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La Unión Liberal: la llegada del ferrocarril

La reina Isabel II de Borbón

La reina Isabel II de Borbón

 
Monumento al Ferrocarril en Águilas

Monumento al Ferrocarril en Águilas

 
Estación de tren de El Carmen (Murcia)

Estación de tren de El Carmen (Murcia)

 
La Estación de Tren de Cartagena, final de la línea

La Estación de Tren de Cartagena, final de la línea

 
El actor de teatro Julián Romea

El actor de teatro Julián Romea

 

    Diputados destacados

-Cánovas del Castillo, Antonio. Ministro de Ultramar, Hacienda y Gobernación.
-
Fernández Navarrete, Antonio Benavides. Ministro de Estado y Gobernación.
-Marín Barnuevo, Diego. Diputado impulsor de la llegada del ferrocarril a Murcia.
-Posada Herrera, José. Ministro de Fomento, Gracia y Justicia.

   El ferrocarril en Murcia

  La reina Isabel II inauguró la línea del ferrocarril Madrid-Cartagena el 24 de octubre de 1862, antes de la finalización de las obras, y el primer viaje de pasajeros sucedió el 1 de febrero de 1863.


     El golpe militar del general liberal Leopoldo O’Donnell provocó, en 1856, el final del Bienio Progresista. El partido político de la Unión Liberal asumió el poder en detrimento de los conservadores del general Ramón María Narváez. La Unión Liberal aglutinaba a los descontentos de los partidos moderado y progresista. Su jefe de filas, O’Donnell, contaba con el respaldo de la mayoría de la población. "Se le aprecia en Palacio. Se le estima en las Cortes. Se le respeta en Madrid. Hay una satisfacción general en toda España respecto al modo en que administra la cosa pública en todos los Ministerios y al estado de tranquilidad, justicia y libertad que se disfruta", informaba el diario 'La Paz'.

     Los representantes de la provincia de Murcia en las Cortes del periodo fueron los siguientes: Francisco Amorós López; Manuel Barnuevo Arcaina, caballero maestrante; Antonio Benavides Fernández Navarrete, ministro de Gobernación y de Estado; Agustín Braco López, propietario y senador vitalicio; José de Bustos Castilla, vizconde de Rías; Antonio Cánovas del Castillo, ministro de Gobernación, Ultramar y Hacienda; Alfonso Chico de Guzmán Belmonte, senador vitalicio; Juan Antonio Estrada González-Sepúlveda, Grande de España; Antonio Fontes Contreras, marqués de Ordoño y licenciado en Derecho; Ventura García Sancho Ibarrondo, marqués de Aguilar de Campoo e ingeniero; Lope Gisbert García Tornel, catedrático de Derecho Canónico; Patricio Lacy, militar; Juan Marcilla, vizconde de Ilucan y compositor; José Marín Blázquez, caballero de la Orden de Santiago y abogado; Francisco Melgarejo Flórez, senador vitalicio; Juan Manuel Montalbán Herranz, catedrático de Derecho y rector de la Universidad Central de Madrid; Domingo Moreno Martínez, senador y consejero de Estado; José Antonio Murua Miranda; José Posada Herrera, ministro de Fomento, Gracia y Justicia; Antonio Ruiz Pastor; Manuel Sivila Posadas, y Mariano Zabalburu Basabe, propietario. Además, repitieron de anteriores legislaturas Diego Marín Barnuevo, propietario; Antonio Moya, propietario; José María Ródenas, auxiliar del Consejo Real; Julián Rosique, hacendado; Tomás Valarino, industrial, y José María Vera, hacendado.

     El presidente O’Donnell aprobó la expansión de la red ferroviaria con la construcción de las líneas Madrid-Barcelona, Madrid-Bilbao y Madrid-Cartagena. Esta última línea estaba construida hasta Albacete en el Bienio Progresista. La reina Isabel II aprobó en 1856 el proyecto de ley para la continuación de la línea hasta Cartagena, atendiendo las reivindicaciones del ministro de Fomento, el marqués de Corvera, y los diputados murcianos en las Cortes. El Gobierno adjudicó el proyecto de construcción al ingeniero José Almazán, quien propuso la conexión ferroviaria entre Albacete y Murcia a través de Tobarra, Hellín y Cieza. Las autoridades de la provincia de Murcia desestimaron el trazado original por su inviabilidad económica y apostaron por la conexión con La Mancha a través de Almansa, Yecla, Jumilla y Cieza. La nueva adjudicación del trazado recayó en la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), propiedad del marqués de Salamanca, para su explotación durante 90 años, y con una subvención de 360.000 reales/km para su construcción. Además, los municipios de la provincia de Murcia debían contribuir a la realización del tendido ferroviario mediante el pago al Estado de 12 millones de reales. El Gobierno de la nación convirtió el proyecto del ferrocarril en ley de Estado en el año 1859. "La provincia de Murcia necesita salir de su letargo y abatimiento, dando impulso a su riqueza mediante las vías de comunicación", destaca el diario 'La Paz' de Murcia. Isabel II inauguró oficialmente la línea Madrid-Cartagena el 24 de octubre de 1862, a pesar de que "las obras de la vía férrea se hallaban bastante lejanas de su conclusión", resaltaba Fernando Cos, cronista de la Corte. El primer viaje del ferrocarril entre la capital y la provincia de Murcia sucedió el 1 de febrero de 1863 y sirvió de estreno para la estación del Carmen de la capital del Segura.

