En El Valle ambientes y especies configuran un mosaico heterogéneo. Predominan bosques de pino carrasco y matorrales de esparto, romero y albaida, junto a otras formaciones arbustivas y tomillares de varias pequeñas matas que, en conjunto, constituyen las siguientes comunidades vegetales, donde son comunes y relevantes las plantas –o grupos de plantas– relacionadas, a continuación, determinantes de la diversidad propia y característica de este rincón murciano.

Pinares, el bosque de los siglos XIX y XX

    Ocupan extensas superficies de las sierras prelitorales murcianas los pinares de pino carrasco (Pinus halepensis), en gran medida resultado de repoblaciones forestales llevadas a cabo a principio del siglo XIX. Esta formación vegetal, aparentemente pobre y escasamente diversa, que sustituye a los matorrales y bosques que antaño dominaban chaparras (Quercus coccifera) y carrascas (Q. rotundifolia =Q. ilex subsp. ballota), no es sólo un manto verde que cubre los montes cercanos a la ciudad de Murcia, sino que juega un papel fundamental contra la erosión y desertificación, y además presenta numerosas sorpresas.

   La vegetación arbórea de otras épocas, el carrascal que ocupaba las sierras, formación forestal que fue particularmente distintiva de este territorio cercano a la capital del Segura, hasta tal punto de dar nombre a la cercana Carrascoy, la montaña más alta de las sierras prelitorales, se fusionaba en el pie de monte con un matorral de grandes lentiscos (Pistacia lentiscus), espinos negros (Rhamnus lycioides) y palmitos (Chamaerops humilis), que dominaba las cotas bajas de la llanura que es la comarca natural del Campo de Cartagena. Así fueron hasta el siglo XV y XVI los campos de Murcia al sur de estas sierras, un extenso lentiscar, del que se obtenía la lentisquina, un aceite de uso doméstico cotidiano de gran importancia económica. Actualmente, sólo en algunos lugares del Puerto del Garruchal y Sucina pueden verse aún lentiscos notables, en la orla del pinar, entre espartales, junto a coscojas y espinos, constituyendo un matorral, vegetación climácica de buena parte de El Valle, similar –aunque empobrecido– al que ocupaba la zona hace centenares de años.

Espartales y matorrales de romero, albaida, escobilla y matas

    La vegetación del siglo XXI es resultado de sucesivas y profundas transformaciones. En esta dominan, además de los pinares de repoblación, los matorrales de esparto (Stipa tenacissima) y de albaidas (Anthyllis cytisoides), con frecuentes romeros (Rosmarinus officinalis) y jaras, principalmente estepa blanca (Cistus albidus) y jaguarzo (Cistus monspeliensis); en determinadas zonas son predominantes el albardín (Lygeum spartum) y las bojas (Artemisia sp. pl.), y son frecuentes o se presentan dispersas: oroval (Withania frutescens), cambronera (Lycium europaeum), esparraguera blanca (Asparagus albus), palmito (Chamaerops humilis), acebuche (Olea europaea var. sylvestris), espino negro (Rhamnus lyciodes), Coronilla juncea, hierba de las siete sangrías (Lithodora fruticosa), adelfilla (Bupleurum gibraltaricum), madreselva (Lonicera implexa), cebollana (Globularia alypum), bayón (Osyris lanceolata), aladierno (Rhamnus alaternus), enebro (Juniperus oxycedrus subsp. oxycedrus), coscoja (Quercus coccifera), lentisco (Pistacia lentiscus).

    En mosaico con estas formaciones arbustivas mayoritarias se encuentran superficies reducidas de otros matorrales muy interesantes, de las especies endémicas del sureste peninsular “retama de Jiménez” (Genista jimenezii) y escobilla (Salsola genistoides), de otros arbustos de tendencia nitrófila, como retama (Retama sphaerocarpa) y Hammada articulata, y son comunes, en terrenos aún más degradados, los tomillares, matorrales de arbustos leñosos de pequeño tamaño o matas, de jarillas (Fumana sp. pl. y Helianthemum sp. pl.), zamarrillas (Teucrium sp. pl.), tomillos (Thymus sp. pl.), pincelillo (Coris monspeliensis), etc., siendo habituales también plantas muy aromáticas como ruda (Ruta angustifolia), Haplophyllum rosmarinifolium, ambas fáciles de reconocer simplemente al pisarlas, por su fuerte olor y que avisa de la alergia fotosensible en la piel que producen, rabogato (Sideritis murgetana) y alhucemilla o lavanda (Lavandula multifida), etc.

