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X FESTIVAL DE JEREZ

Rocio Molina
Rocio Molina
Paco Vargas

Del 24 de febrero al 11 de marzo de 2006

EL TRIUNFO DEL SENTIDO COMÚN

Paco Vargas

    Cinco días viviendo el Festival de Jerez dan mucho de sí y una perspectiva lo suficientemente esclarecedora sobre el mismo, lo que nos lleva a la primera conclusión: cumplir diez años un festival de las características del que nos ocupa es todo un mérito, pero es de justicia reconocer que este mérito tiene tras de sí una capacidad de gestión que bien pudiéramos tachar de envidiable y de la que debiéramos aprender todos (ahí van algunos datos: 16 días de duración, casi 27.000 espectadores, casi 900 participantes en las actividades de formación, lleno diario en el Villamarta y setenta y cinco por ciento de asistencia en el resto de escenarios…), pues este Festival, que nació hace una década con la incertidumbre propia de lo que empieza, hoy es una cita obligada del mundo flamenco a lo largo de dos semanas –el formato razonable, según Paco López, director del Festival- en las que Jerez se convierte en la capital del arte flamenco por mor de una organización que dirige el Festival con una metodología moderna y eficaz: desde el trato respetuoso y digno que tiene hacia los medios de comunicación –setenta periodistas, españoles y extranjeros, acreditados - hasta la atención al visitante pasando por las publicaciones y programas, lo cual que nos ofrece la primera clave del porqué del éxito del Festival de Jerez. Y es que cuando el sentido común, la experiencia y el conocimiento se juntan en pos de unos objetivos bien diseñados previamente, el triunfo está casi siempre asegurado.

    Cuarenta y siete espectáculos, en los que el baile –de acuerdo con la línea estética del Festival- tiene un protagonismo evidente, aunque sin olvidar el cante y la guitarra, han dado contenido a esta muestra, repartidos a lo largo de dieciséis días y cinco escenarios (Teatro Villamarta, Teatro de Guadalcacín, Sala La Compañía, Palacio de Villavicencio y Bodega Los Apóstoles) y agrupados en distintos ciclos (Novísimos, Café Cantante, De la Frontera, Los Conciertos de Palacio o Bordón y cuenta nueva) que acogen a los que ya son y a los que aspiran a serlo, propiciando el encuentro de dos generaciones para que aprendan y enfrenten sus distintos conceptos del arte flamenco. Ésta es otra de las claves del conocido éxito del Festival de Jerez. No se nos olvida, empero, el papel de las Peñas Flamencas de Jerez, que cada noche abrían sus puertas para que los que optaban por rematar la noche en la intimidad del cante.

    Mario Maya, de la mano de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, llenó el Villamarta (26 de febrero) con su espectáculo “Diálogo del Amargo”, una obra con mucho sabor a Granada y a Lorca, que demostró, una vez más, que estamos ante uno de los mejores coreógrafos flamencos actuales y que, casi siempre, la sencillez propicia la grandeza. Claro está, que no sin el concurso de dos bailaores raciales y artistas como Juan Andrés Maya y Diego Llori o de guitarristas de la mejor escuela granadina cuales son Miguel Ochando, Emilio Maya y Rafael Santiago “Habichuela”. La noche la cerraría el bailaor Domingo Ortega en la preciosa Sala La Compañía.

    Fuensanta “La Moneta” (27 de febrero), joven bailaora granadina, se plantó en el Teatro de Guadalcacín –escenario reservado a “Los Novísimos”- y demostró, pese a la falta de diálogo con el cuadro que llevaba atrás, una grandeza bailaora impropia de una artista que empezó a ser conocida tras la consecución del premio “El Desplante” en el prestigioso Festival Internacional del Cante de las Minas: su apasionado baile por seguiriyas secó la boca al respetable que llenaba la sala. Ese mismo día, Merche Esmeralda –que actuó en compañía de Manolo Marín, Rafael y Adela Campallo- sentó plaza de bailaora grande cuando traspasó el corazón del respetable bailando una soleá antológica. Y con la emoción metida en el cuerpo, nos trasladamos a la Bodega Los Apóstoles –el espacio menos apropiado por las múltiples columnas que impiden una visión cómoda del escenario- para asistir a la  agradable sesión de música mediterránea y sones de Diego del Gastor que nos ofreció el grupo Son de la Frontera. Luego, un grupo de periodistas destacados en el Festival (Alberto García Reyes, Manuel Bohórquez, José María Castaño, José Manuel Gamboa y quien firma) nos fuimos al “Arriate”, un bar con mucho sabor, donde el cante y el toque brotaron de la boca y de las manos de los críticos, hasta que Antonio “El Pitingo” –con disco a punto de salir al mercado- acabó con la reunión, después de recordarnos cantando que por sus venas corren los mejores ecos del nunca bien ponderado Juanito Mojama.

