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Cardos Romanos

Cardo blanco y cardo de alcachofa
Cardo blanco y cardo de alcachofa
Julio Pedauyé Ruiz

El componente mayoritario del cardo es el agua que supone hasta el 94%, seguido de los hidratos de carbono (3,4%). Contrariamente a lo que pudiera pensarse, tampoco es particularmente elevado su contenido en fibra (1g en cada 100 g de porción comestible). Respecto a las sales minerales, el cardo destaca por su alto contenido en calcio pero presenta el problema, al igual que con el hierro que contiene, de no ser bien absorbidos por el organismo. También contiene pequeñas cantidades de oligoelementos como zinc, cobre y manganeso.

Debido a su bajo aporte calórico -menos de 25 Kcal por 100 gramos de porción comestible- resulta recomendable para ser incluido en las dietas de adelgazamiento, siempre que en su preparación no utilicemos natas o aceites en exceso. Por otro lado, entre los hidratos de carbono que contiene el cardo se encuentra mayoritariamente la inulina, sustancia que no precisa de insulina para su metabolización en el organismo, lo que le convierte en un alimento muy adecuado para diabéticos..

El amargor de los cardos se debe a una sustancia llamada cinarina, que le confiere ciertas propiedades terapéuticas similares a las de otras verduras también amargas como la alcachofa, la achicoria, la endibia, la escarola o el rábano. Estas verduras favorecen la función hepática y de la vesícula biliar, con lo que mejoran la digestión. La cinarina posee un efecto colerético, esto es, estimulador de la secreción de bilis -la bilis es sintetizada por los hepatocitos, se almacena en la vesícula biliar y se vierte al duodeno cuando llegan las grasas de los alimentos-.

Por todo ello, el cardo es recomendable en la dieta habitual de quienes padecen enfermedades del hígado, vesícula biliar y vías biliares, así como a los que sufren los trastornos digestivos que derivan de ellas, como sensación de plenitud, pérdida de apetito o dolor abdominal. El cardo ayuda en la digestión de alimentos grasos y colabora en la descongestión del hígado, pues consigue que la bilis sea menos densa y más fluida. Así, la vesícula biliar se vacía con mayor facilidad y existe menor tendencia a la formación de cálculos biliares.

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