    Entre matorrales y tomillares, en pedregales, en suelos poco profundos, también bajo pinar y al pie de roquedos, se desarrollan pastizales de hierbas perennes y herbazales, con lastón (Brachypodium retusum y Helictotrichon filifolium), Brachypodium distachyon, Digitaria sanguinalis, etc., y son numerosas bulbosas y otras herbáceas de interés: narciso de otoño (Narcissus obsoletus), escila de otoño (Scilla autumnalis), candileja (Arisarum vulgare), Gagea iberica, gamones (Asphodelus cerasiferus) y gamoncillos (A. ayardii y A. tenuifolius), ajillos (Allium sphaerocephalon y A paniculatum), Bellis annua, Eryngium ilycifolium, Leucanthemum decipiens, etc.

    Creciendo sobre determinados sustratos, originados a partir de materiales geológicos concretos, poco propicios para la mayoría de las plantas, pueden localizarse, por ejemplo, en yesos: quebraollas (Ononis tridentata), jarilla escamosa o de calvero (Helianthemum squamatum), quebrantapiedras de los yesos (Herniaria fruticosa), brochera pegajosa (Artemisia glutinosa) y tomillo amargo del yesar o cluigida (Teucrium libanitis).

    En margas pueden encontrarse algunos taxones endémicos tan destacados como jaramago menor o rabaniza de Guirao (Guiraoa arvensis), especie dedicada al Senador, farmaceútico y botánico Ángel Guirao,  en el Puerto de la Cadena, la muy abundante rabaniza de Lorca (Diplotaxis ilorcitana) y, también, (curiosamente) al cardo amarillo de roca (Centaurea saxicola), en los terrenos margosos del Puerto del Garruchal.

   Cuando la roca madre es superficial y se añade cierto componente de verticalidad, en los roquedos, o aprovechando cualquier fisura en piedra, crecen la espuelilla de hoja carnosa (Chaenorhinum crassifolium subsp. crassifolium), Polygala rupestris, ombligo de Venus (Umbiliculus gaditanus), uñas de gato (Sedum dasyphyllum subsp. glanduliferum y S. sediforme), tomillo de roca (Teucrium buxifolium), zapaticos de la Virgen (Sarcocapnos enneaphylla), la rara Succowia balearica.

    Es en este ambiente rocoso, umbrío y resguardado, donde pueden encontrarse helechos, como doradilla vellosa (Cosentinia vellea), Cheilanthes acrostica, polipodio (Polypodium cambricum) y doradilla (Ceterach officinarum subsp. officinarum).

    En las fuentes y cauces con agua circulante, o encharcada, aunque sea temporalmente, enclaves realmente muy escasos en este territorio semiarido concreto, viven baladres o adelfas (Nerium oleander), juncos (Scirpoides holoschoenus, Schoenus nigricans, Juncus sp.), tarays (Tamarix sp. pl.), espantalobos (Colutea hispanica), y puntualmente arbolado de olmos (Ulmus minor), álamos (Populus alba), higueras (Ficus carica) –también en roquedos– y lironeros o almeces (Celtis australis), con culantrillos de pozo (Adianthum capillus-veneris), mirtos (Myrtus communis) y zarzaparrillas (Smilax aspera), como en la Rambla del Valle, cerca del albergue. Con porte de pequeño arbolillo se encuentran igualmente unos pocos manzanos (Malus pumila), en la anterior rambla y en el Arroyo del Puerto de la Cadena, y junto a éste, en la Fuente de la Marrana, y en el Barranco del Sordo, algunos fresnos (Fraxinus angustifolia), quizá plantados. En estos ambientes, junto al agua o en suelos de mayor humedad se encuentran herbáceas como alfilerillos de viuda (Trachelium caeruleum subsp. caeruleum), pamplina o pajarita de agua (Samolus valerandi), centaureas (Centaurium sp.), poleo (Calamintha nepeta subsp. nepeta).

