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Los primeros concursos flamencos en La Unión: precedentes del Festival del Cante de las Minas.

Fachada Principal del antiguo Mercado Público de La Unión

Fachada Principal del antiguo Mercado Público de La Unión

José Gelardo Navarro
José Gelardo Navarro
Pedreño

Por José Gelardo Navarro

Catedrático de Francés.

Asociación Flamenca de la Universidad de Murcia.

  La tradición oral flamenca afirma que en la Sierra Minera de La Unión-Cartagena, y muy particularmente en el núcleo minero de La Unión, el flamenco tuvo un auge extraordinario durante todo el siglo XIX. La prensa murciana del XIX, también la novela y la lírica, es decir los papeles escritos -lo que para muchos es la “verdadera historia”- confirman lo que nos transmite la oralidad, también histórica de veras. Ambas historias se complementan.

    La historia escrita certifica lo que adivinábamos: que fue la emigración almeriense –también la granadina y la malagueña, en menor medida- la que, desde mediados del siglo XIX, sembró la semilla flamenca de los cantes mineros en La Unión.  Los “andaluces”, es decir los almerienses, fueron los iniciadores y transmisores del flamenco y del flamenco-minero, de los cantes y toques “atarantados”. El trajín de la emigración duró hasta bien entrado el siglo XX: para hacernos una idea de estas riadas migratorias hemos de constatar que La Unión, entre 1860 y 1877, pasó de 8.000 a 22.000 habitantes. El trasiego de cantes y de mutuas influencias entre la minería almeriense y La Unión-Cartagena-Mazarrón-Lorca..., entre uno y otro folklore, fue permanente durante casi un siglo. La historia escrita, es decir la prensa, nos habla de los primeros cantos mineros de La Unión hacia 1841 en las voces de los propios jornaleros mineros, así como de los primeros Cafés Cantantes de Cartagena (el de la Plaza del Rey del “Sr. Carrasco” y el de la Plaza de la Merced) en la temprana fecha de 1871.

    Según los testimonios escritos -ratificando la tradición oral- en La Unión tomaron asiento numerosos Cafés Cantantes Flamencos y/o similares: Café Cantante del Estrecho, Cafés Cantantes de El Garbanzal, El Casino, la Taberna de Pepe El Flamenco, Café Cantante de El Rojo, Café de Peteneras en Portmán, Café de José Aguirre, Café Habanero, Café de la Villa, Ventorrillo de la Roja, Café del Mena, Café de Paco (Francisco Garrido), Café de José María... Por los escenarios de La Unión -también por el Teatro Circo, desfilaron grandes artistas y aficionados flamencos. Entre ellos: Chilares, Pedro El Morato, Juan Martínez Peñafiel, La Cuenca, Juan Breva, Paco el de Lucena, El Rojo El Alpargatero, La Gabriela, El Marmolista, La Peñaranda, El Nene de las Balsas, El Silbante...

    La historia del flamenco-minero es también la historia de las vicisitudes de sus sujetos creadores y de su entorno, la narración de las sucesivas y permanentes crisis mineras, de la explotación, del pago mediante los famosos “vales”, de los accidentes mineros, de la violencia, de las riñas o “cuestiones”, muertes, homicidios... Por todas estas razones, la prensa, en tanto que motor vocero de la cultura dominante y a pesar de las abundantes noticias, consideró siempre el flamenco –exponente de la cultura de la pobreza- como un enemigo a batir, resaltando los aspectos negativos –riñas, homicidios...-, pregonando el café cantante como centro de corrupción y de vicio, y ocultando la noticia propiamente flamenca: nombre de los artistas, palo o toques que se ejecutaban...

Principiando el siglo XX, “un obrero de la inteligencia” unionense firma un artículo en el que declara que “La Unión, prototipo del pueblo trabajador, despierta de su letargo intelectual y, proscribiendo y cerrando los cafés cantantes, entra en el siglo XX con paso firme y vigoroso por la senda de su regeneración” (La Unión en el Siglo XX, 1-1-1901). Uno de los firmes puntales en este camino de la “regeneración” de La Unión fue, sin duda alguna, el alcalde Jacinto Conesa, quien, ya en 1900, aplicaba de manera estricta la legislación contra los Cafés Cantantes (Gaceta de Madrid, R.O. de 13-3-1900). Como si se tratara de una consigna y con no poca alegría, así lo recogía la prensa de la ciudad de Murcia:

Contra el flamenco.- En virtud de expediente gubernativo, el Alcalde de La Unión ha ordenado el cierre definitivo y permanente de los cafés de cante flamenco y camareras (Heraldo de Murcia, 29-10-1900).

