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El origen de Hisn Yakka

Hisn Yakka
Hisn Yakka
 
El castillo y poblado de Yakka
El castillo y poblado de Yakka
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El origen de Yecla


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Fortalezas medievales


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El yacimiento de Yakka


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Entrevista a D. Liborio Ruíz


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Un clásico ejemplo de arquitectura y urbanismo islámico

     La Yecla islámica ofrece un caso paradigmático de urbanismo que se despliega a partir de unas concepciones de defensa y control del territorio circundante.

     En un cerro elevado se enclava una fortaleza o hisn, a la que sucesivamente se le irá yuxtaponiendo un entramado urbano, del que se irá definiendo la medina, caracterizada por sus calles estrechas e irregulares con casas en las que nunca faltan los patios interiores.

Almorávides y almohades

     Dominado el cerro del Castillo por su fortaleza o hisn, Yakka, nombre con el que era conocido en las fuentes árabes (hisn Yakka), era un enclave ubicado en las tierras del interior de la Cora de Tudmir. La aparición de esta plaza surgiría en el contexto de ampliar por parte del poder musulmán su dominación e islamización sobre unas tierras escasamente controladas y prácticamente despobladas.

     Hisn Yakka sería levantado a finales del siglo XI, es decir, durante el período almorávide, pero no sería hasta el siglo XII, ya en época almohade, cuando la fortaleza afronta una importante ampliación y remodelación para adaptarla a las nuevas necesidades defensivas y progresivo aumento de su población.

     Es también en este momento -siglo XII- cuando se desarrolla en la cara sur del cerro del Castillo, a los pies de la fortaleza el poblado o madina. Se trata de un poblado ubicado en la solana del cerro, protegido de los fríos vientos del norte y que se hallaba amurallado.

     La pendiente del terreno obligó a buscar soluciones para construir las casas, siendo la utilización de terrazas la opción tomada para llevar a cabo las edificaciones.

Aterrazamientos

     Con este sistema de construcción en aterrazamiento, los muros de unas casas actuaban de contención para otras, de igual modo, otras aprovechando el desnivel levantaban un primer piso ubicando en él estancias de habitación a las que se accedía por unas escaleras desde el patio central que solían tener todas las viviendas.

     Es desde este lugar, punto neurálgico de las viviendas, desde donde se accede al resto de estancias, que por lo normal la formaban el establo, zaguán, cocina, letrina y una o varias habitaciones. Más grandes o más pequeñas todas las casas seguían el mismo patrón constructivo.

     Por otro lado, las casas eran dispuestas siguiendo un determinado trazado urbanístico donde había diseñadas calles estrechas y sinuosas. La propia pendiente de las calles servía para drenar las aguas de escorrentía y un rudimentario sistema de alcantarillado y pozos ciegos conducían las aguas residuales hasta su destino final; por otro lado, el agua potable era almacenada en aljibes para el suministro diario.

     En cuanto a los materiales utilizados en las construcciones, estos son mayoritariamente piedra, barro y yeso, también, aunque en menor medida, aparece el ladrillo de barro cocido.

     La proyección del poblado hacia el sur, permitía aprovechar en las estaciones invernales el máximo de horas de sol para calentar las casas como un aporte calórico más para vencer los duros inviernos de esta zona. En esta misma cara del cerro se encontraba el cementerio o maqbara ubicado en la parte baja del mismo, y por tanto extramuros del poblado.

Esplendor del siglo XIII

     A principios del siglo XIII, Yakka, debió de vivir un período de esplendor que se ve constatado en un aumento de la población que se ubica no solo en el poblado principal sino que se abre hacia pequeñas alquerías por todo su alfoz como son El Peñón, Los Torrejones-Baños, El Pulpillo y La Fuente del Pinar, todos ellos pequeños establecimientos alrededor de fuentes de agua que permitía la explotación agropecuaria de las tierras.

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