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La Guerra de Independencia y Floridablanca

Los fusilamientos del 2 de mayo en Madrid

Los fusilamientos del 2 de mayo en Madrid
Francisco de Goya

 
Floridablanca, presidente de la Junta Central

Floridablanca, presidente de la Junta Central

 
Vista del puerto de Cartagena

Vista del puerto de Cartagena

 
La Muralla del Mar de Cartagena

La Muralla del Mar de Cartagena

 
A. Wellesley, duque de Wellington

A. Wellesley, duque de Wellington
Francisco de Goya

 
El general Martín de la Carrera murió en Murcia en lucha contra los franceses

El general Martín de la Carrera murió en Murcia en lucha contra los franceses

 

El conde de Floridablanca

  José Moñino impulsó la resistencia contra Napoleón en España con la creación de la Junta Suprema Central, de la que fue su primer presidente hasta su muerte en diciembre del año 1808.

Cartagena resiste

  Cartagena resistió el asedio del ejército francés debido a la fortaleza de sus murallas, y constituyó la principal base de aprovisionamiento de armas a los ejércitos aliados español e inglés en el Levante durante la guerra.

Los saqueos franceses

  El ejército galo de Napoleón saqueó las localidades de Águilas, Alhama, Alcantarilla, Caravaca, Cehegín, Jumilla, Lorca, Mula, Murcia y Yecla y la comarca del Valle de Ricote durante la guerra.

Junta Suprema de Murcia

-José Moñino, político, conde y presidente de la Junta
-Andrés Girón, militar
-Antonio Fernández, regidor
-Antonio Peraleja, sacerdote
-Antonio Torres, regidor
-Clemente Campos, caballero
-Diego Molina, vizconde
-Diego Uribe, marqués
-Francisco de Paula, marqués
-Francisco López, regidor
-Francisco Soler, sacerdote
-José Angeler, militar
-José Fernández, sacerdote
-José González, abogado
-José Jiménez, obispo
-José López, militar
-Julián Martín, teniente
-Luis Santiago Bado, sacerdote y periodista
-Mariano Aguado, conde
-Mariano García, canónigo
-Pedro Lozano, fiscal
-Vicente Eceta, militar


     El triunfo de la Revolución Francesa de 1789 y el derrocamiento del Rey Luis XVI provocaron la intervención armada de las grandes monarquías europeas contra el país galo en la Guerra de la Convención. La victoria de Francia permitió la consolidación de la joven República. El general Napoleón Bonaparte alcanzó el poder, con el rango de primer cónsul, tras el golpe de Estado de 1799 contra el Directorio revolucionario por la inestabilidad política del país. El poder político de Napoleón Bonaparte se incrementó con su autoproclamación como emperador de Francia en 1804.

     Las tropas imperiales de Napoleón conquistaron Europa con la anexión de Italia, Bélgica, Holanda, Alemania, Prusia, Austria y el Gran Ducado de Varsovia. Ante la superioridad de Inglaterra en el mar, Francia buscó la alianza con España, para la creación de una Flota combinada capaz de derrotar al enemigo común. Sin embargo, las victorias de Gran Bretaña frente a la Flota aliada en las batallas del Cabo Finisterre y Trafalgar (1805) aseguraron su hegemonía marítima y preservó su independencia de los planes de invasión de Napoleón. Francia decretó el bloqueo continental al comercio británico, en Europa, para forzar su derrumbe económico. Portugal manifestó su oposición al proyecto imperial por su tradicional alianza con Inglaterra. Napoleón reaccionó mediante la firma del Tratado de Fontainebleau con España (1807). El acuerdo aprobaba el paso de las tropas francesas por España para la invasión conjunta de Portugal y el reparto de su territorio. El ejército francés penetró en España en octubre y conquistó Portugal en diciembre con el apoyo militar hispánico. La familia real portuguesa huyó a Brasil.

     A principios de 1808, Napoleón traicionaba a España con la ocupación pacífica de las ciudades de Pamplona, San Sebastián, Barcelona, Burgos y Salamanca. El monarca Carlos IV y su familia se trasladaron al Palacio Real de Aranjuez con el fin de preparar su exilio a América en caso de confirmarse la invasión militar de Francia. En marzo, el pueblo protagonizó el Motín de Aranjuez contra el valido Manuel Godoy y el Rey Carlos IV, en protesta contra su gestión política. Los amotinados asaltaron la casa del 'Príncipe de la Paz', Godoy, y quemaron sus pertenencias. Los soldados del Rey salvaron la vida del valido ante el intento de linchamiento popular. El monarca atendió las demandas de los asaltantes con la destitución de Godoy y su abdicación en favor del príncipe de Asturias, Fernando VII. Mientras, las tropas francesas hacían su entrada en la capital, Madrid, al mando del mariscal Murat. En abril, Carlos IV reclamó la mediación de Napoleón para recuperar la Corona. "Fui forzado a renunciar pero he tomado la resolución de conformarme con lo que quiera disponer de nosotros y de mi suerte, la de la reina y la del Príncipe de la Paz". El emperador de Francia convocó a la Familia Real española en Bayona para resolver el conflicto dinástico. Fernando VII acudió a la cita con el emperador, y nombró una Junta de Regencia para gobernar España en su ausencia.

