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1243, el Tratado de Alcaraz: incorporación a Castilla

Tras una resistencia infructuosa, los musulmanes de Lorca hubieron de claudicar frente a las huestes de Fernado III
Tras una resistencia infructuosa, los musulmanes de Lorca hubieron de claudicar frente a las huestes de Fernado III

Archivos

La documentación histórica conservada de estas épocas es escasa y con un delicado y frágil estado de conservación.

Digitalizar esta documentación es uno de los objetivos del Proyecto Carmesí, desarrollado en los archivos de la región de Murcia, siendo los restantes el catalogar y difundirla.

Veamos una pequeña muestra de los documentos relacionados con la incorporación del territorio murciano a la corona castellana.

Documentos

El fin del control musulmán

El trágico final de Ibn Hud en 1238 derivó en un periodo de confrontación interna entre diferentes linajes musulmanes murcianos y un movimiento de disgregación territorial de las principales ciudades de Tudmir, que frecuentemente se mantenían al margen del emir de turno, cuyo escueto poder radicaba  en la ciudad de Murcia. Esta falta de cohesión facilitó el avance castellano hacia el sureste peninsular.

La llegada de las primeras tropas: las Órdenes militares

Desde el Tratado de Cazola, firmado en 1179 entre los monarcas de Aragón y Castilla, se tenía claro que en el proceso de Reconquista el reino musulmán de Murcia sería incorporado totalmente a la Corona castellana. Pero el avance inexorable de la frontera no sería ya definitivo hasta principios de los años cuarenta del siglo XIII.

El proceso había comenzado en la década de los treinta del S.XIII, cuando las tropas de la Orden Militar de Santiago y las del arzobispado de Toledo empezaron a incorporar varias villas de la Sierra de Segura, en la frontera norte del emirato murciano.

A esta presión militar le siguieron una serie de campañas bélicas que ya se adentraron definitivamente en tierras tudmiríes; a la conquista de Chinchilla en 1242 le siguió un fuerte avance por las estribaciones segureñas y la Sierra de Moratalla. El comienzo del fin había llegado.

En el Tratado de Alcaraz (1243) por los representantes de Ibn Hud al-Dawla, el emir de Murcia, y de Fernando III El Santo de Castilla, se determinaba la entrada de tropas castellanas en los principales castillos murcianos, las cuales velarían por la seguridad del territorio a cambio de parte de las rentas recaudadas.

El acuerdo contemplaba el respeto a propiedades y religión de los musulmanes, que mantendrían así su sistema social. Las huestes castellanas del infante Alfonso, futuro rey Sabio, entraban en el alcázar de Murcia en mayo de 1243. Comenzaba el llamado 'protectorado'.

Incumplimiento de acuerdos

No obstante, no todas las ciudades tudmiríes acataron lo tratado. La rebeldía de las ciudades de Mula, Lorca  y Cartagena supuso la incorporación de estas poblaciones a Castilla por la vía militar, culminada en 1245, adquiriendo muchas de ellas elementos y morfologías que nos han llegado hasta nuestros días.

Las operaciones bélicas, seguidas por diversos incumplimientos de los acuerdos (como el reparto de rentas, tierras, etc.), acentuados tras el fallecimiento de Fernando III el Santo, derivaron en un descontento generalizado de la población islámica, que se levantaría en armas contra los castellanos en 1264.

Musulmanes murcianos y andaluces, rebelados contra Castilla, consiguieron hacer tambalear la integridad de los territorios recientemente incorporados a la Corona. Para sofocar la revuelta, Alfonso X el Sabio hubo de solicitar la ayuda de su suegro, el monarca aragonés Jaime I (ver vídeo). Las tropas cristianas no consiguieron someter el territorio por completo hasta 1266. No obstante, fue el momento en el que pudo dar comienzo su 'castellanización', una vez que los pactos se convertían en papel mojado.

La incorporación efectiva a Castilla

Alfonso X el Sabio, muy vinculado a la demarcación murciana desde su infantazgo, dio rienda suelta entonces a diversos proyectos encaminados a potenciar el papel del reino de Murcia en el contexto hispánico y mediterráneo, como pudieron ser la 'restauración' del obispado de Cartagena, la creación de la Orden Militar de Santa María de España, una serie de repartimientos de tierras para atraer pobladores, etc.

Sin embargo, la deriva de los acontecimientos provocó el fracaso clave de algunas de estas iniciativas. Su consecuencia más importante fue el inicio y consolidación de un rápido proceso de despoblación del territorio, poco atractivo para los colonos cristianos por su situación fronteriza, siendo rápidamente abandonado por la mayor parte de la población islámica que lo habitaba. Y a pesar de este sombrío panorama, había dado comienzo una nueva época de la historia del sureste hispánico.



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