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El Valle de Ricote en el siglo XVII

La Orden de Santiago controlaba el Valle de Ricote

La Orden de Santiago controlaba el Valle de Ricote

Huerta tradicional en el Valle de Ricote

Huerta tradicional en el Valle de Ricote
Vicente Hernández Gil

Escudo utilizado por la Encomienda de Ricote durante los siglos XVII y XVIII

Escudo utilizado por la Encomienda de Ricote durante los siglos XVII y XVIII

Sistemas hidraúlico

Sistemas hidraúlicos musulmanes (códice siglo XIII)

Hay una cierta tendencia a iniciar la descripción de la actividad económica en el Valle con un tono idílico. Rememorando a los antepasados musulmanes, se alude a su sabiduría en la horticultura. Así, se menciona toda la gama de productos de la huerta, y de árboles frutales: granados, pomelos,  albaricoqueros, cerezos, viñas, membrilleros, ciruelos, dátiles... También otros frutos como la sandía y el melón. Se habla, también con frecuencia, de los cítricos, naranjos y limoneros... pero en lo que se refiere al Valle, Juan González Castaño ha documentado que la gran expansión de esas especies se produce en fecha muy posterior al mundo morisco, a finales del siglo XIX.

El Valle de Ricote formaba una encomienda perteneciente a la Orden de Santiago. La figura de dominio sería, por tanto, el Comendador. Dimas Ortega ha presentado en un interesante trabajo sobre el comendador Miguel Pérez de Almazán un retrato del Valle en los inicios del siglo XVI:

“Los comienzos de siglo fueron desastrosos desde el punto de vista social en casi todo el Reino de Murcia: epidemias de peste, sequías unos años y exceso de lluvia otros, malas cosechas, y subida de posprecios de cereal. No obstante, a partir de 1507 la situación mejora considerablemente. En el Valle de Ricote aumenta la población, las cosechas son abundantes en 1508 y 1509, la economía emprende una serie de inversiones en los servicios y obras públicas, tales como la construcción de un nuevo molino en Ricote por un importe de 27.000 maravedíes, reformas en la casa de la Encomienda, iglesias parroquiales, almazaras, castillo, fuentes y caminos. Pese a ello, comprobamos como en 1506 la renta de la encomienda importó 280.000 maravedíes de los que 200.000 pasaron a engrosar el pecunio personal de Almazán (...) A ello hay que unir las propiedades con las que se fue dotando a las parroquias, como es el caso de la de Ricote que en 1525 disponía de un terreno con 24 olivos procedentes de los habices de la antigua mezquita. A la vez se va trazando la fisonomía urbana de las distintas villas, que se van desarrollando alrededor de las iglesias”.

Pero a inicios del siglo XVII el Comendador se había convertido en una figura ausente, que dejaba los asuntos económicos en manos de un arrendador que se quedaba los beneficios de la encomienda a cambio de una cantidad fija anual pactada con anterioridad. Los asuntos militares eran incumbencia del Alcaide, mientras que cada una de las seis villas tenía un concejo controlado por las oligarquías locales, que había adquirido a perpetuidad los cargos municipales. L. Lisón pone como ejemplo la villa de Abarán, donde el licenciado Francisco Sánchez Munguía poseía la alcaldía; el alférez mayor era propiedad de Fernán Yelo; la mayordomía del concejo estaba en manos de Ginés Yelo; el puesto de alguacil mayor, en manos de Jusepe Cobarro; así como distintas regidurías, que eran propiedad de las familias más poderosas de la localidad. El Ayuntamiento de Blanca estuvo controlado por un clan compacto durante mucho tiempo, el de los Cachopo.

La economía de esta zona del Reino de Murcia se basaba, como no podía ser de otra forma, en la agricultura. En el siglo XVI se experimenta un notable incremento demográfico en todo el valle, y la disponibilidad de agua gracias a infraestructuras como las acequias (Andelma, El Menjú), Azudes (Ojós), norias, molinos y demás, permitió la explotación de la huerta. Gracias a las visitas de la orden de Santiago podemos poner ejemplos concretos de las localidades del Valle, como este de Abarán en 1531:

Habarán que es de la dicha encomienda y Val de Ricote tiene sesenta y cinco vecinos pecheros todos moriscos la mayor parte de ellos tiene razonable pasada y los demás algo necesitados y algunos muy pobres. Tienen huerta, aunque no grande y en ella tienen moreras con que crían seda, y cogen algo de pan y hacen pasa e higo, y otras frutas. Tienen algunos ganados cabríos, pagaron el año quinientos veintiocho 4.700 mrs. Paréscenos que debe pagar 3.970 mrs.”

