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Paco Rabal - Edipo
Paco Rabal - Edipo
 
Paco Rabal, Don Giovanni
Paco Rabal, Don Giovanni

"Si vas a ser un buen actor, adelante, pero recuerda que no vale la pena ser un actor mediocre porque es la cosa más triste del mundo. Para eso, mejor sigues de electricista".

Con estas palabras bajó Dámaso Alonso de su coche a Francisco Rabal, dejándolo a las puertas de las oficinas de Luís Escobar y Humberto Pérez de la Osa, tras haberle dado una carta de presentación porque aquel joven tozudo no tenía más obsesión que ser actor.

Una dificil elección

Después, cuando ya hubo conseguido publicitar su nombre, y su talento, le costó mucho trabajo decidirse por uno de los dos artes interpretativos. El teatro le gustaba porque se sentía cerca del público y decía notar las sensaciones que despertaba entre el respetable; pero, al igual que muchos actores, no estaba de acuerdo con aquello de  las dos sesiones diarias. Por el contrario, en el cine es nula la relación con el espectador, pero la promoción era mucho más amplia.

Durante un tiempo estuvo solapando las dos actividades, decidiéndose finalmente por el cine aunque nunca se despidió definitivamente de la farándula, terreno en el que es necesario recordar los muchos y grandes éxitos del internacional actor murciano, de Águilas. Mantenía Paco Rabal que entre las bambalinas y sobre los escenarios se aprenden todos los resortes de la interpretación para poder trabajar en otros géneros.

Su paso por los escenarios

Entre sus primeros pasos tal vez habría que rescatar el recuerdo su interpretación, como joven promesa y de la mano de Luís Escobar, en "Las vírgenes de Wimpoole Street", puesta en escena en el Teatro Nacional María Guerrero. Después, con Tamayo, aquel genio del teatro español que llegó a describir a Rabal como "un actor total", paseó por toda la geografía nacional obras como "El coronel Bridau", basada en una novela de Balzac, "La vida es sueño", "El alcázar de las perlas", "Otelo" o "Julio César". Siguieron después obras de la talla de "El mercader de Venecia", "El anticuario", "El águila de dos cabezas", de Cocteau, "La cena del Rey Baltasar", "La muerte de un viajante", de Arthur Miller, "Edipo", un Tenorio que hizo en la temporada 1966-1967, con Concha Velasco y Fernando Guillén entre un extenso reparto, o "Las brujas de Salem".

Después de mucho tiempo volvió a los escenarios, en la década de los setenta, para intervenir en obras tan emblemáticas como "Beckett o el honor de Dios" y "Viejos tiempos", de Harold Pinter.

Casi al final de su trayectoria, después del éxito que le supuso la encarnación del viejo Goya en Burdeos, no supo negarse a interpretar a Don Giovanni en "Il convitato di pietra" (El convidado de piedra), estrenada en el Teatro di San Carlo, de Nápoles, el día 12 de octubre de 1999.


Fuente:

Blaya Mengual, Miguel Ángel

"Paco Rabal, Genio y Figura"

Nausícaa, 2003

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