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Etnografía antropológica del flamenco en Granada. Libro de Manuel Lorente

Manuel Lorente
Manuel Lorente

 Por Alberto González Troyano

Manuel Lorente Rivas

Etnografía antropológica del flamenco en Granada.

Editorial Universidad de Granada, 2007.

No suele ser frecuente que un investigador, en antropología, reúna a su vez una larga experiencia previa como miembro activo del campo mismo que ha de estudiarse. En estos raros casos se superponen los estatutos del intérprete y del objeto interpretado, y esta reducción de distancias entre uno y otro puede resultar sumamente beneficiosa cuando se trata, además, de materias de investigación con un lenguaje, unos ritos y unos códigos muy cerrados, y de difícil acceso para los que quieren adentrarse y romper con la habitual postura del mero observador.

El flamenco es uno de esos mundos que, tras una apariencia de manifestación muy difundida y enraizada -quizás de las que más, entre las tradiciones culturales andaluzas- mantiene, a pesar de ello, un gran hermetismo: sus fronteras, dada la peculiaridad y el origen de sus ejecutantes, no son fáciles de traspasar si se pretende ir más allá del umbral de la simple contemplación Pero el itinerario biográfico de Manuel Lorente acumulaba, por fortuna para su investigación, una serie de vivencias y prácticas -con un recorrido por todas las escalas de la profesión- que le han permitido conocer extensamente, y desde dentro, los distintos avatares del fenómeno social y musical del flamenco. Mas para que esas vivencias significasen algo más que mero testimonio debían ser sometidas al rigor de unos planteamientos antropológicos exigentes y venir avaladas por unos análisis y unos métodos que le permitieran transformar su experiencia personal en conocimiento fundado y reflexión válida también para los otros. Debía contrastar, iluminar, pues, sus propias testificaciones previas con la documentación que ha ido generando, a través de otras fuentes, el flamenco.

En principio, ha circunscrito Manuel Lorente el campo de su indagación a Granada y se ha valido, además de su propia práctica, de documentación extraída de la prensa local, y de entrevistas y confesiones aportadas por significativos participantes del mundo del flamenco. Se adentra en la mitad del siglo XIX para aportar las primeras "descripciones que se ofrecen al imaginario local y extranjero, enmarcan a los cantes y bailes en un contexto de vinazo, navaja, lujuria y pasiones sin valla, quedando de esta manera el flamenco caracterizado con los estigmas del vicio y la bajeza moral", después irá cotejando a través de su recepción en la prensa periódica "los cambios de orientación que va asumiendo el estereotipo, hasta ahora malo y negativo [aunque a partir de un determinado] momento se pone en evidencia que puede contribuir al desarrollo de esa nueva fuente de riqueza que representa el turismo" Así, de manera paulatina, procura ir desvelando los mecanismos subyacentes de cada época. En unos casos el flamenco será idealizado en parte, falsificando los orígenes, en otras ocasiones será condenado, mostrando su más cruda realidad. Todo ello en connivencia y complicidad con las grandes transformaciones sociales de la historia contemporánea de Andalucía.

Ese hilo conductor diacrónico le ha permitido entretejer con datos específicos unos ejes a partir de los cuales vertebrar su discurso. El esfuerzo restante, que es lo más valioso de su trabajo, ha consistido en someter esos datos a unos criterios antropológicos y a una visión critica que no repitiese los socorridos tópicos de la plasticidad literaria y artística del flamenco, o de su papel, en sus orígenes, como forma popular de sublimación frente a las injusticias sociales andaluzas. Tampoco ha recaído en la ingenua -a estas alturas- polémica sobre la proporción fundacional que debe concederse a gitanos y a andaluces en el nacimiento del flamenco. Esas cuestiones pudieron tener más o menos validez en otros tiempos, en los años en que se inició la recuperación de su imagen, y con esos objetivos han llenado sus páginas muchos eruditos, flamencólogosy aficionados a la escritura. Pero el libro de Manuel Lorente tiene ya como primera virtud no reincidir en caminos tan transitados: su desafio ha consistido, precisamente, en eludirlos y emprender otros métodos para confrontarse con tan difícil mundo.

A este respecto, la ayuda de Juan Antonio González Alcantud -director de la tesis doctoral que fue la primera versión de este libro y autor de unas breves pero enjundiosas y radicales, en cuanto a criterios, páginas introductorias- ha podido facilitarle a Manuel Lorente estímulos para una labor en la que no contaba con muchos antecedentes académicos y universitarios aplicables. Porque quizás el mayor problema que aguardaba a un nuevo investigador residía en el predominio de unas tendencias interpretativas que se habían afincado en el flamenco y que, como consecuencia, parecían haber hecho ya innecesario otro tipo de aproximaciones. Este libro ha roto con esa inercia y de su fruto se beneficiarán los estudiosos del flamenco y la práctica antropológica. Además, con esta nueva visión de uno de sus fenómenos más peculiares, se reafirma la pluralidad de fonnas posibles de comprender e interpretar la cultural andaluza.

Alberto González Troyano

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