      El pueblo de Madrid protagonizó el levantamiento del 2 de mayo contra Francia debido al traslado a Bayona de los últimos integrantes de la Familia Real en España, los infantes Francisco de Paula y María Luisa de Borbón. Los madrileños asaltaron el Palacio Real, y las tropas francesas abrieron fuego contra la multitud por orden del mariscal Joachim Murat. La lucha callejera entre el pueblo español y el ejército galo se extendió por toda la ciudad. La capital fue el escenario de la lucha desigual entre los civiles españoles, armados con toda clase de utensilios (navajas, tijeras y piedras), y los soldados galos, armados con fusiles, bayonetas y piezas de artillería. Los militares Luis Daoíz y Pedro Velarde desobedecieron las órdenes de acuartelamiento de la Junta de Regencia y apoyaron la sublevación popular desde el Parque de Artillería de Monteleón.

     La superioridad militar del ejército francés dio lugar al aplastamiento de la sublevación y la represión contra los madrileños en las ejecuciones del 2 y el 3 de mayo. "Serán arcabuceados todos los que durante la rebelión han sido presos con armas", sentenció Murat. Los alcaldes de Móstoles, Andrés Torrejón y Simón Hernández, realizaron un llamamiento a la lucha al resto de España contra el invasor francés en el bando promulgado el 2 de mayo. "En Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre. Como españoles es necesario que muramos por el Rey y la patria, armándonos contra unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo". Mientras Madrid se desangraba por su libertad, Fernando VII devolvió la Corona de España a Carlos IV y éste abdicaba, a su vez, en Napoleón Bonaparte. El emperador nombró Rey de España a su hermano José I Bonaparte (Pepe Botella). El nuevo monarca impulsó la aprobación del Estatuto o Carta Otorgada de Bayona para la regulación legal de la vida en la España ocupada.

      La resistencia del pueblo español se canalizó a través de la creación de una Junta Suprema en cada provincia. La Junta de Murcia nació el 24 de mayo por iniciativa del conde de Floridablanca, José Moñino, y estaba compuesta por 22 miembros. Además, la Junta provincial nombró a la patrona de la capital, la Virgen de La Fuensanta, generala de los ejércitos del reino de Murcia. José Moñino, conde de Floridablanca, dirigió la Junta de Murcia e impulsó la constitución de la Junta Suprema Central, mediante el envío de una circular el 22 de junio al resto de las Juntas españolas, para unificar los esfuerzos en la lucha contra el enemigo común con el fin de restablecer la independencia nacional y la monarquía con Fernando VII. "Formemos un gobierno sólido y central, donde las provincias y reinos acudan con representantes y de donde salgan las órdenes y pragmáticas en nombre de Fernando VII". La Junta Suprema Central se fundó el 25 de septiembre de 1808 y estaba integrada por 36 miembros, dos diputados por cada Junta provincial, y su sede residía en Aranjuez. Los diputados murcianos eran el conde de Floridablanca, presidente hasta su muerte el 30 de diciembre de ese año, y el marqués del Villar, consejero de Estado.

      La provincia de Murcia contaba para su defensa contra el invasor francés con un regimiento de infantería de línea, una milicia provincial y nueve compañías de milicias urbanas en Cartagena. La Junta Suprema de Murcia envió en junio de 1808 a las tropas del Regimiento Provincial para defender Valencia del ataque francés. El Ejército de Levante rechazó el asedio francés a la capital del Turia y encomendó al mariscal murciano Pedro González Llamas la persecución de los soldados franceses en su retirada a Madrid. La Junta de Sevilla encargó al general Francisco Javier Castaños la formación del ejército de Andalucía para evitar la invasión del Sur. Castaños logró la primera victoria española en la Guerra de Independencia en la batalla de Bailén el 19 de julio de 1808, con la participación del Regimiento de Infantería de Murcia número 42. Su acción militar mereció la concesión de la Medalla Conmemorativa de la batalla. El triunfo español en Bailén supuso la primera derrota militar de Napoleón en campo abierto y la evacuación de la capital por las tropas francesas. El emperador Napoleón Bonaparte reaccionó a la derrota de Bailén mediante el envío de la Grand Armée a finales de 1808. El ejército francés arrolló al español en las batallas de Espinosa, Somosierra, el segundo sitio de Zaragoza y La Coruña. Estas victorias proporcionaron a Francia el control de la mayor parte de la Península y provocaron la huida de la Junta Suprema Central, primero a Sevilla y luego a Cádiz. Las autoridades españolas consiguieron la entrada en la guerra de Gran Bretaña contra Francia mediante el envío de un cuerpo expedicionario al mando del general Sir John Moore, primero, y de Arthur Wellesley, duque de Wellington, después.

