Free cookie consent management tool by TermsFeed Tomás Valarino y Gattorno- Marco histórico - Región de Murcia Digital
HISTORIA

Tomás Valarino y Gattorno

Marco histórico

Empleados de la Fábrica de Cristal de Santa Lucía [Cartagena_Santa Lucía]
Empleados de la Fábrica de Cristal de Santa Lucía

El Siglo XIX: demografía, economía y sociedad

La llegada del siglo XIX supuso para la sociedad murciana el inicio de la lenta transición hacia su modernización demográfica, a pesar de que la primera mitad de esta centuria fue realmente negativa para la Región por la reaparición de hambrunas, epidemias, guerras, sequías o inundaciones. En esta época se produjo un significativo crecimiento del total poblacional gracias al aumento de la natalidad, el descenso de la mortalidad (especialmente infantil) y la mejora de las condiciones de vida. Esta tendencia se verá reforzada durante la segunda mitad del siglo, pasando de 271.079 habitantes en 1780 a 577.987 en 1900.

Este crecimiento demográfico estuvo favorecido por la mejora de la economía murciana, auspiciada por la aparición de una moderna agricultura de regadío y el desarrollo de la industria minera en la Sierra de Cartagena, Águilas y Mazarrón. Todo esto, auspiciado por las reformas liberales de la propiedad y la desamortización eclesiástica.

Pero el desarrollo económico se ralentizaría al finalizar la centuria, debido a la crisis de la agricultura, el declive de la actividad minera, y la intensificación de los movimientos migratorios murcianos a Iberoamérica y Cataluña, manteniéndose los dirigidos a la Argelia francesa iniciados en la década de los años 30 en las zonas del sureste peninsular.

Durante este siglo, la sociedad se dividía en distintas clases sociales: una clase dirigente, compuesta por la nobleza terrateniente, la nueva burguesía industrial y los altos mandos del ejército, otra clase media urbana, compuesta por personas que ejercían profesiones liberales, como funcionarios, empleados, comerciantes, oficiales del ejército, etcétera y, por último, la clase popular urbana y el campesinado.

La Guerra de Independencia en Murcia (1808 – 1814)

El comienzo del siglo XIX en Murcia no pudo ser más catastrófico, con la rotura de la presa de Puentes (Lorca) en 1802, incidente que provocó más de 600 muertos y la devastación del Valle del Guadalentín.

En 1808 se inició la Guerra de Independencia, con el traslado de la familia real española a Fontainebleau y la posterior invasión francesa de la península. Murcia apoyó desde el primer momento a la Junta Suprema Central, permaneciendo como una zona de retaguardia que abasteció al ejército español y aportó soldados. También se produjeron enfrentamientos bélicos, especialmente en las zonas de Murcia y Yecla, que dejaron a la Región exhausta por el esfuerzo realizado.

Finalizado el conflicto bélico, Fernando VII accedió al trono español restableciendo el Absolutismo, lo que supuso la derogación del régimen liberal instaurado por las Cortes de Cádiz y su Constitución de 1812. Este reinado se caracterizó por la persecución y represión de los partidarios del liberalismo en la Región y en toda España.

La problemática sucesión de Fernando VII

La muerte de Fernando VII en 1833, y la abolición de la Ley Sálica antes de su fallecimiento, dejaba el trono dispuesto para la pequeña Isabel, quedando bajo las regencias de su madre, María Cristina, y del General Espartero.

Estos hechos desencadenaron la primera Guerra Carlista (1833-1840) entre los partidarios de la monarquía absoluta en la figura de Don Carlos, hermano de Fernando VII, y quienes apoyaban el régimen liberal.

De esta época destaca especialmente la creación de la división provincial en 1833, obra del Ministro de Fomento, Javier de Burgos. Producto de las necesidades administrativas españolas, este reajuste supuso la creación de los actuales límites provinciales, mutilando al histórico Reino de Murcia, que perdió una gran cantidad de sus antiguos territorios.

El reinado liberal de Isabel II (1843 – 1868)

En 1843 Isabel II cumple la mayoría de edad y un año después es entronizada. Comenzaba así el período de Gobierno liberal, presidido por el moderado Narváez, que se prolongaría hasta 1868, con la excepción de la etapa comprendida entre 1854 y 1856, en ka que gobiernan los progresistas.

A partir de 1856 el liberalismo moderado se va desmoronando hasta su desaparición en 1868, fecha en la que tiene lugar el pronunciamiento de Cádiz y el derrocamiento de Isabel II, que se ve obligada a exiliarse a Francia.

Durante este reinado, Murcia alcanzó un pronunciado desarrollo económico, auspiciado por el avance de la agricultura, la minería, y la llegada del ferrocarril Cartagena – Madrid en 1862.

En el mundo de la cultura destaca la sucesión de estilos arquitectónicos que experimenta Murcia durante el siglo XIX, pasando del Neoclasicismo (Ayuntamiento de Murcia o el Hotel Victoria) o el Eclecticismo (Teatro Romea o Casino) en Murcia, al Modernismo en Cartagena y La Unión (Ayuntamiento o Gran Hotel en la primera, Mercado o Casa del Piñón en la segunda).

Estas corrientes se encontraban enlazadas en la pintura del momento, uniéndose a los presupuestos realistas. Mientras,  desde el punto de vista escultórico, será la obra de Salzillo la que más influya en los autores del XIX, aunque pronto aparecieron escultores que rompieron con esta tradición.

En el campo literario se producirá en este siglo una disputa entre un Neoclasicismo que intenta permanecer y un Romanticismo que se impondrá finalmente, destacando la fuerte presencia de autores costumbristas.

Los cambios de régimen político de finales del siglo XIX

En esta época, el movimiento independentista cubano inicia una guerra que se prolongará hasta 1878. Mientras, en España, el Gobierno provisional del General Serrano instaura una monarquía constitucional en la figura de Amadeo de Saboya, que abdicó en 1873, proclamándose la I República.

El nuevo régimen deberá hacer frente a las tensiones con los republicanos, partidarios de acelerar la implantación de una república federal, a un nuevo conflicto con los carlistas y a la aparición de la revuelta cantonal.

Esta última tuvo una especial incidencia en la Región, debido a la proclamación del Cantón en Cartagena el 12 de julio de 1873, actitud seguida por Murcia tres días después. La ciudad portuaria se convirtió en capital del cantonalismo español, que se extendía por zonas de Levante y Andalucía, albergando la sede del Gobierno Cantonal y erigiéndose como plaza fuerte del levantamiento.

Desde ambas ciudades, el Comandante General de las fuerzas cantonales, Antonete Gálvez, emprendió campañas marítimas y terrestres obligando a la formación de Juntas Locales en el resto de la Región y los territorios históricos del Reino de Murcia, hasta que la sublevación finalizó con el asedio de Cartagena por parte de las fuerzas liberales en enero de 1874.