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Origen histórico del Palacio Episcopal

En 1.733, la inundación del Segura a Murcia y su Vega ocasionó graves quebrantos no sólo en la economía de la región, sino también en las obras arquitectónicas más importantes de la ciudad.

La vieja fachada de la catedral, construida por Jerónimo Quijano en su cuerpo bajo, se vió afectada por graves desplomes que aconsejan, tras numerosas consultas, su demolición. Frente a esta, se alzaba el viejo Palacio Episcopal murciano, del que es de suponer que también vería afectados sus cimientos por la alteración higrométrica del subsuelo arcilloso.

A mediados del 1.736 se reclamaba la presencia de Jaime Bort en Murcia a donde se trasladó con el fin de redactar el nuevo proyecto para la fachada de la catedral, que iniciaron enseguida a construir con la colaboración del ingeniero militar Feringan. Evidentemente al nuevo desarrollo dado a esta fachada pondría a la vista la necesidad de ampliar la plaza situada ante la catedral, exactamente en el lugar en donde se encontraba el antiguo palacio del obispo.

Se decidió entonces la construcción de un nuevo edificio, desplazado hacia los solares del Marqués de los Vélez, es decir, emplazándolo entre la nueva plaza recién creada y la margen izquierda del río Segura, y en íntimo contacto con el Seminario de S. Fulgencio que ya funcionaba, aunque inconcluso, desde finales del siglo XVI.

Las obras iniciadas por el obispo Mateo empezaron precisamente por el Martillo en donde se ubicaron las dependencias residenciales del prelado con una logia y un mirador recayente hacía el río. Posteriormente se continuaron las obras por la fachada de la Glorieta para terminarlas, tras varias alteraciones en el proyecto original, en la zona de la plaza de Belluga. Hacia el 1.748 intervinieron sucesivamente los alarifes locales Pedro Pagan y José López cuando ocupaba la sede el obispo Rojas. A ellos se les debe quizá, en buena parte, el proyecto y ejecución del Martillo.

Como visitador de las obras e inspector o consultor accidental figuró en alguna ocasión -siempre después del 1.755- el arquitecto italiano Baltasar Canesto, que por entonces figuraba como sobrestante en las obras del Palacio Real de Madrid. Es posible que se deba a éste la implantación cuadrada del Palacio Episcopal por las innumerables referencias que hacen a lo romano en cuanto a su concepto arquitectónico, aunque luego los detalles obedezcan a formas locales a veces un tanto desacordes a la idea arquitectónica general del proyecto.

Las obras proseguían muy lentamente, concluyendo por fin en 1.777, según Kubler, después de haberse alterado sustancialmente la idea primera de la fachada de dobles puertas recayentes hacia la plaza de Belluga. En las obras se invirtieron casi 30 años lo que explica muchas de las variantes estilísticas que se dan en el edificio.

Aunque está sin documentación, es posible que en el siglo XIX se cerrara 1a logia del piso principal con las triforas hoy existentes recayentes, dos hacia el río y otras dos, una a cada lado, del cuerpo principal, así como los distintos textos de sus acabados.

Que el Martillo se planteó con independencia de la idea global del proyecto de Palacio, lo indica la conexión forzada del pasillo de enlace con forma cuatro y las conexiones de la entreplanta del Martillo con la entreplanta de una de las esquinas del Palacio.

En cualquier caso estas conexiones, hoy clausuradas, desde hace muchos años habían de recuperarse cuando la biblioteca incorpore parte de los bajos del Palacio como archivo muerto de los mismo. Lo que si es cierto, que ese pasillo de cuatro presenta una decoración con cornisas acabadas en volutas que reclaman, como en tantas otras obras murcianas (S. Antonio el Pobre, fachada de la Catedral, etc...) la mano de José López.
Interior del Palacio Episcopal
Interior del Palacio Episcopal
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