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La Morera

Estación Sericícola de Murcia en los años veinte Archivo fotográfico Felipe González Marín

Estación Sericícola de Murcia en los años veinte Archivo fotográfico Felipe González Marín

Detalle de una Morera

Detalle de una Morera

Hojas de morera

Hojas de morera

 

Si hubiese que representar a la región de Murcia por medio de un árbol, este sería sin duda una morera. Su cultivo estuvo ligado a nuestra región desde tiempos remotos, como fuente de riqueza que fue, sirviendo de alimento al gusano de la seda.

Vamos a dedicarle esta monografía, al objeto de conocer un poco mejor las cualidades de este magnífico árbol, del que todo en él es aprovechable.

Que se trata de un árbol conocido desde la más remota antigüedad, no puede ofrecer la menor duda.

Desde el primer momento que hablamos del gusano de seda, forzosamente hemos de tener presente a la morera, único alimento de este insecto.

La tradición china, por el año 2.650 aC., recogida en los escritos de Confucio, filósofo e historiador chino, refiere la cría del gusano de seda y el arte de aprovechar la preciada hebra, en el hilado y tejido de la seda.

El libro más antiguo que habla algo de seda es la'obra de Tschu-King o "Libro por Excelencia", del que hizo una traducción al francés el misionero P. Gaubil en 1759. Este libro describe todas las dinastías del Celeste Imperio, y precisamente, al citar a la dinastía

King-gin-cha, año 2.357 a.C., en la época del emperador Yao, habla de la seda y del arte de hilarla.

La morera es mucho más antigua que esas remotísimas fechas que hemos citado; porque antes de que hubiese un solo gusano de seda, de la especie Bombyx mori, en la tierra, tenía forzosamente que existir un árbol de morera, que le sirviese de alimento y de cuyas hojas comería en estado salvaje.

La morera, en su especie MORUS NIGRA (moral) era conocida en España antes de la venida de los árabes, y a ella se refiere San Isidoro en sus Etimologías (años 620 a 633), en el libro XVII, de la Agricultura, capítulo VII, que trata de los nombres propios de los árboles; en su apartado XIX dice: "MORUS (morera), llamada así por los griegos y al que los latinos llamaban rubum, porque sus frutos son de color rojo obscuro. Hay una morera silvestre que da frutos, con los cuales remedian su hambre y necesidad los pastores. Sus hojas puestas sobre las serpientes, dicen que las mata".

La morera en su especie MORUS ALBA es de origen asiático. Fue introducida en Europa a mediados del siglo XII

Según relato de Procopio, en su libro "DE BELLO GOTHICO IV", capítulo 17, que coincide con otra traducción china publicada por Samuel Bear en 1864, en su obra SiYu-Ki, Budaits Records, dos monjes de la orden 'de San Basilio entregaron al emperador bizantino Justiniano, junto a simiente de gusano de seda, semilla de morera (morus alba), desconocida en Occidente y distinta de la morera negra, ya cultivada en los jardines bizantinos y romanos.

Hasta comienzo del siglo XIV, el moral fue la base de la alimentación del gusano de seda en España, siendo sustituida poco apoco por la morera blanca (morus alba).

En Murcia, los primeros documentos que hablan de que pagasen diezmos la morera y la seda, datan del año 1538, dado por el Decano D. Sebastián Clavijo, gobernador y Vicario General, en que se quejaban los agricultores de Lorca que tributaban primero en hoja y después en "capullo", y parar subsanar este abuso se expidió la Real Cédula dada por Carlos 1, el 10 de julio de 1537 en Valladolid, consiguiéndose que solo diezmasen las moreras.

Según el Licenciado Cascales, historiador de nuestra ciudad, en la época de mayor esplendor, había en la provincia unas 355.000 moreras, que criaban unas 40.000 onzas de simiente.

Tanto Elgueta como D. José de Echegaray, padre del gran dramaturgo murciano, consideran el número de moreras en 600.000, basándose en la cantidad de hoja necesaria para criar 40.000 onzas, teniendo en cuenta que hacen falta unas 15 moreras de 60 Kg. De hoja cada una para obtener una onza de simiente de gusanos indígenas de aquella época.