La “inteligencia” de la ciudad se lo agradeció cuando en 1901 se despedía –provisionalmente- de la alcaldía. En el homenaje que se le tributó se alababa su gran obra en beneficio de la moral pública por cuanto había contribuido a extirpar “el espectáculo de la flamenquería que tan arraigado se hallaba ya en este pueblo”. Sin embargo, en ese mismo sentido homenaje se constata que la “llaga” del flamenco sigue estando presente en La Unión por la recomendación que se hace a los alcaldes que le suceden: “¡Quiera Dios que en esta clase de asuntos, sigan los alcaldes sucesivos el buen ejemplo del que acaba de ejercer! Porque hay mucho que curar todavía” (El Diario de Murcia,14-3-1901).Sin embargo, el poso flamenco en la sierra minera de La Unión (“la llaga”) estaba tan arraigado que fue imposible la extirpación. 

    La otra gran llaga de la Sierra Minera, la de la crisis permanente, los bajos salarios, el hambre, la miseria, las enfermedades, la falta de escuelas, permanecía viva...  “En La Unión, centro principal de los mineros, la vida se va haciendo imposible, y es nuestro parecer que de continuar por más tiempo este estado de cosas pudiera ser fácil ocurrieran serios disgustos. En Cartagena repercute el malestar como es consiguiente. Por esta población vemos a cada paso pobres obreros procedentes de las minas implorando la caridad pública, y esto causa honda pena.(El Liberal, 7-4-1904).

El flamenco, a pesar de estas adversas circunstancias,  sigue su curso inexorable entre un público aficionado-jornalero-minero que lo considera algo así como su patrimonio cultural. Ahora, el flamenco, en respuesta a la represión y al cierre de cafés cantantes-cafetines-tabernas o espacios de sociabilidad popular, pasa a tener como escenario el teatro que también acoge al público popular por el abaratamiento de la entrada:

    LA UNIÓN. Teatro Circo.- Según nuestras noticias, esta noche hará su presentación en aquel coliseo la hermosa coupletista andaluza, conocida generalmente por “La niña de los peines”. A esta le acompaña un excelente guitarrista.(La Mañana, 17-4-1909).

Y, como ya sucediera en el XIX, la historia se repite entre el confusionismo de los no amantes del flamenco (La Niña de los Peines presentada como cupletista) y los furibundos ataques ilustrados y con tintes de redención obrera del “regeneracionista” El Rebelde (19-3-1913), “republicano y progresista”:

                Anoche en una taberna

                de mi misma vecindad,

                y al compás de una sonanta

                tocada bastante mal,

                escuché una voz terrible

                que con un tono infernal

                destrozaba los oídos

                y este insípido cantar:

                “Cartagena, Cartagena

                bien te puedes alabar,

                que Murcia con ser tan grande

                no tiene puerto de mar”.    

Decididamente para el oído de las élites culturales y de poder de todos los tiempos la música flamenca es “otra” música, malsonante, música de los infiernos, de los infiernos de la pobreza. De la misma pobreza de la que procedía la gran artista unionense Emilia Benito, la cantaora de “cante jondo”, de “malagueñas, granaínas, peteneras”; “pero en lo que no tiene rival –nos dice El Criticón del 4-11-1913- es en las cartageneras de la sierra. Claro es, si nació y se crió en el corazón de la sierra. Siente y dice con toda el alma las estrofas de las cartageneras, que tanta fama dieron al Rojo el Alpargatero y que las entona con bravura y estilo firme”. Ahí está el saber y el poderío flamenco de La Satisfecha: sus grabaciones, para los no sordos, pueden aclarar cualquier duda. Y ahí está también la continuidad y el orgullo de la tradición cantaora y flamenca, pues esas “cartageneras de la sierra” son, sin duda alguna, los cantes de ese gran creador-compositor y mejor empresario –aunque terminara de tartanero y en la hoyanca- que fue El Rojo El Alpargatero: la “cartagenera de El Rojo” –también de La Peñaranda-,  modelo del que partió Chacón para elaborar la suya.

