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La rotura del pantano de Puentes

Plan geométrico del pantano de Puentes
Plan geométrico del pantano de Puentes
 
Pantano de Puentes en La Tova (Lorca) [La Tova]
Pantano de Puentes en La Tova (Lorca)

Robles-Vives llegó a su ciudad natal el 22 de febrero de 1785. El 1 de marzo siguiente comenzaron las obras de construcción de los pantanos. Se decidió que el embalse principal estuviera ubicado en el estrecho de Puentes, mientras que el segundo se levantaría en la garganta de Valdeinfierno, aguas arriba del anterior. Robles Vives ordenó erigir una especie de poblado en las cercanías del lugar donde tenían lugar las obras del pantano de Puentes con el fin de agilizar su construcción.

En aquel lugar dispuso la edificación de almacenes para guardar herramientas y enseres y de una oficina para la custodia de caudales y contabilidad. Con el fin de tener bien comunicados ambos pantanos, y poder movilizar los trabajadores de Valdeinfierno a Puentes, mandó trazar un camino que unía ambos embalses. Pese a que durante la construcción del pantano de Puentes hubo algunos problemas por las filtraciones, éste se encontraba ya en estado de represar agua el 3 de diciembre de 1788, y quedó totalmente cerrado a finales de 1791.

Informes negativos

Un año más tarde, el Conde de Floridablanca fue destituido por Carlos IV y desterrado a Murcia. Robles-Vives que mantenía una seria polémica con los propietarios de las aguas del Guadalentín (la mayoría oligarcas locales que se oponían a la construcción del pantano porque se acabaría su privilegio de "dueños del agua") corrió una suerte parecida a la de su cuñado y fue desterrado a Albacete.

Tras el cambio en la situación política, el Corregidor de Lorca pidió un estudio de las obras de los pantanos a Pedro de Ibargüen, Ingeniero-Jefe del Departamento de Cartagena quien ofreció unos informes muy positivos sobre el pantano de Valdeinfierno Sin embargo, su opinión sobre Puentes es bien distinta "No con igual seguridad se pueda abordar la duración y servicio del pantano de abajo, por haberse fundado su cuerpo central sobre arena y pilotaje y el resto de sus extremos sobre la peña viva de los montes laterales, cuya invencible firmeza a todo peso puede proporcionar alguna fracción o rotura del edificio, si la parte que funda sobre la arena hiciese algún asiento antes de su petrificación o después a causa de una imperceptible filtración en el macizo o por el movimiento de algún terremoto".

Tras conocer el informe de Ibargüen, el Consejo de Castilla decidió realizar una nueva revisión que encargó a Pedro de Albizu y al Marqués de Ureña el 28 de junio de 1792. Los informes de ambos expertos fueron contradictorios. Ureña, que desde un primer momento se mostró muy cercano a los intereses de la oligarquía lorquina, fue muy crítico con las obras del pantano de Puentes, no sólo por las filtraciones o por la inseguridad de las mismas, sino también porque cuestionó su utilidad y apuntó que los cálculos económicos eran erróneos. Por su parte, Pedro de Albizu realizó un informe favorable y acusó a Ureña de dejarse influir por la opinión de los oligarcas locales.

Finalizan las obras

Como los argumentos eran contradictorios, y la presión que ejercían Martínez de Lara y Robles-Vives (este último desde su destierro) era muy insistente,  el Alto Organismo decidió levantar la suspensión de las obras en Puentes y mantenerla en Valdeinfierno. El Fiscal de la Real Empresa, Ginés Hernández, fue designado coordinador de las obras hasta su finalización. Entre abril y junio de 1794, los pantanos represaron los aluviones de cuatro riadas subiendo las aguas 37 varas en el de Puentes y 23 en el de Valdeinfierno. La utilidad de los pantanos no tardó en demostrarse, ya que gracias a las aguas represadas de la tormenta que se produjo el 4 de mayo de 1794 se evitó una riada que podía haber acabado en catástrofe. Sin embargo, las filtraciones continuaban y en 1797 llegaron a preocupar a Martínez de Lara, quien hasta ese momento había defendido con gran firmeza la solidez de la obra que había proyectado.

En 1795 Robles-Vives se benefició de un indulto de Godoy, y tras vivir unos años en Madrid, regresó a su tierra. Se instaló durante un breve periodo de tiempo en Águilas y después marchó a Lorca en donde acabaría sepultado por las aguas del pantano que tanto había defendido.

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