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Murcia, capital de un reino de frontera

La muralla de Murcia experimentó diversas mejoras al iniciarse el periodo cristiano
La muralla de Murcia experimentó diversas mejoras al iniciarse el periodo cristiano
 
Plano de la ciudad de Murcia inmediatamente posterior a la conquista cristiana [Murcia medieval]
Plano de la ciudad de Murcia inmediatamente posterior a la conquista cristiana

Muralla cristiana

La muralla de la ciudad de Murcia experimentó una notable transformación en esta época.

Por un lado es modificada para adaptarla a su nueva realidad de lugar de frontera.

Por otro el amurallamiento vendrá marcado por el afán de resguardar un lugar que alcanza un incipiente papel político.

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Tras la conquista cristiana, en la segunda mitad del siglo XIII, la ciudad de Murcia se había situado a la cabeza de un territorio peligroso, inseguro y deshabitado por su posición de cuña fronteriza, entre Granada, Aragón y el Mediterráneo.

La sociedad del reino de Murcia se concentraba en pocos puntos urbanos, refugiados tras las murallas, al punto que es posible que la capital albergase un tercio del total de los habitantes del reino, por lo que constituía, a pesar de las adversidades demográficas generales, una de las principales urbes castellanas.

La gran epidemia de peste de 1348

La situación se hizo crítica cuando, a partir de 1348, los brotes epidémicos de peste negra comenzaron a asolar sus ciudades y villas periódicamente. Los índices demográficos, ya muy resentidos, comenzaron a tocar fondo.

La mortandad podía ser atroz: si en 1375 Murcia contaba con unos 10.000 habitantes, seis mil de ellos perderían la vida durante la epidemia de 1395-1396.

Guerra

Si la enfermedad provocaba la desatención de los campos y huertas urbanas, y, por tanto, años de malas cosechas, y un fuerte descenso de la actividad comercial, la guerra podía complicar aún más el panorama.

Durante la Guerra de los dos Pedros entre Aragón y Castilla (1356-1369) la ciudad de Murcia constituyó la vanguardia castellana frente a las huestes de la corona aragonesa, que hicieron de la vecina Orihuela su base principal, por lo que los campos de ambas ciudades sufrieron los rigores del conflicto bélico.

Por los servicios recibidos de la ciudad de Murcia, el rey castellano Pedro I concedió al blasón de la capital una sexta corona, que se uniría a las otras cinco que presidían el escudo de armas murciano.



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