Emilia Benito, hembra solidaria con la miseria y el hambre de La Unión y redentora de lacras familiares, siempre estuvo con los suyos. Así nos la presenta La Lucha (20-11-1913): “ Es característica en ella una virtud, la caridad, de que tienen eficaces pruebas los pobres de La Unión, y que habrá de manifestarse nuevamente el próximo lunes, para cuya noche organiza la artista una función extraordinaria a beneficio del Santo Hospital de la Caridad”. Para ayudar a los desgraciados, enfermos y tullidos del Hospital de la Caridad, actuó Emilia en el Salón Condal con un lleno hasta los topes.

    Los admiradores de La Satisfecha, las clases humildes de la Sierra Minera sufrieron en sus carnes el progresivo agotamiento de los yacimientos mineros, crisis que  se acentúa por mor del  conflicto bélico de 1914-1918. De unas 1200 minas sólo quedaron en pie unas 400. El paro y sus secuelas alcanzaron al 70% de los mineros y esta grave situación se prolongó hasta la crisis definitiva de 1921. Concentraciones, movilizaciones y huelgas se suceden. Las de 1919, en Portmán y en las minas La Ocasión y La Palmera, son duramente reprimidas, contratando para ello a verdaderos matones-rompedores de huelgas: los Frías, los Chipés y los Vidal, tristemente célebres (El Despertar del Obrero, 11-5-1918). Por si faltara alguna desgracia que añadir, la horrorosa tormenta del 29-9-1929 provocó la destrucción de un número importante de minas; las trombas de agua y lodo inundaron la ciudad, también el cementerio: los cadáveres desenterrados de este último se dieron la mano con las víctimas de la tormenta. Panoroma, pues, desolador el de La Unión de estos tiempos: el jornalero minero busca refugio en tabernas, bodegones, ventorrillos, casas de prostitución –muchas de ellas clandestinas-, en cafetines...; en estos espacios de esparcimiento popular y propicios para el flamenco, el alcohol –de muy mala calidad, por lo general-, la cultura del alcohol –que venía de lejos- hace estragos: desde finales del XIX y para una población de unos 25.000 habts., entran en la ciudad unas ¡25.000 arrobas! de aguardiente, y... las “cuestiones” (riñas, heridas de arma blanca, asesinatos) están siempre presentes.  

     Ante esta situación, no es difícil deducir que por parte de las élites de poder (patronal, ayuntamiento, diputación, Estado...) no existió jamás una planificación social y humanitaria, sino todo lo contrario: la consciente programación de una explotación salvaje. Para curarse en salud, para limpiar la conciencia, en vez de justicia social se ejerce la caridad mediante instituciones como el Liceo de Obreros (para suplir la falta de escuelas y el permanente impago a los despreciados maestros), el Asilo de Huérfanos (para acoger a los hijos de los mineros muertos en la mina), el Hospital de la Caridad, la Cocina Económica (en donde se da de comer a unos 400 niños desamparados); por cierto y en cuanto a esta última, el más eficaz constructor (inversor-especulador) fue el afamado médico de La Unión Pascual Molina Núñez, masón y rico propietario minero, es decir, el mismo “Don Pascual” que la copla minera señala como poderoso enemigo: “De la entraña de la mina / sube el rico metal / pá que tengan berlina / los hijos de Don Pascual”.

  El cante-copla-música flamenco-minero está atravesado por todos estos avatares. Los mismos que debieron presidir el antecedente más claro de lo que más tarde, en 1961, sería el Festival del Cante de las Minas de La Unión: el Concurso de Cante Jondo del viernes 16 de octubre de 1925. La noticia de este primer concurso explica las razones históricas y culturales que pueden haber dado lugar al mismo y resalta que en La Unión no se han olvidado de los Rojos Alpargateros, ni del origen almeriense de “nuestros cantes” ni tampoco del papel de la minería en sus letras y en su música:

LA UNIÓN. Concurso de “cante jondo”.- Sabido es que esta cuenca minera fue la causa del llamado “cante por levante”; esa modalidad del cante popular que actualmente pasea en triunfo por América nuestra paisana Emilia Benito, como antes logró su popularidad por toda España. Así como Emilia, también nació aquí Antonio Grau, hijo de aquel famoso “Rojo el Alpargatero”, que desde los discos del gramófono contribuye hoy a la difusión de esas coplas (...) Se explica este carácter popular en la presión que en esta sierra hicieron diversas regiones, llegando a formar una expresión trágica; expresión que alcanza su mayor grado cuando brotan esas coplas en el fondo de la mina, o cuando entre los vericuetos de las montañas, regresan o marchan al trabajo esos arraigados obreros que no pierden nunca su característica jovialidad, su gesto de luchadores que nada temen en la pelea. (Cartagena Nueva, 4-9-1925).

