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Sandalio Alcantud Oliver

Escalera principal de Villa Esperanza

Escalera principal de Villa Esperanza

Pasillo, Cocina y Retrato de Sandalio, Villa Esperanza

Pasillo, Cocina y Retrato de Sandalio, Villa Esperanza

Sandalio, (2º sent. izda), junto a empresarios cartageneros [Cartagena_San Antonio Abad]
Sandalio, (2º sent. izda), junto a empresarios cartageneros
 
Parte de la familia Alcantud [Cartagena_San Antonio Abad]
Parte de la familia Alcantud

Sandalio Alcantud Oliver. (Las Peñas de San Pedro, Albacete), 1849- Cartagena (Barrio del Peral), 1929)

Su infancia en Las Peñas de San Pedro

Sandalio Alcantud nació en el año 1949 en la localidad albaceteña de Las Peñas de San Pedro. Sus padres, Agustín Alcantud y Balbina Oliver, habían emigrado a esta población desde Cuenca y en ella tuvieron a sus hijos.

Toda la familia Alcantud trabajaba la tierra, pero Sandalio, en 1859, habló con su padre para comunicarle que quería abandonar las labores del campo. Su padre le comento que, según tradición familiar, si su deseo no era ser labrador, su futuro estaba en el sacerdocio.

Agustín hablo con el párroco del pueblo, y Sandalio entró a estudiar en el Seminario de Cuenca, pero dos años más tarde decidió que la vida monacal no era la suya y  volvió a casa. A su padre, hombre de su época, no le gustó la decisión del muchacho y le dio, en ese momento, un pan, medio jamón, un saco y un duro (de plata por aquella época) diciéndole: "irás de cabrero o cogerás camino de Albacete".

Sandalio, que no veía futuro en lo de ser cabrero, partió para Albacete con sus esparteñas y la cabeza llena de ilusiones, pero al llegar a la ciudad manchega decidió orientar sus pasos camino de Murcia, una ciudad que no conocía, y al llegar a Murcia resolvió continuar hasta la orilla del mar, a la ciudad de Cartagena.

Llegada a Cartagena

Al llegar a Cartagena su situación era precaria. Había sido un largo viaje para un chico tan joven, pero la suerte y la necesidad hicieron que el primer lugar en el que pidiera trabajo fuera una tienda de comestibles de la calle Jabonerías. Comenzó barriendo el almacén del comercio de Pedro Díaz y obtenía por su trabajo un pan tierno diario acompañado de algo del almacén, cama, una muda, dos comidas calientes a la semana y un duro al mes.

El tesón y la fuerza de Sandalio Alcantud en la realización de su trabajo hicieron que Díaz comentara que nunca sus almacenes habían estado tan limpios y arreglados.

El encargado del almacén, hombre de confianza del comerciante, enseguida se dio cuenta del potencial del muchacho, y lo tomó bajo su protección, enseñándole incluso, por petición de Sandalio, los libros de cuentas.

Una noche Díez sorprendió a Sandalio mirando los libros de cuentas. El joven le comentó que lo hacía por el bien de la empresa. Cuando Sandalio le aclaró, más en profundidad, cómo podía ganar más dinero a partir de sus correcciones en los libros de cuentas, el cartagenero lo alojó en una habitación de fonda para él sólo, con comida diaria, le compró ropa nueva en un sastre, le aumentó el sueldo y lo pasó a su despacho como escribiente mayor. Éste sólo le puso una pequeña condición: que siguiera comiendo en su casa dos veces por semana, pero ahora en la mesa de los señores, nunca más en la cocina.

De esa mesa saldría la que sería su primera esposa, Antonia Méndez, hija de Pedro Díez.

Sandalio se independiza en el trabajo

Poco a poco, y con el apoyo de su suegro, Sandalio se independizó y fundó en Cartagena sus propios almacenes, más grandes y modernos, así como numerosas empresas.