    En los campos son habituales especies como el ajo porro (Allium ampeloprasum) o el ajo rosado (A. roseum), lechetrezna o lechetiernas (Euphorbia serrata, E. lagascae y otras), mohínos o margaritas (Chrysanthemum coronarium), gordolobo o acigustre (Verbascum sinuatum), cardo setero o panicardo (Eryngium campestre), numerosos cardos (Carduus pycnocephalus, Sylibum marianum, S. eburneum, Onopordon macrocanthum, Carthamus lanatus, Scolymus hispanicus, etc.) y otras dos interesantes compuestas: Centaurea eriophora y C. nicaeensis, entre otras tantas.

Diversidad singular

   Avanzados los días las numerosas horas de sol se traducen en calor, al que están adaptadas muchas especies de esta tierra, algunas especialmente representativas, como la flor de la estrella (Lapiedra martinezii) y la orejilla de roca (Lafuentea rotundifolia), dos interesantes plantas descritas para la ciencia en Murcia, en el Santuario de la Fuensanta y en el Monasterio de Santa Catalina del Monte, que florecen al final del verano o en los roquedos más térmicos, respectivamente, época y ambiente particularmente extremos. Otros buenos ejemplos de diversidad vegetal en los campos de Murcia son el malvavisco loco (Lavatera triloba), taxón del Mediterráneo occidental de carácter iberonorteafricano, y el cardo manso (Volutaria tubuliflora), planta íbero-magrebí y también sáharo–arábiga e irano–turánica. Estos son especies raras pero sin embargo habituales de cunetas y cultivos abandonados, que a su vez suponen vínculo de la flora de Murcia con la del Norte de África y otros territorios áridos del mundo, y evidencian la singularidad de la vegetación de nuestra tierra, del sureste de España y del Parque en el contexto geográfico de la Península Ibérica. Otros dos importantes iberoafricanismos son el Argyrolobium uniflorum, citado por primera vez para Europa en Monteagudo y que cuenta en el Puntal de los Abuelos con una destacada población ibérica, y el arto o azufaifo (Ziziphus lotus) que tiene en estas sierras de Murcia los ejemplares más septentrionales de la especie.

Orquídeas silvestres

    También buena muestra de la diversidad florística de la alineación montañosa que comprende El Valle son sus orquídeas silvestres, donde crecen –al menos– quince especies, aunque sólo unas pocas podrían considerarse comunes y hasta localmente abundantes, como la abejera oscura (Ophrys lupercalis (O. fusca s.l.)), la abejera rosada (O. tentheredinifera) y el espejo de Venus (O. speculum); de estas dos últimas se detecta, en 2013, hallazgo que tenemos que agradecer a César Portillo, el primer ejemplar híbrido conocido de orquidáceas en Murcia, Ophrys xheraultii. Sin embargo, otras especies de la familia son particularmente muy raras, tanto en los montes que nos ocupan como en la Región, siendo tres exclusivas de las sierras prelitorales, concretamente Orchis champagneuxii, O. conica y O. ustulata (en Carrascoy), las dos primeras con efectivos reducidos a un único ejemplar, localizadas por Mateo Rubio y Carlos Ortíz en 2010 y 2013.

Especies protegidas

    En El Valle pueden encontrarse, además, dos plantas particularmente raras y amenazadas de la Región, la olivardilla o labiérnago negro (Phillyrea media), especie en peligro de extinción según la normativa regional (Decreto 50/2003, BORM núm. 131), con varios ejemplares diseminados por el Parque, detectados por agentes medioambientales y voluntarios de Lafuentea, y la milenrama algodonosa (Achillea santolinoides), planta catalogada como vulnerable en la Lista Roja de la Flora Vascular Española (Moreno, coord. 2008) y en peligro de extinción en la vecina Comunidad Valenciana, redescubierta en 2012 en bancales abandonados sobre margas del Puerto de la Cadena. También en este lugar se detecta en 2013 un endemismo murciano propio de taludes margosos, hasta muy recientemente sólo conocido de los paisajes subdesérticos del Puerto del Garruchal, el collejón de los Garres (Moricandia moricandiodes subsp. pseudofoetida). Curiosamente, este ambiente en apariencia inhóspito también es el predilecto en las sierras murcianas de la orquídea gigante (Barlia robertiana), especie vulnerable en la legislación regional, que tiene en los pastizales de umbría de los abarrancamientos del Puerto de la Cadena su mejor población en la Región de Murcia, de varios miles de ejemplares.

    

José Antonio López Espinosa