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Ricotí

Pintura al óleo de Falgas sobre 'Ricote'
Pintura al óleo de Falgas sobre 'Ricote'
 
Bajo estos muros se encontraba la mezquita [Ricote_al-Ricotí]
Bajo estos muros se encontraba la mezquita

Mohámed Ibn Ahmed Ibn Abubéquer Al-Ricotí. Ricote, siglo XIII.

La herencia filosofal del Valle de Ricote

     Al-Ricotí nació en Ricote durante uno de los períodos más relevantes de su historia, el siglo XIII. Los primeros años de Al-Ricotí en Ricote estuvieron influenciados por una comunidad de ulemas, místicos de religión musulmana, que se habían instalado en las cercanías en el siglo IX. Estos místicos vivieron en paz con los habitantes del Valle durante los primeros siglos de dominación musulmana en Murcia. De estos pensamientos bebió Al-Ricotí desde su nacimiento y marcarían su vida dedicada al pensamiento y la cultura.

     La vida de al-Ricotí se movió entre Ricote y Murcia. El reino vivía en el siglo XIII como protectorado castellano y se daba un período de convivencia entre las tres religiones mayoritarias: musulmana, judía y cristiana. A esta época de paz y amistad se le unió el hecho de que el infante castellano, don Alfonso, fuera un apasionado de las ciencias y la cultura. Estos dos elementos hicieron que Al-Ricotí entrara pronto en la vida del reino de Murcia y, en particular, en la del futuro Alfonso X 'El Sabio'.

     Apareció como uno de los científicos más grandes de la época en el mundo musulmán-cristiano. Entre los conocimientos de Al-Ricotí destacaban la geometría, lógica, aritmética, derecho, teología, retórica, lógica, dialéctica, música y medicina. Cuando aun no había llegado a la capital, ya enseñaba a las gentes de distintas religiones nociones sobre las ciencias que él cultivaba. Pero con la particularidad de que lo hacía en cada una de las lenguas de estos discípulos. Dominaba el árabe, hebreo, latín y romance.

Su relación con Alfonso X 'El Sabio'

     Esto no pasó desapercibido para el infante don Alfonso. A su paso por Murcia, aproximadamente en el año 1243, llevó a Al-Ricotí a la capital del reino. Allí le conservó todos sus derechos y condición social y fundó para él una Madrassa o Centro de Estudios. Pero a don Alfonso no le bastaba con tener a uno de los pensadores más importantes de la época trabajando para él, quería que se convirtiera al cristianismo. Se dice que incluso llegó a ofrecerle valiosas recompensas si profesaba la religión que predicaba el futuro Rey castellano. Según Gaspar Remiro, la respuesta del musulmán ante estas ofertas fue: "Toda mi vida he servido a un solo Dios y no he podido cumplir lo que se le debe; ¿qué sería de mí si hubiese de servir a tres, como me pide el Rey?".

La Reconquista del reino de Murcia y el aroma a cultura de la capital

     En 1266 cae definitivamente el reino de Murcia en manos castellanas. Desde 1252, Alfonso X 'El Sabio' era Rey de Castilla y su intención era pacificar el Levante español. En Murcia se instaló una Orden de Predicadores que fundó, bajo los auspicios del Rey, un Estudio de Lenguas Orientales.

     A pesar de su aspecto de ambiente intelectual y culto, en este centro parece que también se llevaba a cabo la controversia y el combate teológico contra los no cristianos. Este atractivo para una zona de la Península con fama de culta e intelectual hizo que numerosos sabios cristianos se desplazaran hasta la capital de Murcia. Alfonso X, amigo personal de Al-Ricotí, presionaba más y más al pensador musulmán para que se convirtiera al cristianismo y compartiera su sabiduría con los grandes pensadores cristianos. Al-Ricotí pensaba que no era necesario cambiar de religión para que se produjese el intercambio cultural y de pensamiento entre ellos. De hecho, colaboraba en el Estudio de los Dominicos y en la Madrassa.

Su marcha al reino nazarí

     Al-Ricotí no sufrió ninguna merma intelectual por la presión de los sabios cristianos, pero no se encontraba ya a gusto en Murcia. Bastó una invitación del segundo monarca de Granada para su marcha al reino nazarí en una fecha próxima al año 1272. El Rey granadino se hizo su discípulo, le otorgó una alta dignidad en el palacio real y creó para él un centro de estudios similar a la Madrissa murciana. Al-Ricotí permaneció el resto de su vida en Granada rodeado de la estima general.

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