Cuidando hasta los mínimos detalles en cuanto a la composición del jurado, se elige como presidente de la comisión a Manuel Rodríguez y hasta “parece ser que existe el propósito de invitar a un insigne artista residente en Madrid, gran aficionado a los cantos populares, para que venga a presidir el Jurado; con ello se daría a la fiesta carácter de solemnidad”. Que así fue, no ofrece duda alguna pues hasta la prensa murciana, a través de El Liberal (8-10-1925), se hace eco del magno acontecimiento con estas palabras:

    LA UNIÓN. De las fiestas.- El hecho de haber sido nombrado don Manuel Rodríguez Fernández, presidente de la comisión organizadora de la fiesta de “Cante jondo”, asegura a este número del programa de festejos el éxito rotundo, pues ya es sabido el interés cordial que el señor Rodríguez pone en todas sus empresas. La velada de “Cante jondo” será en el Circo y hay concedidos tres premios, el primero de 200 pesetas, según el fallo de un jurado competente.

El Programa de Festejos del Ayuntamiento, con motivo de las fiestas de la Virgen del Rosario, ofrece más detalles acerca de los premios que serán otorgados:

DÍA 16.- A las nueve de la noche: CONCURSO DE CANTE JONDO en el Circo, con los siguientes premios: El primero de 200 pesetas. El segundo de 100 y el tercero de 50 (Cartagena Nueva, 11-10-1925).

Más noticias con aclaraciones y publicidad del dicho concurso:

    LA UNIÓN. Concurso de cante jondo.- Mañana noche tendrá lugar en Circo-Teatro, el concurso de cante jondo que con tanta curiosidad e interés se espera. Entre los cantaores de por aquí hay muchos que se esforzarán por alcanzar los considerables premios en metálico. También vendrán cantaores de fama, entre ellos “El Fanegas” que ha logrado primeros premios en otros concursos. Con verdadera ansiedad, se espera la noche de mañana, para admirar tan pintoresco espectáculo. Se espera para esta fiesta, la concurrencia de muchos forasteros, especialmente de Cartagena, que pueden aprovechar la comodidad del viaje, hasta hora avanzada, sin recargo en los precios. (Cartagena Nueva, 15-10-1925).

Y cumplida noticia del rotundo éxito del concurso –participantes, ganadores...-, a pesar de los malos augurios, procedentes, sin duda alguna, de la clase “ilustrada” contra el flamenco y su inherente gentuza:

    LA UNIÓN. Concurso de cante jondo.- Como decíamos aquí, en la noche del viernes estuvo totalmente lleno el Circo Teatro, con motivo del concurso de cante jondo. Y en la calle se quedó más gente de la que había dentro. A pesar de la aglomeración de público y en contra de los presagios de quienes suelen equivocarse al augurar las cosas, no ocurrió ningún incidente digno de mención.

    Concurrieron al concurso los cantaores “Chato de Valencia”, “Segundo Cojo de Málaga”, “El Cano”, “El Rampa”, “El Mendo”, “Guerrita”, “El Fanega” y Alarcón. El Jurado concedió los premios de esta forma: primero, a “El Fanega”; segundo, a “Guerrita”; tercero, “El Mendo”. Asimismo fueron gratificados los demás cantaores. Los guitarristas “Zocato” y Clemente cumplieron admirablemente su cometido.

    Componían el Jurado, entre otros, los señores Valcárcel, Gil, Casteliz, Barajas, Plazas, Pérez García y nuestro compañero Martínez Murcia, en quien había delegado el Presidente señor Rodríguez. Merecen elogios sinceros y entusiastas la Comisión organizadora de este acto, elogios que dedicamos condensados al Presidente don Manuel Rodríguez (Cartagena Nueva, 18-10-1925).

El lleno a rebosar de este primer concurso dio lugar a otro que se celebraría una semana más tarde para contentar a todo el mundo, cantaores y afición. Así parece deducirse de las siguientes noticias por las que quedamos enterados de que el jurado será el propio público (innovación) y de que, en esta ocasión, corresponderá al cantaor Guerrita el primer premio:

    LA UNIÓN. Circo Teatro.- Como venimos indicando, esta noche se repetirá en este coliseo el concurso de cante jondo. Mediante plebiscito popular será declarado campeón uno de los tres que se presentan y que son “Fanegas”, “Guerrita” y “El Mendo”. Para dar lucimiento a la fiesta se ha ofrecido a actuar fuera de concurso “El Cano” y “Segundo Cojo de Málaga”. También harán su presentación por primera vez ante el público dos muchachos unionenses que poseen buena voz y mejor estilo de cante. (Cartagena Nueva, 24-10-1925).

