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La expulsión de los moriscos

Ilustración de Fray Juan de Pereda

Ilustración de Fray Juan de Pereda
Alfonso Burgos

Panorámica del Valle de Ricote

Panorámica del Valle de Ricote

La expulsión de los moriscos de Blanca

La expulsión de los moriscos de Blanca
Luis Molina

El informe de fray Juan de Pereda constituye un ejemplo de calidad documental excepcional, primero por la cantidad de personas a las que interroga (97 religiosos y 30 seglares cristianos viejos) y luego por las precauciones que adopta por “el engaño que en las diligencias humanas suele haber”. Sus indicaciones son que según el nivel de integración y religiosidad que tienen deberían de permanecer en tierras castellanas. Sin embargo hay rivalidades y “encuentros” entre mudéjares y cristianos viejos, como acabamos de señalar. Gracias a los estudios de L.Lisón, J. González Castaño, F. Chacón y otros, conocemos perfectamente el contenido del documento.

Entre marzo y abril de 1612 Fray Juan recorre el reino de Murcia, y organiza su informe en tres grandes bloques:

- Lo que se dice de esta gente.

- Relación de lo que ha averiguado en cada población visitada.

- Lo que él ha llegado a concluir por sus propios medios.

Pereda inició su recorrido en el valle de Ricote, desde donde se dirigió a Murcia, presumiblemente pasando por Cieza, Archena, Ceutí, Lorquí, Alguazas, Corillas, Molina y Alcantarilla. Tras entrevistarse en Murcia con las autoridades, empieza a preparar su famoso informe, que contiene datos de todas estas poblaciones mencionadas, más las de Pliego, Puebla de Mula, Albudeite, Campos, Fortuna, Abanilla, y Socobos. Hay un interrogatorio que consta de cinco preguntas relativas al modo de vivir el cristianismo (1ª); el origen de los moriscos pobladores (2ª); castigos impuestos por el Santo Oficio (3ª); la diferencia de los tres tipos de lugares en los que viven (4ª); y sus servicios al rey, en especial en las guerras (5ª).

Es interesante señalar esos tres tipos de lugares a los que se refiere Fr. Juan Pereda. Por un lado, están los lugares en los que las poblaciones morisca y cristiana se han confundido totalmente. En segundo lugar, aquellos en los que hay distinción, pero el trato es frecuente; por último, están aquellos en los que los dos núcleos están totalmente separados. El fondo de la cuestión es si hay posibilidad de localizar focos de conspiración anticristiana, y si hay elementos para sospechar de un cierto contagio hacia aquellos moriscos que se habían convertido sinceramente, y ahora podrían recaer en la secta de Mahoma.

Con estos presupuestos, Pereda rinde cuentas de sus averiguaciones. La riqueza del documento es tal, que no podemos en este lugar aspirar a nada más que a una somera presentación de lo más notable. Blanca es de los lugares más complicados, y se evitarían esos

“encuentros si hubiese alguna reformacion en cuanto al gobierno y jurisdiccion que en muchos lugares tienen muy absolutamente los mudejares”

La opinión de Pereda es que tienen enemigos por competencias en los oficios públicos y gobierno o por la codicia de querer quedarse con sus bienes mediante la expulsión. Las prácticas que refiere Pereda en su exhaustivo y fidedigno informe ponen de manifiesto la diversidad de situaciones, una escasa integración en las formas de vida cristianas y un alto mantenimiento de las musulmanas. Cuando los moriscos del Valle de Ricote iban al reino de Valencia a tratar de negocios:

“pasaban en casa de moriscos alfaquies y comunicaban con ellos amigablemente, saludandolos al modo morisco…que es besar los menores las manos a los mayores y los mayores tocarles la mano a los menores y besar la propia”.

El llanto a los muertos y la ceremonia de poner agua debajo de la cama se realizaba en Ceutí, Lorquí, Fortuna, Abanilla y varias localidades del valle, lo que confirma la existencia de una bolsa musulmana de escasa integración. La lengua es un factor de diferenciación. Son las personas de más de 40 años los que hablan y entienden arábigo. Nunca se menciona en este punto a los jóvenes. La alimentación es un segundo factor,  se dice que se excusan en comer tocino y beber vino. Sin embargo, y curiosamente, en el matrimonio y en la celebración de matrimonios mixtos la imagen es más variada. En Villanueva o en Pliego, por ejemplo, no se rehúsa que cristianos viejos casasen con mujeres mudéjares, como podría pensarse de varones solteros que viniesen a asentarse en la villa, sino que también doncellas hijas de cristianos viejos casaban con varones mudéjares. El cambio de apellidos para eliminar el vestigio que les delataba como descendientes de mudéjares es una prueba inexcusable de ánimo de borrar huellas de orígenes musulmanes; para ello, en ocasiones se colocaba el apellido de la madre delante del paterno, o bien se suprimía el apellido y se adoptaba el de raíz más cercana al cristiano viejo.

Fray Juan de Pereda afirma en un momento del informe:

“a mi parecer hay bastantissimo testimonio para darlos por suficientemente aprobados en razon de buenos cristianos y fieles vasallos a su magestad”.

Sin embargo, los testimonios de los lugares del Valle de Ricote, especialmente en algunas localidades, son demostrativos de la dificultad en aceptar tal afirmación, por lo que el mito del morisco murciano y su alto grado de asimilación parece que, en determinados lugares (Valle de Ricote, Lorquí, Ceutí, Abanilla y Fortuna) no era tan fuerte. Pero el informe de Pereda no fue tenido en cuenta. En septiembre de 1612 (recordemos que fue en marzo-abril cuando llevo a cabo su informe), el Conde de Salazar puso en duda la validez de las informaciones. En sesión de 8 de noviembre de 1612 el Consejo de Estado volvió a examinar la cuestión. Aliaga buscó una tercera vía, pero sin resultado: el 19 de diciembre de 1612, le sugirió a Felipe III la expulsión de los mudéjares a un país cristiano. Finalmente se llega a la fecha con la que comenzábamos: la de la firma del Rey del decreto de expulsión (9-x-1613), y el 19 de octubre se dio comisión al Conde Salazar para que se desplazase al Reino de Murcia y organizase la expulsión. Se inició en diciembre de dicho año desde Hellín, pero pronto se marchó por las dificultades que tuvo, y dejó a sus comisarios la tarea de consumar lo iniciado. Lo cual no quiere decir que no decidiesen volver. Así, por ejemplo, en Lorca, el 3 de diciembre de 1613, se incluye una carta real que afirma:

“por cuanto se ha entendido que cada dia se vuelven a estos reinos muchos moriscos de los que fueron expelidos de ellos”  

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