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José Moñino Redondo, conde de Floridablanca

F. Folch. Retrato alegórico del conde de Floridablanca. Palacio Almudí. Excmo. Ayuntamiento de Murcia

F. Folch. Retrato alegórico del conde de Floridablanca. Palacio Almudí. Excmo. Ayuntamiento de Murcia
Fundación Cajamurcia

 
El Conde de Floridablanca, primer ministro del Rey Carlos IV

El Conde de Floridablanca, primer ministro del Rey Carlos IV

 
Antonio Peñas. Conde de Floridablanca. 1854. Palacio Real Madrid
Antonio Peñas. Conde de Floridablanca. 1854. Palacio Real Madrid
Fundación Cajamurcia

José Moñino Redondo. Murcia, 1728 - Sevilla, 1808

Infancia

     José Moñino Redondo nació un 21 de octubre de 1728 en Murcia. Su padre era un funcionario de la curia eclesiástica, que en 1735 fue nombrado Notario Mayor de Número y Archivista de la Audiencia. Fue allí donde el futuro ministro de Carlos III pasó su infancia.

     Realiza sus primeros estudios en el Seminario de San Fulgencio de Murcia, para después continuar su formación en Orihuela. En 1748, antes de cumplir 20 años, obtiene el título de abogado y la licencia para ejercer en los Consejos y Tribunales de la Corte, comenzando a trabajar muy pronto en la tierra que le vio nacer.

Madurez

     En 1766 fue nombrado Fiscal del Consejo de Castilla. Algunos autores consideran que es posible que en este ascenso influyera el fiscal Pedro Rodríguez Campomanes, supuestamente agradecido por el apoyo que le brindó Floridablanca al publicar la Carta Apologética sobre el Tratado de Amortización, en la que nuestro personaje bajo el seudónimo de Antonio José Dorre había elogiado el libro del propio Campomanes.

     El Consejo de Castilla representaba en el siglo XVIII prácticamente todo el poder del reino: era órgano legislativo, consejo político y administrativo y alto tribunal de justicia civil y criminal. Con 37 años, Moñino alcanza con este cargo un poder inusitado.

     Junto al fiscal Campomanes, tuvo un papel destacado a la hora de afrontar las revueltas acaecidas durante el reinado de Carlos III, que acabaron en la expulsión de los jesuitas, en 1767, promovida por el Conde de Aranda. Medida que representa una plasmación inequívova de las tesis regalistas, muy en boga en aquella época, que establecían la necesidad del reforzamiento del poder regio frente a otros poderes como, por ejemplo, la Iglesia.

Carrera política

     En 1772, el entonces primer ministro de Carlos III, Grimaldi, propone a Moñino como Embajador en Roma, tras la renuncia del anterior, Aizpuru. Tras su nombramiento, inició las negociaciones para suprimir la Compañía de Jesús por parte del papado, consiguiéndolo una año después.

     El Rey quiso entonces recompensar al murciano por su labor, y le concedió el título de Conde, para el que Moñino solicitó el nombre de su finca Floridablanca. También tuvo ocasión de influir, mientras continuaba en la embajada romana, en la elección del nuevo Papa, Pío IV.

     El 19 de febrero de 1777 Moñino ocupó el cargo de Primer Ministro del rey, en el que se mantuvo hasta octubre de 1788, nombramiento que fue ampliamente celebrado en Murcia.

     Entonces comienza un período de éxito profesional avalado por la confianza que siempre tuvo el monarca Carlos III en él, ratificada después por su sucesor, Carlos IV, a pesar de que ya contaba con denodados opositores políticos.

Últimos años

     Este apoyo regio no se mantiene mucho tiempo, y en 1792 Floridablanca es cesado a favor del Conde de Aranda. Más tarde incluso sería detenido y encarcelado, continuando la tradición borbónica de perseguir a los ministros caídos, costumbre sólo abandonada durante el reinado de Carlos III.

     Tras alejarse de la vida política, fueron trece años de su vida los que transcurrieron en su tranquilo retiro murciano, dedicados casi exclusivamente a la oración, en una celda del convento de los franciscanos.

     Un último homenaje al antiguo ministro de Carlos III se le brindaría en el contexto general de la rebelión contra las tropas napoleónicas. En efecto, poco después de constituirse la Junta Suprema Gubernativa de Murcia, Floridablanca sería distinguido como uno de sus miembros, además de representante ante la Junta General en 1808.

     El 30 de diciembre de 1808 murió en Sevilla el que fue presidente de la Junta Suprema Central, el Conde de Floridablanca, uno de los políticos más lúcidos de la España del Antiguo Régimen.

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