Estas moreras estaban repartidas en las 100.000 tahúllas regadas por el Segura desde la Contraparada a Beniel, de las cuales la mitad, o sea 50.000, se denominaban de riego moreral, en la obligación, según las ordenanzas de esta huerta y los contratos de arrendamiento, de contener un mínimo de 12 a 15 moreras por tahúlla.

Fue en los siglos XVI al XVIII cuando la morera llegó a su mayor área de cultivo, alcanzando los dos millones de ejemplares.

A mediados del siglo XIX hace su aparición una terrible enfermedad del gusano de seda: la pebrina (Nosema Bombycis). Empieza en Francia, pasa a Italia, a España y al resto de los países mediterráneos.

Los sederos, al no encontrar soluciones contra esta enfermedad, abandonan la cría del gusano de seda y, lo que fue peor, arrancan extensos morerales en toda España.

Cuando los estudios de Pasteur, publicados en 1870, marcaron nuevas orientaciones que daban seguridad a las cosechas, fue tarde para nuestro país, ya que el daño ya estaba hecho. Así desapareció toda la industria sedera en Andalucía occidental, Castilla y Aragón, y se redujo enormemente en Valencia, Almería, Granada y Albacete. Solo Murcia y Orihuela, manteniéndose fieles a sus tradiciones, evitaron la fatal desaparición de la industria sedera en España, conservando sus moreras.

El 3 de mayo de 1892 fue creada, por Decreto, la Estación Sericícola, que se ubicó en Murcia. Su principal objetivo fue hacer resurgir la industria sedera, aumentando el cultivo de la morera, distribuyéndola gratuitamente entre los sederos que las solicitaban, al mismo. tiempo que divulgaba las nuevas prácticas para la crianza con miras a evitar enfermedades, aumentar el rendimiento, etc.

Según datos de ese mismo año, el número de moreras en España era de 695.863, repartidas en 48 provincias, correspondiendo a Murcia 326.540, a Alicante 89.500, a Valencia 62.076, a Albacete 38.150, a Canarias 25.000 y en menores cantidades a las demás provincias.

En el año 1929, con motivo de los conflictos financieros de América del Norte, ésta deja de comprar seda a Japón y esta nación, para dar salida a sus enormes "stocks" de seda, no ve otra solución que invadir el mercado europeo a precios sin competencia. Pone la seda hilada a 18 ptas./Kg. clase extra, título 13/15, en puerto español, en tanto que a nosotros nos costaba, solamente la operación del hilado, 31 ptas./Kg. El kilogramo de capullo llega a pagarse en España a 1 peseta. De esta crisis no se consiguió salir en más de 20 años, y como consecuencia de ella fueron arrancadas miles de moreras, sustituidas por limoneros, naranjos, frutales y otros cultivos. Solo hubo una región, la de Murcia, que continuó fiel a su tradición y siguió produciendo capullo de seda y plantando moreras, o por lo menos conservándolas.

En el año 1941 se incorpora el Servicio de Sericicultura al Instituto de Fomento de la Producción de Fibras Textiles, teniendo su sede en la Estación Sericícola. Esto da un gran impulso a la sericicultura nacional, al disponerse de más medios económicos. Se crean cinco zonas de fomento sericícola en varias provincias españolas, mandando a ellas personal especializado; se dan cursillos, se hacen plantaciones de moreras y praderas de las mismas, al objeto de implantar rápidamente la cría del gusano de seda, se protege al cosechero, garantizándole un precio de compra a su cosecha, etc.

La disminución continuada de la cosecha de seda desde el año 1953 (619.741 Kg. de capullo de seda) hasta el año 1976 (31.960 Kg. de capullo), no tuvo más remedio que repercutir negativamente en el cultivo de la morera, y bien se puede decir que solo el cariño y el apego que a su tradición tiene el huertano murciano ha impedido que desaparezca la totalidad de las moreras de la Huerta de Murcia.

 

FELIPE GONZALEZ MARIN
Abril del año 2000

 

 

 

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