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Alfonso X, la Rebelión Mudéjar y los Repartimientos

Alfonso X fue un monarca que guardó una profunda relación con Murcia

Alfonso X fue un monarca que guardó una profunda relación con Murcia

 
Plano de la distribución en la ciudad de Murcia de las comunidades cristiana, islámica y judía

Plano de la distribución en la ciudad de Murcia de las comunidades cristiana, islámica y judía

 
El monumento a Alfonso X se úbica en un lugar prominente de la Murcia actual

El monumento a Alfonso X se úbica en un lugar prominente de la Murcia actual

 

La Murcia de Alfonso X

Tras el fin de la rebelión mudéjar, Alfonso X pudo configurar la ciudad de Murcia a modo y semejanza del resto de ciudades castellanas.

A partir de este momento, los colonos cristianos  pudieron organizar el gobierno municipal, o concejo, y reestructurar la ciudad dándole una nueva fisonomía. Así mismo, el monarca concedió una feria y un mercado para reactivar la economía de la localidad.

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Interactivos

Tras una serie de acciones armadas sobre la huerta murciana, el ejército aragonés se concentró en Orihuela para preparar el asalto a la ciudad de Murcia, que fue sitiada en 1266. La urbe se rindió a los cristianos bajo capitulación. En ésta se acordó el respeto de bienes y costumbres de los musulmanes murcianos, los cuales sin embargo pasarían a residir al arrabal de la Arrixaca, partiendo así la ciudad en dos religiones.

Apogeo de Murcia

Jaime I entraba en Murcia el mes de febrero, y allí ordenaba la consagración de la antigua mezquita aljama (templo principal de la medina) como iglesia catedral. Retornada a la soberanía castellana, con la deriva de los acontecimientos posteriores Murcia reforzó el carácter de ciudad principal del reino, principalmente a causa del fracaso de algunas iniciativas que Alfonso X el Sabio impulsó en Cartagena, como la "reinstauración" del obispado o el establecimiento de la sede, en la ciudad portuaria, de una nueva orden militar, la de Santa María de España.

Su definitiva desaparición, la rápida despoblación de la urbe cartagenera y sus campos, y la decisión del obispo de no mover su residencia de Murcia, aumentaron el peso institucional de la capital. Igualmente, en 1258 el monarca castellano había nombrado a un adelantado mayor para el reino (máxima autoridad política y judicial en representación del rey sobre el territorio), que tradicionalmente iba a residir en la ciudad del Segura.

Los musulmanes perseguidos

Por otra parte, el exilio de la antigua población musulmana de Murcia, si bien había comenzado años antes, es tras el fin de la sublevación mudéjar cuando adquiere el carácter de huida masiva hacia el sultanato nazarí de Granada y hacia el norte de África. Como consecuencia de su rebelión, les fue expropiada la mitad de las tierras que, en propiedad, cultivaban en la huerta, y quedaron sólo con las situadas en su sector meridional, el menos productivo.

Sus prerrogativas fueron haciéndose cada vez menores: en 1272 les fue arrebatado la mitad del arrabal de la Arrixaca, donde se encontraban recluidos.

Repartimientos

 La llegada de colonos cristianos para instalarse en la ciudad no pudo nunca frenar el proceso de despoblación. Para hacer de las tierras murcianas un lugar atractivo para el asentamiento, se realizaron los Repartimientos de tierras (ver vídeo) para su cultivo. El primero de los murcianos se produjo entre enero y julio de 1257, donde Alfonso X repartió cuatro mil tahúllas a los nuevos pobladores instalados en el arrabal de San Juan (llamado "Murcia la Nueva"). Jaime I realizó el segundo de los repartimientos entre febrero y marzo de 1266, aunque el monarca castellano lo anularía poco más tarde. De nuevo el rey Sabio, a finales de aquel año y comienzos del siguiente ordenó el tercero.

Otros tres más se produjeron entre 1269 y 1272. A pesar de todo, nada pudo parar la rápida despoblación que sufrían las tierras murcianas y, de manera general, todo el reino. Campos, red de acequias, y otras infraestructuras agrícolas iban a quedar abandonadas mientras que los nuevos murcianos pasaban a refugiarse tras las murallas urbanas, a salvo del peligro de las razias de granadinos, norteafricanos, e incluso de los vecinos aragoneses.

Aragón de nuevo en escena

El reino de Murcia inauguró el siglo XIV invadido por las tropas de Jaime II de Aragón. Aprovechando la minoría de edad de Fernando IV, el monarca de Aragón pasaba con sus huestes a la demarcación murciana en 1296. Sólo Lorca y Mula presentaron una sólida resistencia, pero en el resto del reino la conquista se produjo con poca oposición: la mayor parte de los nuevos pobladores cristianos en la zona septentrional y central procedían de la corona de Aragón.

En la ciudad de Murcia, por ejemplo, la mitad de los colonos instalados en la urbe tras la conquista alfonsí eran de origen catalán, aragonés, valenciano o mallorquín. Pero lo que realmente provocó esta guerra fue la ruptura de la integridad territorial del reino, lo que afectó de forma directa a su capital. Tras los acuerdos de Torrellas-Elche (1304-1305) entre Castilla y Aragón, la línea que separó a las dos coronas iba a pasar entre Orihuela y Murcia.

Esta partición se produjo también en la sociedad, pues familias y propiedades hubieron de reubicarse a uno u otro lado de la línea fronteriza. No obstante, y como no pudo ser de otro modo, las relaciones entre ambas ciudades fueron muy fluidas en todos los aspectos, si exceptuamos los contados periodos de guerra entre ambas coronas y los problemas consiguientes entre vecinos.

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