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Los senderos no hollados. Reseña de Arcángel, Ropavieja (2006)

El cantaor onubense Arcangel durante su actuación en el XLV Festival Internacional del Cante de las Minas

El cantaor onubense Arcangel durante su actuación en el XLV Festival Internacional del Cante de las Minas

Ropavieja
Ropavieja
Arcangel

            Nuevo disco del cantaor onubense Arcángel, tercero en su discografía, en el que cuenta con la producción del guitarrista y compositor Isidro Muñoz, quien anteriormente ya había firmado trabajos para José Mercé, Duquende o La Macanita y discos colectivos como “Territorio Flamenco”, y al que debemos, como autor, algunas de las joyas del flamenco más audaz de los noventa: la seguiriya que interpreta Enrique Morente en la película “Flamenco” de Carlos Saura o la soleá  “Adán”, perteneciente al disco “Omega” del mismo cantaor, valdrían como ejemplo. Le acompaña esta vez en la guitarra -tan solo en la taranta lo hace M. Ángel Cortés- otro de los novísimos ejemplos de sobredotación musical a los que nos tiene acostumbrados la guitarra flamenca, Daniel Méndez.  

            Arcángel, pese a su juventud, es de unos años a esta parte una referencia ineludible en el flamenco. Baste para ello reconocer su soniquete en primeros trabajos recientes de nuevos cantaores o las controversias que genera su posición en los carteles entre parte de la afición. De ahí las expectativas creadas y la exigencia a la que se somete su trabajo.           

            Lo más interesante de este “Ropavieja” es la hermosa y profunda trilla “Humeaban las chozas” que el cantaor dice de forma desgarrada, vibrante, patética, amartineteando el cante que se sirve sobre un lecho sonoro de reverberaciones industriales, metálicas, herrumbrosas, en contraste con el carácter campesino del estilo. Arreglos -del compositor Mauricio Sotelo- que encienden la flama que crepita  hasta llegar a la combustión en la seguiriya: de herencia, al trote, cabalgada sobre el compás, lanzando los tercios al cielo e incendiando la queja.

            Abanico interpretativo en las alegrías, luminosas, exquisitas en la producción ya desde el temple inicial y el arreglo de la guitarra, con referencias gaditanas y cordobesas y algún eco  de las aportaciones al estilo del maestro Morente.

            Los fandangos de Huelva, especialidad de la casa, están interpretados magistralmente, persiguiendo la dificultad, con largura,  derrochando recursos y cadencia, conducidos con un estribillo cantado a coro que logra eludir la maldición del lerelenainona.  Destacables las bulerías jerezanas, acompañadas únicamente de jaleos y palmas, todo un alegato en la innecesaria defensa de sus cualidades cantaoras. Menos acertados son los tangos que abren el disco, de confusa trascripción, o el intrascendente bolero final. De un modo distinto, la taranta suena extemporánea dentro del conjunto.

            En este trabajo se mantienen las constantes de la obra anterior del cantaor: actualización/renovación de las coplas, búsqueda de un sonido propio, combinación de estilos flamencos con algún crossover y, por encima de todo, la ambición de ser un cantaor singular. Los resultados son desiguales, con asimetrías que dan un resultado final que aspirando a ser redondo alcanza tan solo a dibujar una elipse. A veces por unas coplas que no terminan de sonar creíbles, a veces por un regusto final: que camino de la afinación, del compás, de la melodía, de la cuadratura, de la búsqueda, se ha perdido emoción e intensidad.

            A Arcángel, despectivamente, se le ha querido agrupar y clasificar -junto a Miguel Poveda, Mayte Martín, Estrella Morente y otros- como cantaor lírico, apolíneo o neobarroco que recupera la búsqueda de la melodía, del trino, frente al flamenco verdadero de las voces negras y afilladas -el único flamenco posible para muchos-, el de las fatigas y el hambre -¿qué hambre?-, obviando interesadamente que, dentro de este grupo, se están dando algunos de los más sugestivos intentos de aportaciones personales al cante, que van más allá de la mera repetición de los estándares del género. Una postura vital y artística de amor y respeto a la tradición y a la memoria de los creadores que les precedieron: Camarón, Chacón, Marchena, Pastora, Caracol y tantos otros que no se contentaron con la mera reproducción.

            Se otea  un camino para valientes antes de llegar a ese horizonte creador soñado por Arcángel, un transitar que podría usar los versos de Whitman  como estandarte:”Por senderos no hollados, /entre la vegetación a las orillas de los estanques, /huyendo de la vida que hace gala de sí misma,/de todas las normas publicadas hasta el momento,/de los placeres, beneficios, conformismos,/con los que con demasiada frecuencia alimentaba a mi alma (…)”.

Francisco Sarabia Marchirán

Director del Centro Cultural L’Escorxador

Elche, Alicante

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