¿Sería uno de estos “muchachos” el cantaor” Eleuterio Andréu, a la sazón con 11 años?

    LA UNIÓN. Cante jondo.- En el concurso de cante celebrado el sábado y domingo últimos, obtuvo el título de campeón por mayoría de votos el famoso cantador “Guerrita”, siguiéndole en número de sufragios “Fanega” y  quedando en tercer lugar “El Mendo”. (Cartagena Nueva, 27-10-1925).

    Señalemos también como precedentes del Festival del Cante de la Minas, dos concursos más. El del año 1926 y el de 1929: 

    Diario de La Unión. Circo Teatro.- Anoche debutó en este local el Trío Genil [con el Niño del Genil]. Para esta noche se anuncia concurso de cante flamenco, en el que acuarán, además de dicho Trío, los notables cantaores Niño de Almería, Mendo y Cano (Cartagena Nueva, 16-5-1926).

    LA UNIÓN. Cante jondo.- Anoche se celebró en este Circo-Teatro el anunciado concurso de cante flamenco, que satisfizo grandemente a la numerosa concurrencia. El niño “La Pomares” nos mostró sus portentosas facultades en el arte que cultiva. Los demás artistas bien (La Tierra, 29-5-1929).

    ¿Qué cantes y que toques se escucharon en estos y otros concursos-festivales de La Unión? Amén de los cantes flamenco-andaluces, una primera pista –sobre cantes mineros- la encontramos en esas “cartageneras de la sierra” de Emilia Benito. Existe, no obstante, un revelador escrito (“Aires de Levante”, 1928) del poeta lorquino Eliodoro Puche (véase nuestro artículo “Puche flamencólogo”, La Opinión, 4-6-1999). Puche, ¡en 1928 y en la “zona de La Unión”!, nos da cuenta de la música, de las letras y de los cantes de la Sierra Minera, a saber, la cartagenera, la taranta y el “cante minero, es decir –siempre siguiendo este histórico documento- “mineras/cantes de la madrugá”. Esta última modalidad de cante fue la más notable aportación creadora de La Unión al flamenco minero de procedencia almeriense, y éstos –cartagenera, taranta, minera y otros cantes mineros- los cantes que estarían presentes en los citados concursos. Y, aunque se ha utilizado la nomenclatura de “tarantilla” como equivalente y sustituto del término “minera”, hay que afirmar con rotundidad que dicho vocablo, el de “tarantilla”, no aparece jamás en los textos escritos de la época y no forma parte de la tradición oral cantaora de La Unión-Cartagena-Almería-Jaén; tampoco consta nunca en la antigua discografía anterior al Festival Minero de La Unión de 1961.  

    ¿Influyeron en estos concursos el famoso Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922 y los posteriores de la vecina Cartagena? Sin duda alguna. Consideramos, sin embargo, que en los de La Unión tuvo mucho más peso la propia tradición flamenca.

     Digamos, por último, que además de los concursos citados, La Unión mantuvo la trayectoria flamenca con la actuación de importantes figuras del flamenco, andaluces y, sobre todo, locales, de Cartagena... Coincidiendo con las fechas de los concursos y hasta 1961 (primer Festival del Cante de las Minas), desfilaron, entre otros muchos, por los escenarios unionenses: El Rampa, Pena Hijo, La Niña de los Peines, Angelillo, Guerrita, José Grau (Rojo El Alpargatero), Niño de Levante (Pedro Garrido), Tomás Pavón, Isabel Díaz (La Levantina), Ángeles Díaz, Pepe de Badajoz, Borrull, Juan Varea, Vallejo, La Joselito, El Palanca (Antonio Piñana), Niño de las Cruzadillas (Diego Lobato), Eleuterio Andréu, Pepe Pinto, Canalejas, Marchena, Esteban de Sanlúcar, Antonio Delgado, Niño Ricardo, Juan Luis El Carnicero, Morenito de Levante, Juanito Valderrama, etc., etc.

    Los datos aquí consignados son la prueba de que el Festival del Cante de las Minas, iniciado en 1961, no fue la resurrección desde las cenizas. El flamenco, más que un rescoldo, fue un fuego permanentemente vivo en La Unión y en la Sierra Minera.

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