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IGLESIA DEL SALVADOR DEL CONVENTO DE VERÓNICAS

Obras

Detalle del Interior

Detalle del Interior

Detalle de la Portada

Detalle de la Portada

Vista de la Iglesia

Vista de la Iglesia

La iglesia de Verónicas era una de las más ricas en imaginería. En el interior de la clausura se guardaban importantes relicarios, pequeños retablos en capillas particulares, pinturas e imágenes, junto con crucifijos de celebración y Niños de Belén.

Albergaba las siguientes obras de Francisco Salzillo: San Roque, San José y el Niño Jesús, San Francisco de Asís y un Niño Jesús.

Se conservan veinticinco pinturas y destaca la de Santa Brígida, anónimo del siglo XVII. Entre las piezas más señeras de escultura destaca una Inmaculada de Escuela Madrileña del siglo XVII.

La portada de la iglesia es de tipo retablo y contiene tres esculturas de los santos titulares: en el centro la  del Salvador, a su izquierda la de San José, que es la mejor realizada, y a su derecha la de San Francisco, las tres de 1,10 metros de altura.

Inmaculada, de Francisco Salzillo (1707-1783). Talla en madera policromada y estofada, con peana: 105 x 56 x 50 cm. Hoy en el nuevo Convento de Verónicas, de Algezares. Catalogada como obra de primera época de Salzillo está claramente relacionada con la Santa Bárbara de San Antolín de 1730, por la posición de las manos, modelado del rostro, etc.

La Virgen y San José, escuela de Salzillo. Madera policromada. Imágenes de vestir: 60 cm. Con un exquisito modelado nos recuerda la obra salzillesca, y debieron pertenecer al Nacimiento del belén de la clausura. Destacar las lujosas vestimentas de gusto rococó y los sombreros.

Virgen de los Peligros, también llamada de Sopetrán. Madera policromada. Escultura del carácter popular. Según la tradición recogida desde muy antiguo por las religiosas de este convento, la imagen proviene de Madrid, probablemente del monasterio de Sopetrán. De composición formal estática y rígida, es una escultura bastante proporcionada, y de fisonomía naturalista. Por ello podría fecharse a lo largo del siglo XV. En el manto de la Virgen se plasma el tema eucarístico propio de la época posterior al Concilio de Trento, por lo que la policromía debe ser posterior a la talla de la escultura.

Santa Isabel de Hungría, de Nicolás Salzillo (1672-1727). Madera policromada y estofada. Proviene del Convento de las Isabelas.

San Roque (anterior a 1747), de Francisco Salzillo. Madera policromada. Es el modelo de la versión que hizo el escultor para la cofradía de los Alpargateros, ahora depositada en la parroquia de San Andrés, hecha en 1757. Guarda similitudes con otras obras, especialmente con el San José y el Niño de Santa Clara la Real de Murcia, como el balanceo del cuerpo y la forma de establecer la comunicación entre las figuras.

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