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Un retrato de Lurqa

Lámpara de vidrio [Lámpara de vidrio de la Sinagoga de Lorca]
Lámpara de vidrio


   Con los árabes Lorca pasó a denominarse Lurqa y se convirtió en una de las ciudades más grandes de Tudmir. Los árabes se asentaron a orillas del Guadalentín y en su fértil valle hicieron florecer una próspera huerta irrigada mediante una completa red de regadíos. El campo lorquino estaba salpicado de alquerías situadas en torno a una fuente o un curso hídrico, constituyendo una red de población rural, caso de Feli, Los Algüeces, La Quintilla o Torralba.

   La ciudad árabe de Lorca estaba dominada por un alcázar que coronaba un cerro, a cuyas faldas se extendían los arrabales ocupados por una laboriosa población dedicada al comercio y la artesanía. Desde lo alto del cerro se divisaba una espléndida panorámica de la huerta y los alminares de unas mezquitas que ocupaban los lugares donde más tarde se alzarían los campanarios de las iglesias de San Juan, Santa María y San Pedro. La población lorquina también se dedicaba a la explotación de las minas de ocre. Águilas se configuró desde el principio como el puerto de Lorca, con una intensa navegación de cabotaje para la entrada y salida de productos.

   Lurqa fue una ciudad próspera y en continua ebullición, lo que quedaba reflejado en los zocos de la ciudad, donde los árabes agrupaban sus comercios por actividades. Las familias organizadas como clanes articulaban la sociedad islámica de una época en la que la posesión de tierras se fue configurando como el garante de poder socio-económico, roto de forma brusca en el siglo XIII con la Reconquista cristiana.

   En su época final de reinado, Ibn Mardanix dotó a la ciudad de Lurqa del complejo amurallado tan característico del Medievo. Con la llegada de los almohades y el acecho cristiano, las tareas de fortificación se multiplicaron para proteger los resultados de una bonanza socioeconómica que no había dejado de existir desde el siglo X. Un circuito de murallas de gran alzado se extendía desde la Velica a la puerta de San Ginés, siguiendo paralela entre la calle Zapatería y la Cava, hasta las inmediaciones del actual Pósito, donde quebraba su dirección y giraba hacia San Pedro y el Castillo.

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