La Planificación

  Cuando en el siglo I d. C. los romanos monumentalizan el nacimiento de aguas termales están condicionados por la existencia previa del ninfeo, que se había tallado en torno al manantial en el siglo I a. C. A partir de esa exedra planifican el complejo, que tiene como característica fundamental aprovechar todas las partes de la ladera rocosa. El nuevo edificio, lejos de querer destacarse en el entorno, lo que pretende es convertirse en una prolongación de la Sierra en la que nacen las aguas curativas. Así, ciñéndose a la roca natural, tallan ésta cuando es posible y construyen con grandes sillares de la misma roca que se ve en la ladera cuando es necesario. La planificación del templo, enmarcando la surgencia termal, da como resultado un edificio rectangular y homogéneo al exterior con unas dimensiones de 14 x 18 pasos. En el interior existe una clara división en tres partes: los accesos, una piscina y una cabecera tripartita.

La cabecera

  Es la parte más sagrada del edificio, la más importante, donde reside la divinidad. Está definida por tres capillas excavadas en la roca, un pasillo frente a ellas y un pórtico de cinco arcos, que la separa de la piscina. La capilla central es la exedra que existía previamente, es semicircular y en su circunferencia presenta gradas. Las laterales, situadas a izquierda y derecha del ninfeo, son cuadradas. Las tres están excavadas en la roca. La cubierta del espacio central consistía en una semicúpula cuya clave estaba a 7.5 m de altura, mientras que los laterales estaban techados por sendas bóvedas de medio cañón de sillería, que se elevaban hasta los 5 m.

La piscina y la canalización

  Tallada enteramente en la roca, tiene una profundidad media de metro y medio y unos 15 metros de largo por 7 de ancho, lo que en medidas romanas equivale a 10 por 5 pasos. En sus laterales hay cuatro gradas a modo de escaleras y asientos, las tres inferiores talladas y la cuarta construida con sillares.

  La salida natural de las aguas es por una diaclasa que se desvía 30 grados del eje del edificio y cuyo fondo queda bajo el suelo de la piscina. Los romanos tapan esa grieta con losas, ciegan el desagüe original y conducen las aguas a un canal de sillería construido en la zona de la entrada. Ese canal se encuentra en el eje longitudinal del templo y sirve para separar las aguas de la piscina en dos partes. Mientras que en el centro el agua que nacía de la surgencia y se dirigía a la salida estaba a más de 50 grados, creando un muro invisible en el interior de la piscina, en los laterales la temperatura era sensiblemente inferior, lo que permitía el baño médico-ritual. Del interior de la piscina destacan la base de un pedestal situado en el eje longitudinal del edificio, donde estaría ubicada la estatua de la principal divinidad del templo y unas repisas talladas en la pared que da a las capillas y en las que se depositarían exvotos de los peregrinos.

Accesos

  El acceso al Santuario de Fortuna se localiza en el extremo opuesto a las capillas; es simétrico a éstas y está dividido en dos partes a causa del canal que lo atraviesa. No se conoce bien cómo estaba configurado, pues ésta es una de las zonas del edificio más afectadas por los desmontes de época moderna. Sí se sabe que existían dos entradas, o una entrada y una salida a las que se accedía por medio de unas rampas, que discurrían paralelas al muro de cierre y que en la salida de aguas había una fuente, que vertía sus aguas a un estanque exterior de sillería, que en época medieval se reutilizó como baño. De esta balsa partirían las canalizaciones que conducían el agua termal hasta la zona balnearia del complejo, aún sin excavar.

El pasillo deambulatorio

  Las tres partes interiores del templo estaban vertebradas por un deambulatorio que, comenzando en los accesos, circundaba la piscina y llegaba hasta las capillas. El deambulatorio, posiblemente con un sentido único de circulación, estaba separado de la piscina por arcos apoyados en pilares. Los cuatro que se encontraban en los ejes de ésta tenían 5 m de luz, mientras que los ocho que encontraban junto a ellos apenas sobrepasaban los 2.5 m.