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Moriscos en el Reino de Murcia

Bautismo de los mor

Bautismo de los moriscos. Felipe Bigarny (Capilla Real de Granada)

Celebración morisca

Celebración morisca. Grabado 10, Weiditz (1529)

Morisco

Arquetipo morisco. Grabado 5, Weiditz (1529)

Sistemas hidraúlico
Sistemas hidraúlicos musulmanes (códice siglo XIII)

En primer lugar diferenciar entre los moriscos granadinos y los descendientes de mudéjares murcianos: los primeros serían procedentes, sobre todo, del ámbito urbano y dedicados, preferentemente, a la seda; los segundos serían, básicamente, habitantes de núcleos rurales como el Valle de Ricote, la Puebla de Mula, Pliego o Abanilla y se emplearían en labores agropecuarias.

Para entender la situación de los moriscos murcianos, hay que remontarse al ecuador del siglo XIII. Con motivo de la reconquista castellana, Alfonso X el Sabio ¿tratando de frenar el éxodo musulmán hacia Granada y el norte de África ¿ reconoció a las colectividades mudéjares personalidad jurídica, autonomía administrativa y libertad religiosa bajo la protección directa del rey. Dicho status se mantuvo casi inalterable hasta la pragmática del 12 de febrero de 1502, en que los Reyes Católicos situaron a los mudéjares murcianos en la alternativa de bautizarse o emigrar.

Ante esta situación los moriscos murcianos se convirtieron en masa al cristianismo, aunque también fue una decisión unánimemente voluntaria animados por causas internas, no en vano su existencia en el reino murciano se caracterizaba por la pacífica convivencia en que desarrollaban sus actividades y sus formas de vida, sin olvidar que la presión ejercida por los cambios de mentalidad que afectaban a todos los ámbitos de su desarrollo social, laboral, económico y religioso, fueron minando paulatinamente su conciencia de raza y la opción de la conversión se presentaba como una alternativa beneficiosa con vistas a seguir arraigados en su tierra natal, así como a su círculo laboral y social propio.

Debe tenerse en cuenta que el reino de Murcia en general fue una zona de gran interés para el morisco. Ante todo, dado que posee un puerto de mar que facilita la comunicación con sus hermanos del norte de África; asimismo, por la proximidad del reino de Valencia, donde se produce la mayor concentración de moriscos en el siglo XVI; y, en tercer lugar, como razón más poderosa la riqueza de la vega murciana, en este sentido el cultivo y cría de seda conllevan unas posibilidades de trabajo, aunque sea de forma temporal, que a veces lleva al asentamiento permanente en los lugares de la huerta. Murcia, junto a Cataluña, es el lugar donde más importante fue la asimilación de los moriscos, especialmente en el Valle de Ricote, aunque no tanto de los residentes en la ciudad de Murcia.

Desde el punto de vista económico y social decir que en el caso de la capital murciana el mayor número de moriscos residía no en las parroquias ricas del centro (San Bartolomé, San Pedro y Santa Catalina), sino en las más humildes y cercanas a la inmediata huerta (San Antolín, Santa Eulalia y San Andrés). Luego, es factible señalar que los moriscos trabajaban en la agricultura, cría de seda o bien como empleados domésticos, sin que esto último fuese óbice para que desempeñasen algún empleo en el centro urbano aunque su residencia no estuviese allí. En cuanto a la huerta, destaca su presencia en zonas como: La Ñora, La Raya, Javalí de Pedro Carrillo de Albornoz, La Puebla y Barrio del Molino, Algezares, y el Rayguero de Santa Catalina.

En cuanto a la cuestión de la mezcla racial apenas se dieron casos de matrimonios con cristianos. Por ejemplo, de los cincuenta y cuatro moriscos granadinos que contrajeron nupcias en la parroquia de San Lorenzo Mártir ni uno lo hizo con esposa cristiana. De tal manera que la mezcla es insignificante, a pesar de lo que digan regidores y jurados murcianos en 1574 para evitar la expulsión de los moriscos de la ciudad, algo que finalmente no se llevó a cabo.

Sin embargo si que se produjo una cierta asimilación. Tanto es así que, en 1609, la mayor parte de los moriscos de origen granadino habrían nacido en territorio murciano y se habían incorporado, a nivel económico sobre todo, a la sociedad castellana. De la misma forma es probable que, entre el clero, que contaba con gran número de servidores moriscos, el contacto diario con ellos hiciera que no fuesen mirados con desprecio y odio, tal y como lo prueba el morisco que trabajaba con los frailes agustinos de Murcia (edificio que actualmente ocupa la parroquia de San Andrés Apóstol) en tareas de desollador y cocinero.

Pero ello se contrarresta con medidas que denotan la desconfianza que esta minoría suscitaba entre las autoridades y la población cristiana, pues se va a prohibir a los moriscos que tengan contacto con sus hermanos de otros reinos y, más aún, con los de Berbería.

En definitiva, se trataría de un conjunto de individuos cerrado y en múltiples aspectos rechazado por la sociedad en la que se inserta, teniendo a la religión como causa-efecto de todo el proceso.

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