     La llegada del ferrocarril supuso un impulso económico para la provincia de Murcia. La minería alcanzó un gran desarrollo en Águilas, Mazarrón, Cartagena y La Unión. La prosperidad de esta última población permitió la consecución de su independencia de Cartagena en el año 1860, con la unión de las localidades de El Garbanzal, Herrerías, Portmán y Roche. La industria del esparto destacó en Águilas, Cehegín, Cieza y Ricote con la producción de cordelería y alpargatería. San Pedro del Pinatar desarrolló el comercio marítimo con la inauguración de la Aduana (1857) y de un puerto de cabotaje en la pedanía de El Mojón, y Fortuna potenció su riqueza termal con la construcción del Gran Hotel del Balneario. Por otro lado, el Ayuntamiento de Murcia denegó a Beniel su regreso al municipio capitalino debido a sus deudas económicas; Archena mejoró sus comunicaciones con la inauguración del puente de madera sobre el río Segura (1865), y Albudeite con el puente de Los Barrancos; Yecla llevó a cabo la construcción de la Iglesia de la Purísima (1868) y Lorca contempló el nacimiento del Teatro Guerra (1861), el primero en la Historia de la Región, inaugurado un año antes que el Teatro de los Infantes de Murcia (1862).

     En relación al mundo del teatro, la muerte del actor Julián Romea (Madrid, 1868) causó una profunda conmoción en la escena nacional. El poeta Andrés Blanco García dedicó unos versos a la ilustre figura de Romea, tras su desaparición, en el diario 'La Paz de Murcia'. "¡Murió Romea! su fecundo genio, / su inspiración sublime / para siempre se hundieron en la tumba; / su altiva y noble frente, / en cuyo centro un día / brilló el fuego de un dios omnipotente, / yace también bajo la losa fría. / Murcia, su dulce patria, / tembló de angustia y de amargura llena, / y una abrasada lágrima de fuego / la prueba fue de su horrorosa pena; / su fúlgida corona empañó los fúnebres crespones / que al acaso extendió la impía suerte, / rondando estremecidos sus florones / al golpe incontrastable de la muerte... / Sublime artista, genio sin segundo, / a quién ofrecer singular renombre / los lauros que te dio tu justa fama; / no temas nunca que tu augusto nombre perezca en el olvido / mientras nobles existan tus hermanos; / que si en oro se esculpe tu memoria, / también hay un altar para tu gloria / en el fiel corazón de los murcianos". 

     En política exterior, el Gobierno de España declaró la guerra a Marruecos (1858-60) por los ataques magrebíes a las ciudades fronterizas de Ceuta y Melilla. El ejército español desembarcó en Ceuta y aseguró la victoria con la conquista de Tetuán. Este éxito militar provocó la rendición del Gobierno marroquí. El Tratado de Wad Ras suponía la ampliación de Ceuta y Melilla, la anexión de Sidi Ifni, la ocupación temporal de Tetuán y el pago de indemnizaciones económicas a España. La Corona concedió el título de duque de Tetuán y Grande de España al general Leopoldo O’Donnell, presidente del Ejecutivo, por su victoria en la guerra. Además, O’Donnell aprobó la participación de España, junto a Francia, en la Guerra de Cochinchina contra el reino de Annam, por el asesinato de un grupo de misioneros de los dos países. La Flota aliada desembarcó a las tropas hispano-francesas en Indochina, que conquistaron el Sur de la nación asiática. En el tratado de paz, España renunció a la anexión de territorios a cambio de garantías de seguridad para los misioneros católicos. En recuerdo de la Guerra de Marruecos, el militar Antonio Tomás Sandoval ordenó la construcción de la torre del Gurugú, de estilo árabe, en un mirador sobre el río Segura inserto en un paraje de huertos frutales y palmeras en Ulea.

     La oposición política contra la gestión de la reina Isabel II y del Gobierno de la Unión Liberal crecía en los diferentes partidos representados en las Cortes Generales. "¿Qué ha representado aquí la Unión Liberal? La defensa de todas las prerrogativas de la Corona, la inferioridad de las clases populares para ejercer el Gobierno y la intolerancia religiosa", denunciaba el líder del Partido Republicano, Emilio Castelar. Los progresistas, los demócratas y los republicanos sellaron su alianza en el Pacto de Ostende (1866) para el derrocamiento de la reina y la instauración de un nuevo régimen. El almirante Juan Bautista Topete lideró el golpe militar mediante la sublevación de la Armada en Cádiz en el mes de septiembre del año 1868. La ciudad de Cartagena secundó el alzamiento, al igual que el resto de los puertos del Mediterráneo, tras la llegada de la fragata Zaragoza bajo el mando del general Juan Prim. La Revolución de 'La Gloriosa' se extendió con éxito por toda España y el general Francisco Serrano derrotó al ejército isabelino en la decisiva batalla del Puente de Alcolea. La derrota conllevó la caída de Isabel II y su marcha al exilio en Francia. 

  Antonio Gómez-Guillamón Buendía

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