En Blanca la misma averiguación de 1531 muestra una situación ligeramente distinta: la mayoría de la población (se hace constar que tiene 151 vecinos) tiene que dedicarse a las labores agrícolas, alternándolas con el trabajo del esparto, e incluso con la fabricación de carbón.

Pero vemos en este pequeño fragmento de Abarán un detalle significativo: la expansión de la economía de la seda, que desde Murcia ascenderá por el Segura hacia Molina, Valle de Ricote, Calasparra, Hellín y Liétor; y por el Guadalentín hasta Lorca. La expansión de la morera transformará la economía local en muchos lugares de la Región, llegando a competir con el cereal en el área de la huerta de Murcia, o compartiendo el protagonismo con el arroz, como en Lorquí.

F. Rodríguez Soler ha estudiado las visitas de la Orden de Santiago en Villanueva del Río Segura, y concluye:

“se producía básicamente cereales de riego, higueras, agrios y algo de lino y cáñamo, complementándose con otros cultivos comerciales como granados, cerezos, perales y olivares. El trigo también se obtenía en nuestro secano, pero los más pobres se alimentaban de pan de panizo en los s. XIV-XV. Ibn al Jattib nos cuenta que abundaban las aceitunas, almendras, la caña de azúcar, albaricoques, limones, naranjas y berenjenas en nuestra huerta, bien deslindada a base de cañizos y motas donde predomina la micropropiedad útil por la partición de herencias en pedazos o trozos de tafullas o tahullas”.

Guy Lemeunier estudió la evolución de las rentas de las encomiendas murcianas, y escribió acerca de la encomienda de Val de Ricote:

“En 1549 la encomienda poseía en cada uno de los seis pueblos del Val un horno de pan, en cuatro de entre ellos un molino, y en Ricote y Ojós una almazara. Las visitas sucesivas dan cuenta de su estado y de la necesidad permanente de reparaciones a las que los visitadores intentan obligar a los comendadores. En 1660, dos de los hornos estaban inutilizados: el de Ojós será reconstruido, pero no el de Ulea”.

Otra fuente de ingresos que la Orden de Santiago tenía en el Valle de Ricote era el arrendamiento de las yerbas, aunque su explotación terminó en manos de concejos y arrendador, por mitades. Se trata de la inclusión en el circuito de la lana, de la ganadería trashumante que venía a por los pastos de invierno. Seda y lana, dos productos que en el siglo XVI constituyeron elementos vertebrales de una economía regional volcada hacia el exterior mediante la venta de materias primas, y el Valle de Ricote estaba conectado al sistema.

La ruptura del ciclo expansivo a partir de 1580, y el proceso de expulsión supusieron una ruptura a la que los habitantes del Valle tuvieron que sobreponerse utilizando estrategias de supervivencia de todo tipo.

BIBLIOGRAFÍA:

AAVV Tercer Congreso Turístico cultural Valle de Ricote. Año jubilar del Valle de Ricote 1505-2005, Abarán, 2005.

AAVV Seminario Internacional Valle de Ricote. 400 aniversario del primer bando de expulsión de los moriscos 1609-2009, Murcia, 2010.

J. CARRASCO MOLINA/J.D. MOLINA TEMPLADO Los Santos Médicos en Abarán: arraigo de una devoción, Abarán, 1992.

J. GONZÁLEZ CASTAÑO Breve historia de la región de Murcia, Murcia, 2010.

G. LEMEUNIER Economía, sociedad y política en Murcia y Albacete ss. XVI-XVIII, Murcia, 1990.

A. RÍOS MARTÍNEZ Blanca, una página de su historia: la parroquia, Blanca, 1997.

M. RODRÍGUEZ LLOPIS, Historia de la Región de Murcia, Murcia, 1998.

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