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El emperador Carlos V: la revuelta comunera

El emperador Carlos V de España

El emperador Carlos V de España

 
El Castillo de Aledo, de gran valor estratégico

El Castillo de Aledo, de gran valor estratégico

 
Cuadro del pintor Antonio Gisbert sobre la ejecución de los comuneros de Castilla

Cuadro del pintor Antonio Gisbert sobre la ejecución de los comuneros de Castilla

 
Torre de la Catedral de Murcia

Torre de la Catedral de Murcia
Alberto Caravaca Espinosa

 
Capilla de los Vélez en la Catedral de Murcia

Capilla de los Vélez en la Catedral de Murcia

 
Colegiata de San Patricio de Lorca

Colegiata de San Patricio de Lorca
Felio Carmelo Ruiz Munera

 

La hegemonía hispánica

  La monarquía hispánica logró la hegemonía universal en el reinado del emperador Carlos V con la creación de un gran Imperio en Europa, Norte de África y el Sur de América.

Catedral de Murcia

  En el reinado de Carlos V se construyeron el primer y segundo cuerpo de la torre renacentista, la portada de la plaza de la Cruz, la capilla de Junterones y la sacristía de la Catedral de Murcia.

Colegiata de Lorca

  El Papa de Roma Clemente VII ordenó la construcción de la Colegiata de San Patricio, para conmemorar la victoria del reino de Murcia sobre el de Granada en la batalla de Los Alporchones del 17-III-1452.


     El infante don Carlos era hijo de Juana 'La Loca' y Felipe 'El Hermoso' y nieto de los Reyes Católicos, doña Isabel y don Fernando, por vía materna, y de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, Maximiliano de Habsburgo y María de Borgoña, por vía paterna. Antes de su muerte, el monarca Fernando 'El Católico' nombró heredero de la Corona de Castilla y Aragón a su nieto don Carlos mediante testamento, debido al estado de locura de su hija doña Juana, tras la muerte de su esposo Felipe I 'El Hermoso'. Ante la minoría de edad del heredero, el cardenal Cisneros asumió la regencia de Castilla y el arzobispo Alonso la de Aragón. Las Cortes de Castilla, Aragón y Navarra juraron como rey a Carlos I en el año 1518. El nuevo monarca heredó, además de los territorios peninsulares, el Imperio hispánico en América, Europa y el Norte de África. El descubrimiento de América en 1492 permitió la expansión española por el nuevo continente. En Europa, la familia Habsburgo aportó a la monarquía los enclaves de Flandes, Países Bajos y Franco Condado. En el Norte de África, los Reyes Católicos legaron las plazas de Melilla, Orán, Bugía y Bona.

     A principios del siglo XVI, el reino de Murcia experimentó un crecimiento demográfico tras el final de la Reconquista cristiana del reino de Granada. La capital, Murcia, era la ciudad más poblada con alrededor de 10.000 habitantes. La Catedral de Murcia sufrió importantes transformaciones arquitectónicas con la construcción de la sacristía, la portada de la plaza de la Cruz y el primer y segundo cuerpo de la torre, de estilo renacentista. El primer cuerpo fue obra de los hermanos Francisco y Jacobo Florentino y el segundo de Jerónimo Quijano. Además, el abad Gil Rodríguez de Junterón, consejero del Papa Julio II, ordenó la construcción de la Capilla de Junterones para su enterramiento, en el interior del templo catedralicio, y equiparación con la familia de Los Vélez en el interior del templo catedralicio. En Lorca comenzaron en 1533 las obras de construcción de la Colegiata de San Patricio, con el fin de conmemorar la victoria militar del reino de Murcia sobre el de Granada el 17 de marzo de 1452 en la batalla de Los Alporchones. Los habitantes del reino murciano experimentaron una transformación de su vida religiosa con la conversión de las mezquitas islámicas en iglesias cristianas, consecuencia de la política de unificación religiosa de la monarquía hispánica.

