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Ibn Sabín

El emperador Federico II Hohenstaufen
El emperador Federico II Hohenstaufen


      Ricote (Murcia), 1217 - La Meca (Arabia Saudí), 1270

      La formación del ilustre pensador del Valle de Ricote

     A principios del siglo XIII, el Valle de Ricote era un remanso de paz, tranquilidad y prosperidad. En este ambiente nació en Ricote en el año 1217 Muhyi al-Din Abú Muhammad 'Abd al-Haqq ibn Ibrahím ibn Muhammad ibn Nasr ibn Muhammad al-Mursí al-Riqutí al-Isbilí al-Sufí Qutb al Dín ibn al-Dara Ibn Sa'bín, más conocido como Ibn Sabín. Su familia gozaba de una excelente posición económica y social. Su padre fue alcalde de Murcia y su hermano obtuvo grandes cargos en la vida política de Al-Ándalus. Incluso hay quien se ha atrevido a proclamar que era descendiente de Alí, un yerno de Mahoma. Otros historiadores, sin embargo, lo emparentan con algún linaje visigodo.

     Su primera formación la recibió en Ricote, una villa que en esa época contaba con un grupo de filósofos musulmanes que vivían en las inmediaciones de la población. Allí estudió Ibn Sabín humanidades y los fundamentos doctrinales del Corán. Más tarde ampliaría este primer conocimiento con teología, jurisprudencia y filosofía. Además, se educó y profundizó en el pensamiento sufí con su maestro Isaac ibn al-Mar'a ibn-Arif, especializado en el pensamiento neoplatónico. Según parece, muy joven fundó en Ricote una cofradía de seguidores de los filósofos sufistas murcianos. En ella figuraba Al-Amir Hasan Ibn Hud. Este muchacho era un hijo del famoso caudillo Ibn Hud, que había preferido la vida espiritual a la militar y política.

     Ibn Sabín abandonó su tierra y se trasladó a Ceuta, acompañado por sus discípulos, que más tarde fundarían la secta de los sabiníes, muy extendida en Oriente a lo largo de la Edad Media. En ésta se hablaba de que su maestro había sido magnánimo, virtuoso, verdadero asceta, caritativo y liberal. La tradición musulmana lo reivindicó y lo consideró como hombre favorecido por la gracia divina. Ibn Sabín se instaló en un cenobio donde dedicaba su tiempo a las prácticas religiosas. Se casó con una viuda rica que le dio un hijo.

     Preguntas del emperador y respuestas del sabio

     Fue tanta su fama que el gobernador de la ciudad le encomendó contestar una carta con cuatro preguntas sobre filosofía que el emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico Federico II de Hohenstaufen había enviado al sultán almohade al-Rasíd. Ibn Sabín le contestó al emperador. Esta respuesta llegó hasta Federico II, que sintiéndose impactado por los pensamientos del pensador ricoteño le envió innumerables regalos. Ibn Sabín los rechazó, ya que no formaba parte de su naturaleza preocuparse por los regalos ni el lujo. Pero esta misma respuesta, recogida más tarde en el libro 'Las Respuestas Sicilianas', hizo que Ibn Sabín tuviera que dejar Ceuta al ser acusado de heterodoxia.

     Ibn Sabín en La Meca: querido y odiado

     Tras deambular por varias ciudades llegó por fin a La Meca. Allí encontró los apoyos necesarios para vivir en paz. Aportó grandes servicios científicos y diplomáticos al emir, pero no renunciaría a volver a Al-Ándalus. Nunca lo conseguiría. Dicen que no se dormía sin leer al menos treinta líneas de texto de otros autores. A pesar de que eran muchos sus seguidores, se puede decir que Ibn Sabín tenía un mayor número de enemigos que de discípulos. Esto se debía a que aun viviendo en La Meca no practicó la peregrinación. Pero lo más humillante para algunos de sus detractores eran los comentarios que se le atribuían sobre La Kaaba: "Son como asnos, sería mil veces mejor participar en los ritos místicos que dar esas vueltas, y más fructífero para ellos adherirse a las jaculatorias". Se ha rumoreado mucho sobre la muerte del filósofo ricoteño. Algunos historiadores dicen que se quitó la vida para imitar la muerte de grandes pensadores griegos. Otros comentan que murió por desear verse ante Dios. Murió en 1270, con 53 años de edad, en La Meca.

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