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Historia de la Región de Murcia

Carlos II: la devoción popular a La Fuensanta

El rey de España Carlos II

El rey de España Carlos II

 
La mística Sor Úrsula 'Micaela' Morata

La mística Sor Úrsula 'Micaela' Morata

 
Virgen de la Fuensanta

Virgen de la Fuensanta

 
Santuario de la Fuensanta (Murcia)

Santuario de la Fuensanta (Murcia)

 
El clérigo Juan Lozano

El clérigo Juan Lozano

 
Castillo de Los Vélez en Mula

Castillo de Los Vélez en Mula

 

 Santuario de La Fuensanta

  La construcción del templo en honor a La Fuensanta se comenzó en 1694 en homenaje a los milagros de la Virgen en las romerías.

 Sor Úrsula Micaela Morata

  La mística cartagenera Sor Úrsula 'Micaela' Morata ofrecía consuelo espiritual y consejo al Rey Carlos II de España.

            Nuevas villas

  La monarquía hispánica concedió la independencia municipal a Bullas (1689), Alcantarilla (1698) y Fuente Álamo (1700) mediante el privilegio de villazgo.

  VI Marqués de los Vélez

   Fernando Joaquín Fajardo y Álvarez de Toledo fue:
-señor de Mula, Alhama, Librilla, y Los Vélez
-capitán general del reino de Murcia y el marquesado de Villena
-virrey de Cerdeña
-virrey de Nápoles
-pte. del Consejo de Indias
-superintendente Hacienda

Marquesado Torre Pacheco

  La Corona vendió el marquesado de T. Pacheco a Macías Fontes para poder financiar la restauración de la sacristía de la Catedral de Murcia.

     El rey Carlos II era hermanastro de Juan José de Austria, hijo de Felipe IV y Mariana de Austria, y nieto por vía paterna de Felipe III y Margarita de Austria y por vía materna del emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico Fernando III y María Ana de España. El monarca hispánico vivió durante toda su vida con problemas de salud y recibió el apodo de 'El Hechizado', porque se atribuía su deficiente estado físico a la brujería y el demonio. En realidad, Carlos II sufría el síndrome de Klinefelter, basado en una alteración cromosomática, debido a la política de consanguinidad de la dinastía de los Austrias. El rey de España era enfermizo, raquítico y estéril.

  Carlos II encontraba consuelo espiritual a su mal estado de salud en la religiosa Sor Úrsula 'Micaela' Morata, a la que pedía consejo. La mística cartagenera ingresó en el Monasterio de Capuchinas de Murcia en 1644. Su vida estaba dedicada a la oración, al ayuno, la entrega a los más necesitados y las experiencias místicas. Sor Úrsula destacó por la fundación del monasterio de los Triunfos del Santísimo Sacramento de las Clarisas Capuchinas de Alicante, del que fue abadesa hasta su muerte. La diócesis de Orihuela-Alicante ha abierto, desde el año 2006, el proceso de beatificación de Sor Úrsula Micaela por su tradicional fama de santidad.

  Además de Sor Úrsula Morata, el reino de Murcia dio otros destacados clérigos a la Iglesia Católica, como Juan Lozano y Francisco Verdín. El jumillano Juan Lozano (1610-79) fue obispo de Mazara (1656-69), arzobispo de Palermo (1669-77) y obispo de Plasencia (1677-79). Y el cartagenero Francisco Verdín de Molina fue obispo de Guadalajara (1665-74) en México y de Valladolid de Michoacán (actual Morelia, México) entre 1674 y 1675.

     La reina madre, Mariana de Austria, asumió la regencia durante la minoría de edad de Carlos II, entre 1665 y 1675. Mariana de Austria delegó el poder político en una Junta de Gobierno, dirigida por el padre jesuita Juan Everardo Nithard, para salir de la crisis económica. El infante Juan José de Austria derrocó del poder al valido mediante un levantamiento militar. La regente confió las tareas de gobierno en Fernando de Valenzuela, marqués de Villasierra. El valido desarrolló una política económica basada en la subida de impuestos, la venta de privilegios y mercedes y el auge de las obras públicas. Juan José de Austria impulsó la caída de Valenzuela con su detención por prevaricación y enriquecimiento ilícito.

     Tras alcanzar la mayoría de edad en 1675, Carlos II nombró valido a su hermanastro Juan José de Austria. La crisis económica se agravó durante el Gobierno del infante (a causa de las malas cosechas, el hambre y las epidemias como la Peste) hasta su muerte en 1679.

     El Rey designó como nuevo valido al duque de Medinaceli. Juan Francisco de la Cerda llevó a cabo la devaluación de la moneda para luchar contra la crisis. El fracaso de su política económica, con la bancarrota de la Hacienda Real, ocasionó su dimisión en 1685. El conde de Oropesa, Manuel Joaquín Álvarez de Toledo, sustituyó al duque de Medinaceli hasta el final del reinado de Carlos II. El nuevo valido desarrolló un plan de estabilización económica, consistente en el recorte del gasto público y la creación de la Superintendencia de Hacienda.

  El político más destacado del reino de Murcia fue el marqués de Los Vélez, Fernando Joaquín Fajardo y Álvarez de Toledo (1635-93). El marqués era señor de Mula, Alhama y Librilla; alcalde perpetuo de Murcia y Lorca; y capitán general del reino de Murcia. Además, fue virrey de Cerdeña (1673-75); virrey de Nápoles (1675-83); presidente del Consejo de Indias (1687-93); y superintendente de la Hacienda Real. El marqués de los Vélez desarrolló una reforma fiscal, basada en la división de España en 22 cabezas de provincia y en la unificación de los impuestos.

