Aledo cristiano

Con la cesión a la orden de Santiago en el S. XIII  de ciertas plazas, entre ellas Aledo, por los servicios militares prestados, se llevaron a cabo transformaciones en los edificios, en los poblados y en la organización de la sociedad que dotaron a Aledo de las tipicas señas de identidad del occidente cristiano feudal.

Dentro de un núcleo típico cristiano adquiere una gran importancia la iglesia, elemento cohesionador a nivel cultural y social, pero también de gran relevancia en el campo administrativo al ser la parroquia el centro donde se registraban los nacimientos, defunciones... permitiendo mantener cierto registro sobre la población.

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Alfonso X y Aledo

El cambio de rumbo que sufrió la política alfonsí con respecto a los musulmanes desde su llegada al trono y la firme decisión de castellanizar y repoblar el reino de Murcia con cristianos venidos de otros lugares estan muy relacionados con la decisión del rey sabio de separar del término lorquino los núcleos de Aledo y Totana.

Durante su estancia en Murcia, el monarca castellano fija su atención en el estratégico enclave aledano y decide entregarlo a la Orden de Santiago, convirtiéndose desde ese momento en la cabeza de la encomienda que los caballeros de Uclés fundaron sobre el territorio.

Intentos de castellanización y rebeliones

La nueva política alfonsí provocará el descontento de la población musulmana, mayoritaria en todas las ciudades y poblaciones del reino. El descontento de los mudéjares, musulmanes que viven en un territorio bajo gobierno cristiano, desemboca en otro período de grave inestabilidad, acontecido entre 1264 y 1266. En el primero de esos años estalla una rebelión mudéjar en todo el territorio murciano. Aunque no tenemos testimonios documentales, es muy probable que Aledo se sumara a esta revuelta encabezada por el emir murciano al-Wâtiq Ibn Hûd, prestigioso miembro de la familia hudí (Banû Hûd).

Este rey, consiguió el apoyo logístico y el envío de contingentes por parte de al-Ahmar, el rey nazarí y logró expulsar a las guarniciones cristianas que, desde la firma del Tratado de Alcaraz, habían controlado los principales alcázares y centros de poder del territorio murciano.

La ciudad de Lorca fue una de las excepciones, pues la guarnición cristiana opuso resistencia a los rebeldes; ello podría indicar que esta comarca natural en la que se incluye la villa santiaguista de Aledo pudo permanecer bajo dominio cristiano, lo que no significa que durante varios meses los mudéjares que habitaban en Aledo no mantuvieran la esperanza de recobrar su independencia.

El reducido número de las tropas castellanas no podía hacer frente a una revuelta de carácter generalizado y bien organizada. Ante una situación tan delicada, el rey castellano hizo gala de su habilidad diplomática y con la mediación de su esposa Doña Violante de Hungría (hija de Jaime I el Conquistador) logró persuadir a su suegro para que acudiera en su auxilio (ver vídeo).

Tras la rendición de los musulmanes, muy cerca del territorio aledano acontece un trágico episodio en esta guerra de culturas. Según narran las crónicas cristianas y el autor árabe Ibn Idari, varios miles de musulmanes derrotados fueron acompañados camino del exilio por las milicias aragonesas. Atravesaron el corredor del Guadalentín, camino de Granada, pero al llegar a la población almeriense de Warkal (Huércal Overa) fueron abandonados a su suerte y sufrieron el ataque de almogávares (grupos incontrolados dedicados al pillaje), quienes secuestraron a las mujeres y pasaron a cuchillo a los hombres.