Al poco tiempo fallecería Antonia Méndez, un duro golpe que sacudió la vida de Sandalio y la de la familia Díez. Pero esta familia era tomada ya por Sandalio como la suya, y jamás se desprendió de los lazos que le unían a su suegro, al que quería como si fuera su padre.

Sandalio Alcantud era ya un hombre rico, pero ansiaba el tratamiento de "don" que daba el poseer un título académico, y al cual le habían dicho desde chico que no llegaría nunca.

No estudió carrera universitaria, pero su trabajo hizo que aprendiera a escribir y hablar correctamente el inglés y el alemán, aparte de controlar la contabilidad de las empresas que había creado y con las que se había hecho rico.

Una sorpresa para Matilde, su segunda esposa

Sandalio conoció algún tiempo después a Matilde Fernández Murillo, una malagueña hija de un militar de alta graduación.

En septiembre de 1892, Sandalio Alcantud y Matilde Fernández contrajeron matrimonio y la pareja comenzó a vivir en el centro de Cartagena, donde nació la primera de sus hijas, Esperanza.

Al poco tiempo Sandalio llevó a su mujer a Barrio Peral, una nueva zona residencial a las afueras de la ciudad, con la excusa de visitar a un amigo. Al llegar a la dirección fijada, calle Mercader 57, Sandalio abrió la puerta de un gran palacete y le dijo a Matilde que la casa que tenía ante sí era su hogar familiar.

Los negocios de Sandalio Alcantud

Tras fundar sus propios almacenes en la calle del Carmen de Cartagena, Sandalio construyó su propia fábrica de sacos a la entrada del Barrio Peral.

También puso en marcha en el barrio de Los Dolores un Molino Harinero y un almacén de descascarillado de almendra.

Abrió dos garajes en Cartagena, y era copropietario de una empresa, dueña de un remolcador con base en el puerto de Cartagena.

A su vez poseía acciones en minería y su propia naviera con cuatro goletas, con las que comerciaba con Holanda, Alemania, Irlanda, Grecia e Inglaterra. En relación con este comercio se puede decir que durante una temporada los almacenes cartageneros de Sandalio Alcantud tendrían la venta exclusiva en España de quesos y mantequillas holandesas.

Con todos estos negocios, Sandalio amasó una gran fortuna y tuvo un rico patrimonio.

Pero también pensaba en los más desfavorecidos, dos apuntes llevan a esta conclusión:

  • Fundó, junto a otros comerciantes de Cartagena, el "Monte de Piedad y Casa de Empeños", con el fin de ayudar, dentro de lo posible, a las familias de las clases sociales con menos recursos.

  • Se dice que Sandalio siempre llevaba una libreta con las tapas negras. En ella tenía apuntado el nombre de personas a las que había prestado dinero por alguna necesidad imperante, sólo una vez, y sin posibilidad de devolverlo. Le comentó a su mujer que cuando él muriera se quemara la libreta sin leer.

El testamento de Sandalio

El 30 de abril de 1929 moría en Villa Esperanza Sandalio Alcantud Oliver, a la edad de 80 años, y tras 37 de matrimonio con Matilde.

En su testamento repartió su herencia entre su mujer y sus hijos, dejó una dote para el ajuar de sus dos hijas, dinero para la Casa de Ancianos de Cartagena, y una ayuda económica para la manutención de los niños del Torno (en la actualidad , la Casa Cuna de Cartagena).

Con su dinero y esfuerzo se había encargado de levantar una escuela en Las Peñas de San Pedro, su pueblo natal de Albacete.

Los días que siguieron al fallecimiento de Sandalio Alcantud, innumerables vecinos, labradores, gentes del campo, pequeños comerciantes, obreros, artesanos, y un largo etcétera de personas llegaban a Villa Esperanza para devolverle a Matilde el gran regalo que, en tiempo de escasez, les había hecho Don Sandalio Alcantud.

Su mujer no sabía quienes eran algunas de aquellas personas ni cuanto dinero les habría regalado Sandalio ya que, como era el deseo de su marido, Matilde había quemado la libreta de tapas negras.

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