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La salada Región de Murcia

La sal como símbolo de pureza (Detalle de una ilustración del Beato de Liébana) [Caminos del Thader]
La sal como símbolo de pureza (Detalle de una ilustración del Beato de Liébana)
Julio Pedauyé

Desde muy antiguo la sal ha sido sinónimo de pureza, quizás debido a su propiedad de no corromperse jamás y de preservar del deterioro a cuanto se le añade, quizás por analogía con las propiedades del mar del que procede en su mayoría - y que es origen de toda vida, regenerador-

En el Levítico, segundo libro más antiguo de la Biblia, ya se recoge esta simbología de la sal. Romanos y hebreos salaban los cadáveres para purificarlos y que fueran admitidos en la otra vida y, San Marcos, en su evangelio (9, 49) dice: 'serán salados con el fuego', es decir, purificados con fuego.

Todavía en nuestros días la sal es utilizada en toda clase de ritos y exorcismos, así como para 'limpiar' de malos espíritus. Así, hasta hace poco, nuestros antepasados echaban sal al fuego del hogar para ahuyentar a los demonios que hubiesen podido venir a la llamada del fuego y, en la huerta de Murcia, se echaba sal en los rincones de las casas y barracas para limpiarlas de malos espíritus.

Este uso mágico de la sal se reproduce en numerosas culturas y civilizaciones. Así, por ejemplo, al otro extremo del mundo, en Japón, el arte del Feng Sui utiliza la sal también para limpiar de 'lo malo' el ambiente de las casas.

"La última cena" de Leonardo da Vinci.
Julio Pedauyé

Por otra parte, precisamente porque la sal no se corrompe, mantiene su esencia, también se le ha asimilado a la palabra dada, que no se ha de corromper. En este sentido, ahora que debido al éxito editorial de la novela 'El código da Vinci' , está tan de moda el cuadro 'La última cena' de Leonardo da Vinci, resulta interesante señalar que dicho artista renacentista no se olvidó de pintar un salero volcado por el codo de Judas.

De la importancia de la sal en el mundo antiguo nos habla, por ejemplo, la palabra salario, que tiene su origen en los primeros tiempos de Roma cuando a cada soldado se le facilitaba un puñado de sal. Posteriormente se sustituyó esta costumbre por darles un poco de dinero para que, entre otras cosas, pudiesen ellos mismos comprarse la sal. A dicha paga se le denominó salario.

En el oriente, la filosofía del yin y el yang, clasifica a la sal como extremadamente yin, lo que explicaría que nos apetezca más cuando nuestro cuerpo está en ejercicio o en el verano -situaciones yang-. Del mismo modo, se explicaría la macabra curiosidad que escuché en una entrevista televisada a un terrorista: Antes de cometer los asesinatos, momento extremadamente yang-, cuando aguardan a la espera a sus víctimas para dispararles a bocajarro, la sequedad de boca era tan intensa que la lengua les raspaba, por lo que para amainar esta desagradable sensación, se echaban un puñadito de sal al bolsillo de la que chupaban para provocar la salivación y, de este modo, humedecer la boca.

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