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Vegas y regadíos

Nuevos regadíos

Nuevos regadíos
Vicente Hernández Gil

Abandono de bancales y terrazas

Abandono de bancales y terrazas
Vicente Hernández Gil

Huerta tradicional

Huerta tradicional
Vicente Hernández Gil

Pérdida de huerta tradicional a manos de un urbanismo mal entendido en La Morra (Villanueva del Segura)

Pérdida de huerta tradicional a manos de un urbanismo mal entendido en La Morra (Villanueva del Segura)
Vicente Hernández Gil

Cultivos [Vegas y Regadíos]
Cultivos
Vicente Hernández Gil
 
Avance desmedido de la ciudad a costa de un recurso escaso y no renovable, el suelo fértil [Vegas y Regadíos]
Avance desmedido de la ciudad a costa de un recurso escaso y no renovable, el suelo fértil
Vicente Hernández Gil


     La base de la agricultura murciana son los "nuevos regadíos". Grandes extensiones de áreas de secano y de terrenos antes incultos, están hoy ocupados por una agricultura moderna, intensiva e industrializada, que pone el acento en las grandes producciones y en unos pocos productos, mediante la utilización masiva de energía externa. El tamaño de las explotaciones es considerable, y pertenecen a grandes empresas agrícolas que realizan policultivos con una alta tasa de rotación. El riego se realiza mediante grandes embalses acumuladores y complejos sistemas que aplican agua y fertilizantes por goteo. Ya no dependen de las lluvias.

     La puesta en marcha del trasvase Tajo-Segura, ha hecho posible la última ampliación del regadío. Sin embargo, el agotamiento por excesiva explotación de los recursos hídricos subterráneos y las crecientes necesidades urbanas e industriales, unido a la irregularidad en las aportaciones del río Segura, limitan las posibilidades de expansión.

     Este tipo de agricultura intensiva conlleva la utilización masiva de pesticidas y abonos, que son aplicados en grandes extensiones del territorio, teniendo como consecuencia la contaminación tanto de las aguas subterráneas como de las superficiales, y de los suelos. Uno de los contaminantes más extendidos en los acuíferos regionales son los nitratos, derivado del uso masivo de fertilizantes nitrogenados, lo que ha dado lugar a la inutilización de estas aguas para el consumo humano.

     El uso masivo de plaguicidas, especialmente de insecticidas y fungicidas, es otra fuente importante de contaminación acuática. Miles de toneladas de estos productos se utilizan cada año en la región, sobre todo en los cultivos de mayor consumo: agrios, frutales y hortalizas, con el peligro que ello conlleva en la salud de los ecosistemas.

     Otro proceso relacionado directamente con este tipo de regadíos es la salinización del suelo, particularmente grave en el sureste español. El problema se agrava debido a la capacidad de evaporación del clima mediterráneo de manera que se concentran en el suelo elevadas cantidades de diversas sales solubles, como sulfatos, cloruros y carbonatos. A largo plazo los efectos de la salinización son devastadores, determinando incluso el abandono total de la tierra, que queda totalmente degradada.

     Parece evidente que los métodos de la denominada agricultura moderna suponen una regresión de la vida silvestre en muchos casos, y una fuente de problemas ambientales. También es obvio que la expansión del regadío ha generado un notable desarrollo económico y el incremento del nivel de vida de los agricultores, impensable en los secanos. Sin embargo, este tipo de desarrollo agrícola conlleva elevadísimos riesgos en relación con el abuso de recursos tan valiosos, como el agua y el suelo.

     Hasta hace poco la agricultura transformaba en cultivos las tierras más adecuadas para ello: las de relieve llano, menos erosionables, de suelo más fértil, mejor irrigadas, etc. En la actualidad, esa tendencia ha variado considerablemente y se roturan, para instalar regadíos, terrenos inadecuados, de excesiva pendiente, salinos... incluso ocupando y modificando las redes de drenaje. A ello se dedican ingentes cantidades de dinero, mientras que se ha abandonado la huerta tradicional, desvalorizada en el ciclo económico actual. El despilfarro de suelo fértil que ello representa supone hipotecar un recurso que puede ser muy necesario en el futuro.

     La huerta tradicional, arrinconada y maltrecha, puede ser una opción de futuro para muchos jóvenes, y tener una salida en la agricultura ecológica, aquella que hacían nuestros abuelos, sin utilizar productos químicos de síntesis. Se pueden obtener productos de gran calidad, certificados, y con denominaciones de origen, que utilizan otras vías de distribución, alcanzando precios más acordes con el mercado al que abastece, y con los que se puede alcanzar el sueño de una agricultura sostenible, que mantenga económicamente a sitios como el Valle de Ricote, y otros preciosos rincones regionales, sus tradiciones, cultura, fauna, paisajes… para nuestros descendientes.

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