     En el reino de Murcia, la crisis económica también estaba generalizada debido a las epidemias, las plagas y la sequía. Los huertanos invocaron a la Virgen de La Fuensanta el agua necesaria para paliar la sequía, mediante la realización de romerías desde su ermita del monte hasta la ciudad. La primera romería sucedió el 17 de enero de 1694, y se caracterizó por el agua y la nieve caídos del cielo. Los milagros de la Virgen en forma de lluvia provocaron el incesante aumento de la devoción del pueblo murciano hacia su figura.

  Esta religiosidad popular se manifestó con la construcción en su honor del Santuario de La Fuensanta, a partir de 1694, sobre la ermita primitiva de la montaña. La planta del Santuario constaba de tres naves, una central y dos laterales. Las pinturas de la cúpula y de los muros del interior son del artista Pedro Flores. El origen de la devoción a la Virgen de La Fuensanta data del siglo XV. Los murcianos atribuían a la Virgen el milagro del manantial de agua que brotaba de una fuente santa del monte desde la Edad Media. Sin embargo, la Virgen de la Arrixaca continuó como patrona de la ciudad, privilegio adquirido tras la Reconquista del reino de Murcia en 1243.

     La monarquía española reforzó la importancia estratégica del puerto de Cartagena con su conversión, a partir de 1668, en la base de las galeras reales durante el invierno. El ingeniero militar Lorenzo Possi denunció el mal estado de las murallas de la ciudad y reivindicó su reforzamiento, "con el presupuesto necesario", en un informe ante la Corona. El gobernador militar de Cartagena, Carlos Colonné, consiguió del rey Carlos II la inversión de un presupuesto de 30.811 escudos en la mejora del sistema defensivo del puerto, frente a la amenaza de la piratería berberisca, mediante la instalación de artillería en las baterías de Trincabotijas Alta y Baja, la Punta de Poniente y la construcción de un almacén de pólvora en Las Beatas.

     La Corona buscó nuevos ingresos mediante la venta de mercedes o privilegios, como el de villazgo concedido a Bullas (1689) y Fuente Álamo (1700) para la constitución de Ayuntamientos propios. Bullas lograba la independencia de Cehegín, y Fuente Álamo de Murcia, Cartagena y Lorca. Por su parte, Alcantarilla consiguió su liberación del régimen señorial tras la muerte sin descendencia de Jerónimo Sandoval Usodemar. Alcantarilla se convirtió en una villa de realengo en 1698 tras años de pleitos por su propiedad.

  Además, Carlos II otorgó la creación del marquesado de Torre Pacheco (1698) a Macías Fontes, caballero de la Orden de Santiago, a cambio de 60.000 reales de vellón, "atendiendo a los numerosos servicios prestados por tan ilustre familia". La monarquía dedicó el dinero recaudado a la restauración de la sacristía de la Catedral de Murcia, destruida tras un incendio. Fontes ostentaba los cargos de regidor del Concejo de Murcia y miembro del Tribunal de la Inquisición, y su residencia se ubicaba en el palacio de la actual Plaza Fontes de Murcia.

     En política exterior, España reconoció la independencia de Portugal, con la firma del Tratado de Lisboa (1668), y perdió una parte de su Imperio europeo en las guerras contra Francia. En la primera guerra, Francia invadió los Países Bajos, con la excusa del impago de la dote de María Teresa de Austria, esposa de Luis XIV, por parte de la monarquía española. En la Paz de Aquisgrán (1668), España recuperaba el Franco Condado, pero entregaba a Francia algunas plazas de Flandes. En la segunda, Francia invadió las Provincias Unidas, ante la oposición militar de España y el Sacro Imperio. En la Paz de Nimega (1678), España recuperaba Gante y Charleroi en Flandes, a cambio de la pérdida del Franco Condado.

  En la tercera, el ejército francés atacó las regiones de Alsacia y Lorena. Las Provincias Unidas, Suecia y España se aliaron contra Francia. En la Tregua de Ratisbona (1684), España cedía a Francia Luxemburgo. En la cuarta, España, las Provincias Unidas, el Sacro Imperio e Inglaterra formaron la Liga de Augsburgo para frenar la expansión territorial de Francia por el Rhin en la 'Guerra de los Nueve Años'. En la Paz de Rijswik (1697), Francia devolvía a España Cataluña, a cambio de la parte Occidental de la isla caribeña de Santo Domingo, denominada Haití. El final del siglo XVII significó la consolidación del poder hegemónico de Francia en el mundo, en detrimento de España.

     El final del reinado de Carlos II planteaba el problema de la sucesión a la Corona. El Rey carecía de descendencia a pesar de sus dos matrimonios, con María Luisa de Orleáns y Mariana de Neoburgo, debido a su esterilidad. Carlos II nombró heredero al trono al duque de Anjou, Felipe de Borbón, sobrino de la reina María Luisa de Orleáns y nieto de los reyes Luis XIV y María Teresa de Austria, mediante testamento aprobado en el año 1700. La candidatura del archiduque Carlos de Habsburgo, sobrino de la reina de España Mariana de Neoburgo, convertiría la sucesión de Carlos II en un conflicto internacional.  

  Antonio Gómez-Guillamón Buendía

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