     El reino de Murcia se convirtió durante la Guerra de Independencia en un territorio estratégico para el paso de tropas, armas y víveres en dirección a los frentes de batalla de Andalucía y Levante. La guerra llegó al reino murciano con la expedición de castigo del general francés Horacio Sebastiani en 1810. La mayoría de las autoridades de la capital murciana huyeron ante la inminente llegada del ejército galo. Las tropas imperiales tomaron Murcia, procedentes de Lorca, el 23 de abril. Los franceses saquearon la ciudad antes de su regreso a Andalucía, el día 26 de abril, debido a la actividad guerrillera. El ejército galo regresó al reino de Murcia en el mes de agosto, pero el general español Joaquín Blake ahuyentó el ataque francés a la capital del reino el 28 de agosto de 1810 mediante el reforzamiento de sus defensas militares, la entrega de armas al pueblo y la inundación de su Huerta. Los milicianos de Lorca hostigaron la retirada del ejército francés hacia el reino de Granada. En el mes de noviembre, las tropas del reino de Murcia traspasaron la frontera del reino de Granada, conquistaron Cúllar y asediaron Baza al mando del general Blake. El ejército galo ocupó por segunda vez Murcia el 25 de enero de 1812, al mando del mariscal Soult, para exigir el pago de impuestos a la ciudad.

      El general Martín de La Carrera acudió en socorro de Murcia desde la ciudad de Elche. Los franceses rechazaron el ataque español junto al río en virtud de su superioridad numérica y acabaron con la vida de La Carrera en una emboscada en la calle de San Nicolás. "La Carrera se vio rodeado por seis franceses en la calle de Vidrieros. Su brazo derribó a dos. El heroísmo de su noble corazón no le consentía ni aun el pensamiento de salvar su vida, entregando su fiel espada al enemigo, y un tiro le alcanzó a dar cerca de la plaza en la calle de San Nicolás. Todavía combatió hasta su muerte, en cuyos brazos cayó como un caballero". Además, el ejército imperial de Francia saqueó las ciudades de Águilas, Lorca, Caravaca, Cehegín, Jumilla, Yecla, Mula, Alhama de Murcia, Alcantarilla, y la comarca del Valle de Ricote. La ciudad de Cartagena resistió el asedio francés por sus inexpugnables murallas y fortificaciones y por la ayuda militar de Inglaterra para el equipamiento de la Flota, y mantuvo su condición de principal base de aprovisionamiento de armamento de los patriotas españoles en el Mediterráneo.

     El punto de inflexión en la Guerra de Independencia se produjo en el año 1812 en favor de los aliados. El ejército inglés del duque de Wellington resistió la ofensiva francesa en la línea defensiva de Torres Vedras, en la región de Lisboa; expulsó de Portugal a las tropas francesas en el contrataque y aseguró el dominio de la frontera hispano-lusa con la ocupación de Ciudad Rodrigo y Badajoz. Además, la victoria en la batalla de Los Arapiles permitió a los aliados la liberación de Madrid y el dominio sobre el valle del Duero. Las tropas imperiales de José I Bonaparte se refugiaron en el Norte peninsular. El triunfo del ejército aliado en la batalla de Vitoria de 1814 supuso la reconquista de San Sebastián y Pamplona, y la victoria en la batalla de las colinas de San Marcial (Irún) significó la expulsión definitiva de los franceses del territorio español el 31 de agosto de 1814, tras seis años de ocupación. Napoleón Bonaparte achacó la caída de su Imperio en Europa a la enconada resistencia del pueblo español contra el ejército francés en la Guerra de Independencia. "Esta maldita guerra de España fue la causa primera de todas las desgracias de Francia", lamentó el emperador francés. El reino de Murcia contribuyó a la victoria final con el Regimiento Provincial de Murcia, compuesto por 600 soldados e integrado en el ejército de Levante; y el Regimiento Provincial de Lorca, de 600 militares, integrado en el ejército de Andalucía.

  Antonio Gómez-
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