar

-Expansión demográfica durante la etapa precedente (Calcolítico), que se prolongó hasta los últimos siglos del II milenio, englobando la totalidad de la cultura de El Argar.
-Incremento del número y superficie de los núcleos de población.
-Aumento del interés por la explotación de minerales y la realización de piezas metálicas.
-Avances en las técnicas agropecuarias: policultivo mediterráneo de cereales, vid, olivo, horticultura y árboles frutales, así como nuevas crías de animales de mayor tamaño como el caballo.
-Uso de las vías de comunicación para el desarrollo del comercio entre diferentes núcleos de población.
-Cambios de gran importancia en la organización social, que han llevado a muchos expertos a hablar de estado argárico para referirse a la organización de esta nueva sociedad.
-Aumento del control sobre el territorio, especialmente en las áreas de captación de recursos.

  Secuencia cronológica del mundo argárico

  Los últimos estudios proponen cuatro grandes etapas que definen el desarrollo de la cultura argárica:
1. Argar Inicial (2000 - 1800 a.C.): En esta primitiva etapa se introducen ciertos rasgos argáricos en la cultura calcolítica.
2. Argar Antiguo (1800 - 1600 a.C.): El Argar alcanza su plena identidad y se expande por las actuales provincias de Almería, Granada, Murcia, Sur de Albacete y Alicante. Los enterramientos se realizan principalmente en cistas individuales de piedra y comienzan a aparecer elementos de metal entre los ajuares funerarios.
3. Argar Pleno (1600 - 1350 a.C.): Los grandes poblados como La Bastida, El Argar, Fuente Álamo y Castellón Alto se desarrollan plenamente, siguiendo los parámetros de la cultura argárica, especialmente patente en el urbanismo, los enterramientos, la sociedad y la producción. El Argar se extiende hasta el interior peninsular, iniciándose contactos con otras culturas hacia el final de la etapa.
4. Argar Tardío (1350 - 1100 a.C.): Progresiva desaparición de las inhumaciones, paralela a un cambio en las tipologías propias de esta cultura, que comienza a convivir con pueblos del interior peninsular (Cogotas I, procedente de la Meseta) y del Mar Mediterráneo (Fenicios).

  Una nueva concepción de los poblados

  El nacimiento de la cultura de El Algar llevó aparejado un incremento de la superficie y número de habitantes en los poblados, lo que hizo necesaria una nueva concepción del urbanismo para su mejor comunicación y desarrollo. La defensa de la población, el control de las vías de comunicación y de zonas de captación de recursos, así como lugares de pasto para los animales domesticados, son algunas de las motivaciones que primaban a la hora de elegir el lugar donde ubicar un poblado.

  Los emplazamientos en altura, ya fueran cerros o montañas, se encontraron entre los más demandados, siendo algunos de los ejemplos más feacientes de esta circunstancia los poblados argáricos de Fuente Álamo en Almería, Castellón Alto en Granada y La Bastida de Totana. También resultaron comunes los asentamientos en llanura, carentes de elementos defensivos y con una población dedicada a las labores agrícolas y ganaderas. Uno de los ejemplos más representativos es el de Los Cipreses de Lorca.