    La presencia, el Día de Andalucía, de Rocío Molina –bailaora de Vélez-Málaga- despertó una gran expectación por cuanto se había ganado por derecho propio estar en el Teatro Villamarta, gracias a su triunfo en la pasada edición y por venir con espectáculo propio (“El eterno retorno”, producido por la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco y estrenado con éxito en el festival  “Málaga en Flamenco”), lo cual que suponía una enorme responsabilidad para una artista tan joven. Su enorme entrega a lo largo del espectáculo y la colaboración de artistas como Teresa Nieto y Pasión Vega, propiciaron un sonado triunfo que el público hizo patente con sus palmas a compás. La compañía madrileña “Arrieritos” y el bailaor de la tierra Antonio Tejero completaban la programación de ese día tan señalaíto.

    La programación del primer día de marzo la principió Luís “El Zambo” junto a la guitarra de Alberto San Miguel, quizá uno de los  cantaores más representativos de la vieja escuela jerezana. Su presencia en el Palacio de Villavicencio acabó con el papel y más de un aficionado con deseos de verle se tuvo que quedar fuera. Pero como los espectáculos ofrecidos son muchos y variados, esa noche todavía quedaban dos de categoría, aunque es verdad que luego no respondieron a las expectativas: “La mujer y el pelele” de Pepa Gamboa,  protagonizada por la bailaora Isabel Bayón, es una obra de teatro donde el baile, el cante y el toque ayudan al resultado final. (Hacemos un paréntesis para destacar el papel del ciego que escenifica el cantaor Juan José Amador que es de notable alto). El espectáculo de Manuela Carpio, “Casta de una bailaora”, en la Sala La Compañía cerró el programa oficial.

    El día 2 de marzo, Daniel Navarro, que venía de ganar “El Desplante” -máximo galardón al baile flamenco- en la pasada edición del Festival Internacional del Cante de las Minas, se presentó en el Teatro de Guadalcacín; mientras que Hiniesta Cortés y David Lagos hacían lo propio en la Sala La Compañía con su espectáculo “Errante”, una alegoría flamenca sobre la errática vida de los artistas. María José Santiago, que al parecer retoma la senda en la que se inició como artista, presentó su espectáculo “Solo flamenco” en la Bodega Los Apóstoles.

    Cada día, en “La Casa del Vino” (sede de la Denominación de Origen de los caldos jerezanos y manzanilla), la organización ofrecía una rueda de prensa con los protagonistas del día siguiente. Y luego de la información y de la copa de cortesía, se organizaban unas apasionadas tertulias en torno a temas como la organización de espectáculos, el mundo editorial, el teatro flamenco, o la presentación de algún libro cual fue el caso de “Una historia del flamenco” del amigo y compañero José Manuel Gamboa. Un libro que algunos no han entendido, seguramente porque siguen anclados en tiempos pretéritos o quizá porque no lo han leído con la atención precisa.

    No podemos pasar por alto la labor de formación que lleva a cabo la organización del Festival, cuya importancia se nos antoja determinante en el resultado final del mismo. De ahí que en Jerez se den cita bailaoras y bailaores como Matilde Coral y su marido Rafael El Negro, Merche Esmeralda, Manolo Marín, Javier Latorre, Inmaculada Aguilar, Javier Barón, Angelita Gómez, Antonio El Pipa,  Belén Maya, Lola Greco, María del Mar Moreno, Ana María López, Isabel Bayón, Manuel Betanzos, Rafael Campallo, Irene Carrasco, María José Franco, Israel Galván, Alicia Márquez, Andrés Peña, Mercedes Ruiz, Juan Antonio Tejero, Rosario Toledo y Victoria Eugenia, para enseñar las múltiples facetas de la danza flamenca a los alumnos y alumnas -dada la calidad del profesorado, no es de extrañar que este año hubiera matriculados 850 alumnos (95% de ocupación), provenientes de 33 países-que acuden masivamente a la llamada del Festival de Jerez, que clausuraba esta edición el día 11 de marzo con una gala de lujo: dos artistas cordobeses cuya maestría es ampliamente reconocida: la gran bailaora Blanca del Rey, creadora de la “soleá del mantón”, cuyo marido, Manuel del Rey, dueño del prestigioso tablao madrileño “El Corral de la Morería”, ha fallecido recientemente, y D. Antonio Fernández Díaz “Fosforito”, última Llave de Oro del Cante.

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