     La instauración de la dinastía de los Austrias en el trono español con  Carlos I supuso el establecimiento de la monarquía absoluta en España mediante la concentración del poder en manos del rey y del sistema polisinodial de Consejos consultivos en las diferentes áreas de gobierno. En política interior, el monarca Carlos I se enfrentó a dos grandes rebeliones populares: las Comunidades de Castilla y las Germanías en el Levante.

     La mayoría de las ciudades de la Corona de Castilla intervino en el levantamiento de los comuneros contra la monarquía, por el monopolio flamenco de la Corte en detrimento de los castellanos, el incremento de la presión fiscal y la salida de capitales al extranjero para financiar las aspiraciones imperiales del rey. Las ciudades rebeldes de León, Burgos, Palencia, Zamora, Valladolid, Soria, Salamanca, Ávila, Segovia, Madrid, Toledo y Cuenca se agruparon en la Santa Junta de Ávila para luchar contra la política de Carlos I. El reino de Murcia se sumó a la rebelión con la participación de las ciudades de Murcia, Cartagena, Lorca, Caravaca, Cehegín y Totana en el movimiento comunero. Por contra, el Castillo de Aledo se convirtió en el gran bastión de la monarquía en territorio murciano. Las tropas monárquicas de Aledo rechazaron el asedio de los comuneros, que se refugiaron en Murcia. El rey recompensó a la villa de Aledo por su fidelidad mediante la concesión del título de 'Leal'. El ejército realista derrotó definitivamente a las ciudades castellanas sublevadas en la batalla de Villalar (1521). El monarca ordenó la ejecución de los líderes de la revuelta, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, y ofreció el perdón real a las ciudades sublevadas a cambio del pago de indemnizaciones económicas a la Corona.

     Las Germanías eran hermandades constituidas por los gremios para la creación de milicias, con la finalidad de defender la costa del reino de Valencia de los ataques de los piratas berberiscos. Las hermandades aprovecharon la marcha de los nobles fuera del reino, a consecuencia de una epidemia de Peste, para hacerse con el control del poder en Valencia, mediante la constitución de la Junta de los Trece. El conflicto estalló en 1519, debido a la negativa de las Germanías a devolver el poder a la nobleza. Las tropas reales lograron la derrota de los rebeldes del reino de Valencia con la colaboración militar del marqués de Los Vélez, mediante el envío de 6.000 soldados. El Rey Carlos I recompensó la conquista de Orihuela por el marqués Pedro Fajardo con su ingreso entre la Grandeza de España. El monarca ordenó la ejecución de los cabecillas de la revuelta y ofreció una amnistía al resto de los sublevados.

     En política exterior, la monarquía hispánica alcanzó la hegemonía universal en el siglo XVI. El monarca se convirtió en el nuevo emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, con el nombre de Carlos V, tras la muerte de Maximiliano I de Habsburgo. Carlos V recibió la corona de rey de romanos en la catedral de Aquisgrán (Alemania) en el año 1520. El emperador representaba el ideal de 'Universitas Crhistiana', con autoridad sobre el resto de los reyes de la cristiandad. El Papa Clemente VII, en 1530, legitimó la supremacía de Carlos V con una nueva coronación imperial en la ciudad italiana de Bolonia.

     La monarquía francesa disputó a la Corona hispánica la supremacía en Europa. El rey de Francia Francisco I apoyó la sublevación independentista de Enrique II de Navarra. Carlos I recuperó la soberanía del reino navarro con su victoria en la batalla de Noaín (1521). Sin embargo, la monarquía hispánica renunció al territorio de la Baja Navarra, situado al otro lado de los Pirineos, en beneficio de Enrique II. Francia amenazó continuamente los dominios hispánicos en Italia. En la primera guerra, el ejército francés atacó la región de Lombardía. Las tropas imperiales derrotaron a las galas en la batalla de Pavía y cogieron como rehén al rey Francisco I de Francia. El Tratado de Madrid (1526) significaba la anexión española del Milanesado y la renuncia francesa a Navarra, Italia y Flandes. En la segunda guerra, Francia formó parte de la Liga de Cognac junto al Papado, Venecia y Florencia para expulsar de Italia a los españoles. El ejército imperial derrotó a la coalición en Milán y Génova antes de protagonizar el saqueo de Roma (1527). La Paz de Cambrai o de las Damas (1529) supuso la renuncia francesa a Italia y Flandes, y el pago de un rescate para la liberación de los hijos de Francisco I. En la tercera guerra, Francia amenazó el Milanesado con la invasión del ducado de Saboya. Las tropas imperiales reaccionaron con un desembarco en la Provenza. El conflicto concluyó con la firma de la Tregua de Niza (1538) por diez años, que aprobaba la organización conjunta de un concilio general de la Iglesia Católica. En la cuarta guerra, Francia atacó con éxito Flandes y consiguió las plazas fronterizas de Toul, Metz y Verdún en la Paz de Crepy (1544).

     Las doctrinas reformistas del monje Martin Lutero contra la suntuosidad de la jerarquía de la Iglesia Católica triunfaron en gran parte de Alemania. El Vaticano decretó la excomunión de Lutero y Carlos V aprobó la persecución contra los luteranos en la Dieta de Worms (1521). La oposición popular a la Dieta del emperador provocó la denominación de los luteranos como 'protestantes'. Los príncipes luteranos de Alemania sellaron su alianza con la fundación de la Liga de Esmalcalda (1531) para luchar contra el emperador. Carlos V pretendía imponer los preceptos del Concilio de Trento (iniciado en el año 1545) a los luteranos. La guerra entre el emperador y los protestantes fue inevitable. Las tropas imperiales derrotaron a los protestantes en la batalla de Muhlberg (1547), pero la oposición a la Contrarreforma católica continuó en las filas protestantes. El emperador puso fin a la contienda mediante la concesión de libertad religiosa a los príncipes alemanes en la Paz de Augsburgo (1555).

     El Imperio Otomano se convirtió en un peligro para la supervivencia de la cristiandad mediante su expansión militar por Oriente Próximo, el Norte de África y la Península Balcánica. Las huestes otomanas llegaron hasta las puertas de Viena. Allí, Carlos V logró el levantamiento del cerco otomano a la capital austriaca (1529). Austria, Nápoles, Sicilia y Malta conformaron una muralla contra el avance otomano por el Mediterráneo. Además, los sultanes turcos se aliaron con los piratas berberiscos, dedicados al boicot contra el comercio en el Mediterráneo Occidental. Carlos V actuó con éxito contra los piratas del Norte de África con la ocupación de Túnez (1535). Sin embargo, fracasó en la conquista de Argel (1540), principal base de la piratería islámica en el Mar Mediterráneo.

     En el Nuevo Mundo, los conquistadores Hernán Cortes y Francisco Pizarro consiguieron el dominio sobre América Central y del Sur tras derrotar a los Imperios Azteca, Maya e Inca entre 1520 y 1535. La Corona de Castilla dividió sus dominios americanos en los virreinatos de Nueva España, con capital en México, y de Perú, con capital en Lima. El Virreinato de Nueva España abarcaba los territorios de Norteamérica, América Central y el Caribe. El conquistador Pedro de Heredia fundó Cartagena de Indias (Colombia) en 1535, dentro del virreinato de Nueva España. La nueva ciudad recibió el nombre de Cartagena por la similitud de su bahía a la de la ciudad española. Cartagena de Indias ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El Virreinato de Perú incluía los territorios de América del Sur.

  Las riquezas minerales se explotaron mediante el sistema de las encomiendas de indígenas y sirvieron para financiar las guerras de la monarquía hispánica en Europa para salvaguardar su hegemonía universal. El Rey Carlos I de España y V de Alemania renunció al trono en las Abdicaciones de Bruselas de 1556 debido a la enfermedad de gota. El emperador legó las coronas de Castilla, Aragón y Navarra a su hijo don Felipe (futuro Felipe II) y el Sacro Imperio Romano Germánico al infante don Fernando (hermano de Carlos V). El monarca Carlos I pasó los últimos años de su vida en el Monasterio de Yuste (Extremadura) hasta su muerte en el año 1558.

  Antonio Gómez-Guillamón Buendía

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